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... y el amigo Pavarotti se puso a tiro

Santiago de Compostela, 29/06/2004. Plaza del Obradoiro. Luciano Pavarotti, tenor. Carmela Remigio, soprano. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Leone Magiera, director. Francesco Paolo Tosti: 'La serenata', 'Non l'amo piè', 'Malia' e 'Il pescatore canta'. Vinzenzo Bellini: 'Vaga luna che inargenti', 'Dolente immagine di fille mia' y 'Malenconie, ninfa gentile'. Pietro Mascagni: Intermezzo de 'Cavalleria rusticana'y 'L'amico Fritz': Intermezzo y Suzel, buon di. . Giacomo Puccini: 'La Bohème': Che gelida manina, si, mi chiamano Mini, y O soave fanciulla; 'Tosca'; Recondita armonia, Vissi d'arte, y E lucevan le stelle. Ferencz Lehár: 'Die lustige Witwe': Canción de Vilja, y 'Das Land des Lächelns': Dein ist mein ganzes Herz. Eldo di Lazzaro: 'Chitarra romana'. Cesare Andrea Bixio: 'La mia canzone al vento'. Ruggiero Leoncavallo: 'Mattinata'. Patrocinador: Correos. VI Festival Internacional de Música de Galicia. Aforo: 5.700 localidades. Asistencia: 100 %
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Sin discusión posible, fue la noche de Jesús Pérez Varela, Conselleiro de Cultura de la Xunta de Galicia, que hace meses anunció la actuación de Pavarotti en Santiago con un estilo tan personal que sus palabras fueron reproducidas por todos los medios nacionales de prensa escrita y radiofónica. Los lectores pueden escucharlas pinchando en el enlace que ofrecemos más abajo. Pérez Varela cumplió su palabra, se defendió como un gato panza arriba de los ataques de la revista Cavatina y de Patrick Alfaya, gerente de la OSG,  logró salir en titulares de la prensa nacional y consiguió vender casi cinco mil quinientas entradas para Pavarotti.

Dos horas antes se comenzó a formar una larga cola ante la única puerta de acceso del público y la Plaza del Obradoiro se llenó con fluidez. Por el otro extremo de la plaza, por una calle alfombrada, llegó el presidente de la Xunta seguido de un impresionante séquito: la totalidad de los conselleiros y presidentes de los entes institucionales, altos cargos del gobierno gallego, delegados provinciales de cultura, etc. Los hombres de traje oscuro y las mujeres con vestido de coctel. Sólo faltó don Jaime de Marichalar, que estaba en Santiago pero prefiríó quedarse en el hotel. Al día siguiente, el concierto ocupaba la primera plana de todos los diarios gallegos, de varios diarios nacionales, fue comentada por todas las grandes cadenas de radio y el Informnativo de mediodía de TVE 1 le dedicó el espacio de cierre. Pérez Varela había obtenido uno de los mayores éxitos de su carrera política.

Luciano Pavarotti comenzó su recital cantando canciones acompañado al piano por Leone Magiera, alternando con Carmela Remigio,  luego Magiera dirigió a la Orquesta Sinfónica de Bilbao en el 'Intermezzo' de Cavalleria rusticana. Después Pavarotti y Remigio cantaron Puccini. La Bohéme y, tras el descanso, Tosca. Nuevo intermedio orquestal, Suzel, uon di por Pavarotti, dos arias de Lehár -una de tenor- por Remigio, Pavarotti canta tres canciones y terminó el programa. Luego, Granada, O sole mio por Pavarotti y el brindis de La Traviata por Pavarotti, Remigio y coro del público asistente dirigido por el maestro Pavarotti.

Pavarotti salió a escena caminando con dificultad, se recostó en la curva del piano y adoptó una postura antiálgica, retrocediendo el brazo derecho para agarrarse al piano y bajando el cuello. En esa posición es imposible cantar, aunque las condiciones vocales sean óptimas. Las de Luciano Pavarotti no lo son, su voz ni siquiera conserva rastro del que fue uno de los timbres tenoriles más hermosos y nobles de la historia. Su versión de  Malia, que parecía cantada por un gondolero veneciano, fue el momento más triste del concierto, acompañado por un Magiera incapaz de transportar a un tono bajo tras el primer gallo, provocando que la última nota se convirtiese en un estertor.

Pero incluso en tan lamentable estado vocal, Pavarotti demostró porqué fue el mejor 'Rodolfo' de la historia. Su emocionante manera de decir 'Che gelida manina' nos hizo comprender que, una vez más, se ligase a 'Mimi'. Luego, en el dúo 'O soave fanciulla', consiguió el milagro de que Carmela Remigio se creyese lo que cantaba y que, además, lo hiciese bien, sin atender a que la orquesta iba totalmente perdida sin que los braceos y gestos faciales de Magiera controlasen el caos. En 'Recondita armonia', Pavartti sucumbió ante la incapacidad vocal lo que no fue el caso de 'E lucevam le stelle', cuya gradación afectiva fue sabiamente administrada. Fue el último esfuerzo, a partir de ahí comenzó la cuesta abajo hasta una crispada  'Mattinata'. Las canciones mexicana y napolitana, feas y fuera de estilo, y el brindis, toda una muestra de saber estar en escena.

Carmela Remigio hizo lo que pudo, que no es gran cosa. Escuchando a esta joven estrella pensé que quizá he sido excesivamente exigente en críticas recientes con sopranos como Mariola Cantarero que dan sopas con hondas a Remigio por técnica, talento y gracia. Remigio es sosa, hierática, no se relaja bien, tiende a entubar una voz sin personalidad, no abre la boca, no controla la máscara y no proyecta bien. Lo hace todo igual de aburrido excepto las arias de Lehár que además de no estar escriitas para su voz, canta con especial mal gusto.

Leone Magiera es un regular pianista acompañante y un pésimo director de orquesta. Su concepto es irracional y su gesto confuso, no comunica con los músicos y éstos se pierden cada dos por tres sin que Magiera sepa solventar la situación. Fue una pésima noche para la Orquesta Sinfónica de Bilbao que no fue capaz de exhibir un nivel de competencia profesional. No toda la culpa fue del director y de los músicos, es imposible que un arpa suene afinada después de haber estado treinta minutos expuesta a las ingratas condiciones climáticas de la Plaza del Obradoiro. Por eso no se puede juzgar a los pobres metales de la OSB por el cataclismo que les sucedió en los regalos. Para completar el desastre, los micrófonos estaban mal situados y el sonido mal ecualizado.

Comentario aparte merece la escena. Un palco oscuro y triste, mal iluminado, que lucía unos retretes adosados a ambos lados. Durante todo el recital, luces azules -color institucional de Galicia- excepto en Granada que fue iluminada con luces rojo y gualda. Á la entrada, los agentes de seguridad retiraban los tapones de los botellines de agua mineral, pero los bares del recinto servían bebidas alcohólicas para consumir durante la actuación. También se permitía fumar, incluso puros, al menos se les permitía a los altos cargos que se sentaban en los quinientos asientos de protocolo, quienes contribuyeron con sus bravos, aplausos e histrionismo al éxito de la noche. 



Este artículo fue publicado el 06/09/2007

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Este artículo se publicó por primera vez el 01.07.2004

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