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Con remedio y sin remedio

Valladolid, 16/01/2009. Auditorio de Valladolid. Barbara Bonney, soprano. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Director: Vasili Petrenko. Richard Strauss: ‘Die heil´gen drei Könige aus Morgenland’, op. 56 n.º 6; ‘Das Rosenband’, op. 36 n.º 1; ‘Ruhe, meine Seele’, op. 27 n.º 1. ‘Cäcilie’, op. 27 n.º 2; ‘Morgen!’, op. 27 n.º 4. Gustav Mahler: Sinfonía nº 7. Ocupación: 85% de 1700
imagen Hasta el comienzo de la ‘Nachtmusik I’ (segundo movimiento) de la Sinfonía nº 7 de Gustav Mahler parecía que la noche no iba a mostrar ningún encanto, ya que la primera parte del concierto fue como para olvidar, como más abajo se describirá brevemente, y el primer movimiento de esta Séptima mostró las carencias que la OSCYL puede llegar a presentar en un repertorio como éste. Habría que plantearse seriamente y sin dilación qué hacer con unos primeros violines de presencia exigua, sin cuerpo, que desaparecen a las primeras de cambio cuando suenan dos maderas. Esto es algo que tiene remedio, o al menos posibilidad de mejora. Y no estoy discutiendo la calidad individual de los músicos, que seguramente será alta, sino su resultado como conjunto.

Todo el primer movimiento, con lo anterior, resultó desequilibrado, confuso, lleno de salidas de tono y con un perpetuo ‘run-run’ en el ambiente que nace de la falta de coordinación entre las cuerdas y esa escasa presencia que provoca continuamente que el hilo informativo se pierda. Petrenko debió estar más comedido en los efectos y domar ese expresionismo radical (bastante expresionistas sonaban ya otras cosas) en aras de mayor claridad, aunque hubiera tenido que sacrificar en cierta medida su concepto, por otra parte plausible siempre que las condiciones hubieran sido distintas.

Dicho lo anterior, también hay que reconocer, como se ha apuntado al principio, que las cosas se arreglaron a partir del segundo movimiento: aquí todo se serenó, lo que no es poco, y tanto profesores como director empezaron a mostrarse seguros y hasta inspirados (mención de honor para el primer trompa). Vasili Petrenko siempre tiene buenas ideas, da mucha variedad a la música con buen gusto y muestra un fraseo muy característico, acentuando en ocasiones de forma inesperada pero muy natural. Como ya hemos mencionado otras veces, lo que el director hace siempre se percibe, es vistoso, expresivo, cálido. Las gradaciones dinámicas están perfectamente calculadas, y el collage de esta sinfonía muy bien cosido, con transiciones trabajadas que dan calidad al discurso. En este sentido, destacó un cuarto movimiento soberbio, perfecto, lo mejor de la ‘Canción de la la noche’, que seguramente firmaría cualquier director mahleriano mítico, y un rondó final con todo ya perfectamente colocado, a velocidad superior de la que suele ser habitual. La planificación de esta última parte fue prodigiosa, la claridad ganó enteros respecto al comienzo y, pese a varios desajustes entre las distintas familias de la orquesta, todos supieron transmitir un ordenado pero arrollador entusiasmo y dar con el punto justo en los ingredientes del cóctel, lo que como es normal despertó el entusiasmo de un público totalmente entregado a la causa mahleriana.

Poco comentario merece la interpretación vocal de la primera parte. Simplemente no nos explicamos cómo la soprano Barbara Bonney se atreve a cantar algo tan lejano a sus posibilidades actuales. A sus defectos de siempre, esencialmente una mala colocación del sonido que le hace pagar un altísimo precio en la zona media-grave y aguda, se une un estado de sus facultades vocales cercano a lo comatoso, con una capacidad de fiato audiblemente restringida. Con todo ello, si nunca ha sido una artista que destaque por su elegancia o expresividad, ahora tiene que ir haciendo encaje de bolillos para dar esas cuatro notas útiles que conserva, así que podemos ir olvidándonos de cualquier atisbo de fraseo. Pasó renqueante por ‘Die Heil´gen drei Könige aus Morgenland’, disfrazó de medias voces la insuficiencia en ‘Ruhe, meine Seele’, su ‘Cäcilie’ estuvo a punto de perecer de puro apuñalamiento consonántico (las vocales habían huido) y en su ‘Morgen’... en fin, supongo que todos deseábamos que la estadounidense atacara presta la preciosa parte del "Stumm...". Nada consiguieron las buenas maneras en el acompañamiento de orquesta y director, que trataron de cuidar a la cantante. Que no se molesten: a estas alturas de carrera hay cosas que no tienen remedio.

Este artículo fue publicado el 23/01/2009

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