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Elektra se venga de América

Frankfurt am Main, 20/10/2004. Oper Frankfurt. Elektra, ópera en un acto de Richard Strauss sobre libreto de Hugo von Hofmannsthal. Dirección de escena: Falk Richter. Decorados: Alex Harb. Vestuario: Martin Kraemer. Dramaturgia: H. Mautner y B. Stegemann. Iluminación: Olaf Winter. Elenco: Susan Bullock (Elektra); Anne-Marie Backlund (Krisostemis); Peteris Eglitis (Orestes); Jandraka Petrovic (La confidente de Elektra); Ingrid Tobiasson (Klitemnestra); Hans-Jürgen Lazar (Egisto); Gérard Lavalle (Padre adoptivo de Orestes); Birgit Treschau (Dama de la corte); Peter Marsh (Joven paje); Walter Jäkel (Viejo paje); Taina Piira (La vigilante); Ewa Marciniec, Mora Stettner, Anna Halamian, Anna Ryberg y Barbara Zechmeister (Doncellas 1, 2, 3, 4 y 5); E. Pruß, M. Tomczuk, Y. Hettegger, G. Boote, C. Grunwald y K. Thoma (sirvientas). Coro del Teatro de Opera de Frankfurt (Maestro de Coro: Alessandro Zuppardo ) y Frankfurter Museumsorchester. Dirección musical: Paolo Carignani. Comienzo de la temporada 2004/2005 en la Opera de Frankfurt
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La apertura de la temporada 2004/2005 en el teatro de ópera estable de la ciudad de Frankfurt del Meno tuvo lugar ya en septiembre, el día 3, con la reposición de un Nabucco en la versión de escena de Bettina Giene, pero el verdadero comienzo de temporada tuvo lugar el pasado 2 de Octubre con la premiere de Elektra con la regie de Falk Richter.

El muy esperado debut de F. Richter en Frankfurt ha sido un verdadero coup de feu. F. Richter ha buscado en la actualidad política y en la guerra contra el terrorismo una correlato a la acción dramática del drama escrito por Hofmannsthal. En mi opinión, este acercamiento es del todo válido y legítimo porque consigue traducir el drama de Hofmannstahl en toda su brutalidad y ciego impulso aniquilador al panorama actual. El que la acción se haya trasladado a una prisión-bastión militar al final de una guerra no es accidental. Elektra se mueve entre dos espacios, el uno lo componen las murallas externas de la fortaleza (proscenio), un espacio neutral podríamos decir, en donde se desarrollan los conflictos y encuentros de los personajes. El otro espacio lo compone el interior de la prisión (que ocupa la mitad y fondo de la esena) en donde se encuentran los prisioneros de guerra y en donde acontecen los crímenes y muertes. Los prisioneros de guerra en su primera aparición están encapuchados y vestidos en ominoso uniforme de color naranja. La asociación directa con los escenarios actuales del horror como son Abugreib y Guantánamo Bay hace resurgir el conflicto dialéctico subyacente en la obra centrado en este caso en el desolador conflicto entre la muerte y el poder, la culpa y la vengaza. El espacio mental en donde se libra la batalla sería la conciencia colectiva de nuestra civilización, a sabiendas de que no hemos convertidos en culpables de la muerte de miles de civiles en nuestra cruzada contra el terrorismo global.

Sólo una persona sabe de la culpa cometida por los poderosos y ésta es 'Elektra', que espera la venida de su sangrienta venganza. En su primer encuentro, en esa especie de diálogo-melodrama, 'Elektra' trata a su madre con la frialdad e indeferencia propias hacia personas que se desprecian. 'Clitemnestra' ante su hija se encuentra en un estado de miedo y tensión. En el desenlace final, cuando a 'Clitemnestra' le es comunicada la captura de 'Orestes', leemos en los subtítulos, que esporádicamente reproducen extractos de la prosa de Hofmannsthal: "We got him".

Durante toda la jornada, literalmente, no deja de correr la sangre. Debajo del enrejado de metal que forma el suelo de la escena fluye continuamente la sangre (¿no es acaso esta la sangre de todos las víctimas de Afganistán e Irak?). La lucha contra el terror reclama su Holocausto. Otro gran momento de esta puesta en escena, y de la obra, lo constituye el diálogo entre 'Elektra' y 'Orestes', este viste como militante musulmán (otra refrencia más). 'Elektra' finalmente, al ver revelada la identidad del extranjero, irrumpe en un ataque compulsivo de llanto desconsolador entremezclado por la propia conmiseracion con su persona y el júbilo por ver recuperado al amado hermano.

El final no deja esperar piedad en una obra que de por sí posee como cualidad una fuerza motriz arrasadora. El momento de la terrible venganza ha llegado y 'Orestes' junto con sus aliados se apresuran a asesinar a 'Egisto', a su madre y con ella a su corte entera. El escenario de la escena final esta cubierto de sacos de plástico que contienen los cadáveres de las víctimas, dos cuerpos brutalmente mutilados cuelgan en ganchos sobre la escena. 'Elektra', sumergida en el éxtasis de la hecatombe, se derrumba exhausta.

La Frankfurter Museumsorchester hizo una vez más alarde de su virtuoso talento musical en una de las obras de la literatura operística de mayor dificultad. Técnicamente hablando, se trata de una de las obras más complejas que Strauss escribió para la orquesta. La Frankfurter Museumsorchester se encuentra a lo largo del dilatado acto muy a gusto en los tormentosos mares armónicos. La musicalidad es de gran viveza y no se advierte el mínimo de rutina. La dirección estuvo a cargo del director general titular P. Carignani, un joven director italiano para quien el pulso dramático no empieza con el primer acorde sino que más bien la tensión progresa a manera de arco a medida que avanzamos en la partitura. La gran capacidad de Carignani se manifiesta en la faciliad con la que mueve las masas orquestales sin que unos grupos instrumentales recubran a otros, también en el sabio dinamismo musical aplicado y en que las voces de los cantantes permanezcan en todo momento audibles.

El reparto de la producción estuvo a cargo de una espeluznante S. Bullock en el papel de 'Elektra’. Su 'Elektra’ mostró una concentración y entrega permanentes mostrando solidez y potencia vocal en todo momento. La dicción de esta cantante inglesa fue intachable. La 'Clitemnestra’ de I. Tobiasson destacó por una inmejorable presencia escénica realzada gracias a la labor M. Kraemer en el vestuario, dejando una profunda impresión tanto en su exposición vocal como dramática. El contrapunto de la figura central de la obra vino de mano de A-M. Backlund como 'Krisostemis', que en todo momento estuvo a la altura de su furiosa hermana. No quiero concluir sin dejar de mencionar la buena exposión de P. Eglitis en su papel de 'Orestes' con una voz barítonal de magnífíco timbre y llena de cuerpo y a H-J. Lazar como 'Egisto', en un papel muy corto pero muy bien desempeñado.

Es una verdadera fortuna el poder apreciar un trabajo teatral tan bien ensayado en todos sus detalles como el que nos ha presentado la opera de Frankfurt en esta versión, una cualidad que sin duda hoy en día se hecha en falta en la mayoría de los renombrados teatros internacionales de ópera.

En suma, un éxito fulminante el del comienzo de temporada.



Este artículo fue publicado el 04/11/2004

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