Madrid

Mundoclasico.com » Criticas » Madrid

No cabe duda que Schönberg era uno de los grandes

Madrid, 18/04/2012. Auditorio Sony de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Sinfonietta de la ESM Reina Sofía. Peter Rundel, director. Arnold Schönberg, 1ª Sinfonía de cámara, Op.9. Luis de Pablo, En Memoria de... *. John Adams, Sinfonía de cámara. Asistencia, 90 % del aforo. Concierto celebrado con el mecenazgo de la Fundación BBVA.
imagen

Por segunda vez en su existencia se presentó la “Sinfonietta”, una orquesta de cámara formada esta vez por 24 integrantes – 6 cuerdas, 10 maderas, 4 metales, 2 percusionistas, 1 teclado y celesta, y 1 Arpa. De estos 24 músicos, 21 son alumnos de la Escuela, y 3 invitados (1 de la Brass Academy y 2 de SPG Estudio de Percusión). De entre estos 24 músicos, tan solo unos 15 – según la orquestación – actuaron juntos en cada una de las tres obras.

Para empezar, tomaron asiento en frente del escenario el director invitado Peter Rundel y Álvaro Guibert, exponiendo éste último al público presente que deseaba aprovechar la ocasión para conocer más sobre las obras, de los labios del maestro alemán, especialista en música contemporánea. Las preguntas que le formuló Guibert fueron en inglés, Rundel contestó en el mismo idioma, respuestas  que fueron luego brevemente traducido por Guibert al castellano. Incorporaré algunos de los detalles aprendidos en mi reseña del concierto. Lo que deseo adelantar ya ahora es, preguntado por la calidad de la orquesta, Rundel expresó su admiración por la calidad, ductilidad, y dedicación de los jóvenes integrantes, expresando que él mismo quedó gratamente sorprendido por los resultados sonoros obtenidos. “Sólo una excelente escuela puede producir semejantes resultados”, dijo. Casi media hora de charla hizo que la música empezaba a sonar a las 8 de la tarde.

La primera obra, la Sinfonía de cámara Op. 9 de Schönberg, aún no tiene nada de dodecafónica – data de 1906 y prevé la intervención de 15 músicos. Dura unos 23 minutos y es totalmente tonal. En esa época post-romántica – suenan aún los nombres de Wagner y sobre todo los de Mahler y de Richard Strauss – no debe sorprendernos, pues, que escuchemos giros armónicos típicos de estos tres compositores. Donde las cosas cambian, de manera drástica, es en la conversión de lo sinfónico en camarístico. Esto es, en síntesis, lo que Schönberg buscaba: Hacer la música más íntima, más personal, más humana. Y en ello tuvo pleno éxito, iniciando una nueva época que cundió y afectó gran parte de la música compuesta en la 1ª mitad del siglo XX. Si bien no hay pausas entre movimientos, se podía distinguir bien tres secciones, una primera más bien tranquila – con un solo del 1º violín que sonó muy bien – y algún clímax, para pasar a un “lento” de mucha calma, que nuevamente iba creciendo en intensidad y rapidez - unos solos de viola sonaron igualmente de manera impresionante – para acabar, finalmente, en forma brillante para terminar. Todo esto, con 15 instrumentos: ¡Notable! No cabe duda que Schönberg era uno de los grandes – ahí queda plenamente demostrado. La obra gustó a los asistentes, y hubo cálidos aplausos para director e intérpretes.

Los músicos abandonaron el escenario para permitir cambiar los atriles según exigía la próxima obra, y para la colocación de las particelas. Tras unos minutos, pues, entró el elenco a cargo de la obra de Luis de Pablo En memoria de…* a cargo de 6 cuerdas, vientos madera y metal, arpa y percusión, éstos últimos también  a cargo de instrumentos de teclado, otra vez 15 músicos en total.

La obra de Luis de Pablo -  de una duración de aproximadamente 20 minutos – tiene tres partes: “Las voces” – “La muerte” - “Después”. Es, como el título indica, una obra seria, y en general la música que escuchamos refleja este clima con efectos sonoros muy atractivos y líneas melódicas sencillas pero impregnadas de sentimiento y ternura. La primera parte es seria, la segunda tranquila, y la tercera – con un pasaje a cargo de dos flautas – sonó muy, muy bien, lo mismo que una intervención del corno inglés. Esta música logró atraer la atención del oyente, envolviéndolo en esta triste historia de despedida. A mí personalmente, la obra me pareció plenamente lograda, otra victoria para la Escuela Reina Sofía que la encargó dentro de su proyecto: “Música para una escuela”.  El autor estuvo presente en la Sala, sentado en las primeras filas,  y agradeció los aplausos del público.

Nuevo cambio en el escenario para preparar la ejecución de la Sinfonía de Cámara del compositor americano John Adams (nacido en 1944). También intervienen sólo 15 músicos – 4 cuerdas, 6 maderas, 3 metales y percusión/teclados- los mismos que en la 1ª sinfonía de cámara de Schönberg. La duración fue de aproximadamente 22 minutos.

El autor llamó a sus 3 movimientos “Mongrel airs” – “Aria with walking bass” – “Roadrunner”, lo que podría traducirse como “Aires de bastardo”, “Aria con un bajo caminante” y “Corredor de calle”. La obra data de 1992, y desde el primer momento uno se da cuenta que se trata de música americana, impregnada por ritmos sincopados, frases breves muy sencillas, en fin – todos los ingredientes para que la audición sea facilona. Que esto le gusta a parte del público de hoy es consecuencia de la proliferación de la música popular. Yo, personalmente, pido un poco más: algo de emoción, algo de ternura. De eso no había nada de nada.  No niego que haya secuencias logradas, pero el fin es precisamente ese: lograr efectos, en vez de crear algo desde el interior del alma, para satisfacer una necesidad expresiva. Por ejemplo, durante el “Aria con un bajo caminante”, el contrabajo toca dos notas seguidas en ritmo de marcha, una especie de ruido de fondo, sin mayor variación durante largos ratos del movimiento.

Confieso que eso me aburrió, pero me doy cuenta que esto le gusta a una parte del público – se dejan hipnotizar por esa monotonía. En resumidas cuentas, lo obra está lograda dentro de esos límites “materiales” y pasa como una diversión más. Muy poco y nada tiene que ver con la obra de Schönberg, que Adams pretendió tomar como modelo, pero – como él mismo admitía – le interfería su hijo viendo dibujos animados en la TV en el cuarto contiguo. Eso sí, la interpretación de esta música no es nada fácil y el resultado fue óptimo. En el último movimiento hay un extenso solo del 1º violín, muy virtuosístico, ejecutado  con enorme aplomo por Albert Skuratov.

El público aplaudió con ganas, premiando la labor de los jóvenes músicos y del director, muy avezado en estas lides. En resumen: un éxito, considerando lo delicado y difícil del repertorio abarcado. Hace falta mucho coraje para emprender semejante empresa, y los participantes salieron más que airosos del empeño. ¡Bravi!



Este artículo fue publicado el 23/04/2012

Compartir


Bookmark and Share

Referencias:


Peter Rundel