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Ingravidez

Barcelona, 05/11/2011. Auditori de Barcelona. Sala 1 Pau Casals. Frauke Oesmann, flauta. Magdalena Barrera, arpa. Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña. Pablo González, director. Edgar Varèse, Integrales, Wolfgang Amadeus Mozart: Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do Mayor, K.299 y Sinfonía nº 41, K. 551 “Júpiter”. Luciano Berio, Sequenza I para flauta, Xavier Montsalvatge, Variaciones sobre un tema anónimo para arpa. Quinto concierto de la temporada de abono. Aforo 2200. Asistencia: 85%
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Las críticas infundadas y sin criterio, vengan de donde vengan, no se suelen comprender ante la evidencia de presenciar un trabajo de buena calidad. Quizás servidor lleve alpargatas por oídos, que todo puede ser, o quizás haya demasiada inquina, por vayan a saber ustedes las razones. En cualquier caso, lo que ocurrió en el pasado quinto concierto de temporada de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya bajo la dirección de su titular, Pablo González, fue una muestra más de profesionalidad, y no solo, lectura musical, sino musicalidad de muy buen gusto.

El concierto dio inicio con la compleja Integrales, para instrumentos de viento y percusión del compositor francés nacionalizado norteamericano, Edgar Varèse. Compuesta en 1924, y estrenada por Stokowski un año después, la obra muestra un contrapunto de masas sonoras que colisionan entre sí, partiendo del desarrollo inicial de una célula de tres notas escrita para el clarinete, que va rotando después a otros instrumentos. Pablo González, al frente de un ensemble formado por miembros de su orquesta ofreció una lectura de claridad diáfana y de fuerte sentido rítmico, plena de marcados ataques coloreados y planos de clara espacialidad diferenciada, ofreciendo así un paisaje sonoro de primera y por consiguiente, una dignísima interpretación de esta obra.

Tras esa gran introducción, el concierto contó con la participación de dos solistas, profesoras de la propia OBC, que por separado y de manera individual, ofrecieron interpretaciones de la Sequenza I de Luciano Berio en primer lugar, y a cargo de Frauke Oesmann, cuya excelente interpretación proyectó un sólido discurso en el que primó el calado tímbrico y colorista de la obra, una de las obras más complejas escritas para flauta sola. Por otro lado, Magdalena Barrera, se encargó de defender no con menor soltura que su compañera, las Variaciones sobre un tema anónimo para arpa, compuestas por Xavier Montsalvatge, conjugando sensibilidad ante la construcción ecléctica de la obra, empática claridad en las secciones más líricas, y un acentuado sentido del ritmo en las secciones más animadas.

Pero el concierto no concluyó con estas obras. Los platos fuertes se sirvieron en las dos partes. En la primera, las solistas indicadas previamente defendieron el Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do Mayor, K.299 de Wolfgang Amadeus Mozart. Dividida en tres tiempos, la obra fue escrita en 1778 bajo el encargo del Duque de Guînes, para ser interpretado por él mismo a la flauta, y por su hija arpista. Pues bien, la interpretación estuvo llena de luces, no solo por detalles como la reducción considerable de la orquesta y su disposición buscando tímbricas contrastadas, sino por la compenetración entre solistas, orquesta y director, en aras de una versión transparente, pulcra, de sonido higiénico y lleno de lirismo. Solo en esas condiciones se consigue hacer magia, consiguiendo una plácida sensación de ingravidez como sucedió en los ritardandi finales de la coda del Andantino central.

En la segunda parte, Pablo González firmó una versión contrastada de la sinfonía Júpiter en la bajo una perspectiva que miraba más a Beethoven que al mismo Mozart de tradición galante. Compuesta en 1788, y desarrollada en cuatro movimientos, la sinfonía Nº 41 se desarrolló haciendo patente la elección de tempi rápidos, y una lectura no exenta de chispa e ingenio, bajo un motor rítmico dominado por claridad en los ataques, y sobre todo, unos timbales secos y contundentes. Solo quizás cabría reprochar algo más de fraseo, pero en cualquier caso perdonable por el ímpetu de una interpretación realmente arrolladora, juvenil y sinérgica.

En resumen, un concierto realmente sensacional con música interpretada de manera directa, fresca y sin ambages, haciendo lucir a los solistas de la orquesta y ofreciendo un gran trabajo. La guía del concierto en forma de notas al programa firmadas por Lluis Nacenta, fueron igualmente interesantes a la par que estimulantes para el programa.



Este artículo fue publicado el 18/04/2012

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