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Sin patriotismos

Las Palmas de Gran Canaria, 16/01/2006. XXII Festival de Música de Canarias. Auditorio Alfredo Kraus. Beethoven: An die ferne Geliebte. Schubert: Prometheus D 674; Ganymed D 544; An Schwager Kronos D 369; Der König in Thule D 367; Erlkönig D 328. Schumann: Dichterliebe Op.48. Bo Skovhus, barítono. Warren Jones, piano.
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La mitad de los abonados del Festival de Música de Canarias renunció a este gran recital. A saber la excusa que tendrían.
 
Cierto es que no había Mozart ni Shostacovich, y que el barítono Bo Skohus y el pianista Warren Jones eligieron un repertorio puramente alemán que remataron con una propina de más alemán todavía. Nótese en este punto que o Skohus y Jones no tienen padre compositor, o que éstos no se encontraban entre el público. Sea por lo uno o por lo otro, ambos se libraron de tener que cantar alguna movida de papá
 
A lo que vamos. Ni Skohus es Haitink ni Warren es la London, pero ambos "son persona", y en su especialidad cantan y tocan divinamente, aunque en este caso tuvieron que hacerlo ante un teatro medio vacío, con la grima que da eso.

Más grima da esa moda de poner las luces a todo gas para que el personal pueda seguir la letra de los lieder en los libritos de mano, que más que un concierto parece un sarao de la Feria de Abril.

Lo cierto es que comenzó el recital  con el ciclo An die ferne Geliebte, de Beethoven. Piezas exquisitas a las que Skohus despojó con acierto de cualquier concepción romántica ofreciendo un canto limpio, casi frío, como corresponde a un Beethoven cuyos dos pies seguía anclados en pleno clasicismo.

Con la voz ya en forma, el barítono demostró en los cinco lieder de Schubert las dotes interpretativas que posee y por las que tanto se le alaba en los escenarios internacionales. Desde el Prometheus (D. 674) hasta Erlkönig (D. 328), el cantante puso de relieve que la capacidad escénica y la musicalidad son imprescindibles en este tipo de repertorio tan alejado del popular belcantismo que sí llena auditorios.

Skohus, sin poseer una gran voz, cuenta en cambio con un instrumento de bello color y un gran dominio de los matices lo cual utilizó en la segunda parte, en las 16 canciones que conforman Dichterliebe, y que a una, que es de aquella manera, le permite reconciliarse con el desabrido Schumann.

El acertado acompañamiento de Jones, pianista talentoso de gran musicalidad y exquisita técnica, merece mención especial. Resultó imprescindible para que el recital tuviera la excelente calidad que alcanzó. Ustedes se lo perdieron.



Este artículo fue publicado el 20/01/2006

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