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El triunfo de la sencillez

Cuenca, 08/04/2012. Catedral. Pascal Marsault, harmonium. Escolanía Ciudad de Cuenca. Charles Barbier, dirección. Caroline Marçot, Ave Maria. Leo Delibes, Messe Brève, Himno "Veni creator spiritus" y Secuencia "Victimae paschali laudes". Llibre vermell de Monserrat, Laudemus Virginem, Splendes ceptígera, Regantem sempiternam. César Frank, L'Organiste, Ofertorio en do mayor. Gabriel Fauré, Messe breve. 51 Semana de Música Religiosa de Cuenca, concierto nº 16. Asistencia, 100 % del aforo
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La 51 Semana de Música Religiosa de Cuenca puso el punto y final a su edición de 2012 con una variación en su programa. Y, sin duda, acertó en ello. Así, su último concierto tuvo como protagonista a una agrupación emergente que ha mostrado, en los últimos tiempos, un muy buen nivel y una amplia capacidad de crecimiento y proyección: la Escolanía Ciudad de Cuenca.

Cierto es que el festival conquense, máxime si atendemos a una respuesta de público que, salvando las citas con las obras más conocidas y algunos recitales de corte camerístico, podemos considerar como media-baja, debe apostar en mayor medida por los proyectos didácticos. Ojalá en años posteriores pueda haber una oferta clara y diferenciada dirigida a niños, adolescentes, estudiantes de música y a un público familiar en general ya que, tal vez, por ellos pase una buena parte del futuro de este festival, y el de muchos otros.

En este caso, la Escolanía Ciudad de Cuenca protagonizó un evento muy subrayado en varios sentidos. Sin duda, Charles Barbier, director de la agrupación en esta cita, realizó un muy buen trabajo con este grupo de niños que, habitualmente, son dirigidos por el cantante y director conquense Carlos Lozano. Fundada hace apenas unos años, en su corto recorrido ya han realizado producciones de mérito. Entre ellas, destaca la interpretación del Stabat Mater de Pergolesi en 2011 y la representación de la ópera El pequeño deshollinador de Benjamin Britten en versión al castellano en 2011 y 2012. Este último montaje, de producción propia, fue conducido por Carlos Checa y tuvo un notable eco y repercusión de crítica y público a nivel local y regional.

Con respecto al cantante y director francés, podemos catalogar como notable su paso por la Semana de Música Religiosa, ya que el coro que dirige junto a Caroline Marçot, L’Echelle, protagonizó varios conciertos en el festival, muchos de ellos de notoria calidad. Charles Barbier también actuó como profesor en el exitoso curso de canto gregoriano que llevó a la par en las mañanas del Lunes, Martes y Miércoles Santo junto con Juan Carlos Asensio y que fue dirigido a niños y adultos aficionados al canto llano (ambos destacaron por su cariz didáctico y su capacidad de transmisión). Quizá por esta gran actividad, a la que hay que sumar una sorprendente y muy interesante visita acústica a la Catedral de Cuenca y lógicamente, su voz se resintió en algunos momentos, aunque, como apuntamos, su aportación fue muy positiva.

Centrándonos en el recital que nos ocupa, el programa propuesto recorría un amplio espectro de etapas históricas, desde una secuencia y un himno medieval que se alternó con el harmonium (quizá innecesario en ese instante), varias piezas extraídas del Llibre Vermell de Montserrat, un puñado de obras sacras de compositores franceses del s. XIX (Delibes, Franck, Fauré) y una composición contemporánea de Caroline Marçot. En su puesta en práctica, la Escolanía Ciudad de Cuenca logró adaptarse y brillar en la interpretación de estas partituras, y destacó en calidad vocal, aptitud, limpieza de emisión y adecuación estética.

Podemos resaltar algunos instantes en concreto: el primero de ellos se realizó fuera de programa, ya que los niños recibieron al público distribuidos de forma individual por todo el templo. De esta forma, interpretaban breves motivos de las composiciones que después se escucharían que, al entremezclarse, lograron dibujar una atmósfera previa de concentración, belleza e interés mantenida durante todo el recital. Después, podemos mencionar la puesta en práctica de la siempre mágica Messe Brève de Delibes o el Kyrie de la Messe Basse de Fauré, entre muchos otros momentos.

Así, esperemos que este espacio protagonizado por niños (también dirigido a ellos) se potencie en próximas ediciones de la Semana de Música Religiosa. No hay que olvidar el hecho de que, en anteriores años ya se realizaron algunas producciones en la Catedral y en el Teatro Auditorio, con la puesta en escena de El diluvio de Noé, de Britten. En definitiva y como hemos mencionado, la Escolanía Ciudad de Cuenca brilló por su calidad y puso un cierre más que adecuado al festival conquense. Ojalá sigan trabajando en este sentido y no les suceda como a otros conjuntos infantiles que se vieron muy influenciados en forma negativa por reconocimientos y éxitos. A buen seguro, su director sabrá mantener los pies en el suelo y logrará conjugar rigor y ensayos con el ocio que los pequeños también requieren. Nos esperan citas musicales de gran nivel a su cargo.



Este artículo fue publicado el 25/04/2012

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