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Caos, exceso(s), saturación

Raphaël Cendo: Charge; Furia; Décombres; In Vivo; Tract. Ensemble Cairn. Guillaume Bourgogne, director. Emmanuelle Sagnier, producción. Sébastien Naves, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 65:45 minutos de duración grabado en el Studio Guimick de Hyères y en el Ircam de París (Francia), los días 10, 11 y 12 de noviembre de 2010, y 25 y 26 de febrero de 2011. æon AECD 1224. Distribuidor en España: Diverdi
imagen En esta Europa a la deriva que padecemos, comandada por la clase política más desorientada que hemos conocido en décadas, la reciente campaña electoral francesa ha sido un ejemplo más de cómo no construir la (supuesta) unión/sinergia/confluencia (lo que sea esto) de nuestro continente. La reincidente saña con la que Nicolas Sarkozy ha puesto el dedo en la llaga de los problemas sociales y económicos de España (con el riesgo que estos discursos deparan ante unos mercados tan sensibles -como carroñeros- a cuanta duda sobre un Estado se siembre) no encubre más que la inmensa masa de descontento que se viene gestando en los últimos años al norte de los Pirineos, con una concentración de problemáticas sociales latentes que configuran bolsas de violencia soterrada de imprevisibles ondas expansivas...

...es ese el caldo de cultivo del que emerge parte de la tensión que se transubstancia en música en una de las corrientes artísticas más potentes de cuantas ha deparado la creación europea en este arranque de siglo XXI: la ‘Musique saturée’ francesa. Cuando en enero de 2008 se reunieron en la Cité de la Musique parisina los máximos exponentes musicales de este movimiento: los compositores Franck Bedrossian (París, 1971) y Raphaël Cendo (París, 1975), junto con musicólogos como Nicolas Darbon y Omer Corlaix, y filósofos como Jean-Luc Marion, entre los adjetivos que definían los presupuestos estilísticos de la saturación musical se leían términos como ‘monstruosidad’, ‘caos’, o ‘exceso’ (calificativos ahora tan ajustados a buena parte de nuestro continente). Tres años después, Por una música saturada (2011), de Raphaël Cendo, se convirtió en una suerte de manifiesto en el que se explicitaban las líneas maestras de la ‘Música saturada’: un canto a la complejidad del mundo en que vivimos, a la fuerza del arte tanto para representarlo como para interpretarlo y, por qué no, transformarlo críticamente. En ese proceso de hondo calado, Cendo tiende puentes a diversas realidades sociales y artísticas, consciente de la necesidad de una interdisciplinariedad para abordar la complejidad de nuestro tiempo. Asimismo, el parisino se muestra no sólo buen conocedor de las corrientes musicales en las que se entronca, sino heredero a la altura de lo que se exige en el arte con verdadero valor histórico: asimilar un bagaje previo para hacerlo progresar con la personalidad idiosincrásica del creador, que de este modo hará avanzar un arte fertilizado por la sustancia que conforman los estratos históricos que vivencia.

Para una profundización a nivel conceptual en el pensamiento de Raphaël Cendo, no puedo dejar de recomendar la traducción al castellano de dicho manifiesto realizada por Pedro Ordóñez Eslava en el Nº30 de la revista Sul Ponticello (enero de 2012); un documento imprescindible para comprender un capítulo crucial de la música de nuestro tiempo, y un ejercicio intelectual que nos llena de esperanza por la lúcida conciencia que este joven compositor francés desarrolla a la hora de valorar el arte y la música en la que se inscriben sus propuestas.

A un nivel más puramente sonoro, y después de alguna aparición esporádica en recopilatorios de sellos como NEOS (11052), la publicación de este excepcional compacto del sello francés æon se convierte en la más privilegiada puerta de acceso discográfica a la música de Raphaël Cendo. A pesar de que el límite sonoro y la ambigüedad de sus fronteras son el espacio natural de la ‘Música saturada’, y por ello un topos musical de difícil categorización, la audición de este nuevo disco nos permite desentrañar algunas de las claves que sustentan un discurso tan radical e inconformista como este; un planteamiento que, según el antes citado Omer Corlaix, barre con algunos de los postulados históricos de ordenación musical del caos que dominaron la segunda mitad del siglo XX, como el serialismo o la estocástica, para sumergirse por completo en un nuevo modo de comprender el sonido, libre e imprevisible.

Alumno de compositores como Brian Ferneyhough, Fausto Romitelli o Philippe Manoury, Raphaël Cendo recoge influencias en su (exquisita y altamente desarrollada) escritura de autores como Vinko Globokar o Georges Aperghis (podríamos mencionar también al Penderecki de su periodo gráfico) para la (pre)determinación de lo que denomina "sonidos complejos [híbridos, saturados, paroxísticos] trascendentes", algo que lo incardina igualmente en la tradición de la ‘Música concreta instrumental’ de Helmut Lachenmann. Obviamente, no terminan ahí las filias ni los ecos que palpitan en Cendo; y de ámbitos artísticos muy diversos podemos extraer vínculos (por él mismo reconocidos) con creadores como Stanley Kubrick, Jack Kerouac, William Burroughs, o Jackson Pollock, entre muchos otros. Esta proteica pléyade de reverberaciones es perfectamente audible en la primera de las partituras de este compacto: Charge (2009), para siete instrumentos y electrónica, obra arquetípica del sonido saturado: densa, abigarrada, brutal y poéticamente compleja. Hecho transversal a la música saturada, el papel crucial del intérprete, dentro de una escritura determinada, para liberar energías y presiones en el límite, conformando cada ejecución como una verdadera recomposición de timbres, dinámicas, velocidades y alientos únicos, al tiempo proceso de desorientación del oyente frente a un paisaje acústico ajeno a cualquier tautología incluso con respecto a la obra en sí, desestabilizada en su propia ontología sonora en cada epifanía interpretativa. Como diría Jean Genet: "la dificultad es la cortesía del autor con el lector". Raphaël Cendo se aleja de todo populismo advenedizo y banal, de cualquier tratamiento paternalista para con su público, y demanda de éste una escucha atenta, una vivencia musical (in)tensa e implicada frente a la polisaturación de Charge desde los instrumentos acústicos (tratados con todo tipo de efectos reveladores de nuevos timbres) y electrónicos (que actúan como sombras sonoras de los primeros, produciendo una riquísima arborescencia polifónica). Los contrapuntos de masas sonoras crispadas, de pulsos y reacciones de confrontaciones acústicas en cascada, nos regalan una pieza que no se olvidará tras su audición... Remitiéndonos al gran expresionista abstracto Clyfford Still: "Las exigencias de comunicación son tan temerarias como desdeñables. El espectador aceptará como normal lo que sus temores, sus esperanzas y su formación le enseñan a ver".

Tras el desenfrenado y brutal marasmo de Charge, Furia (2009/2010), para piano y violonchelo, nos podría parecer hasta ‘clásica’, con sus extemporáneos asomos melódicos y la demostración más que evidente de que sobre la saturación francesa reverbera, de un modo u otro, toda la historia de la música. Es el piano el que lleva el peso fundamental de esta partitura; un piano, igual que el violonchelo, preparado en sus cuerdas con diversos efectos metálicos. La saturación se centra aquí en los elementos tímbricos y dinámicos. Ambos explotan/exploran los muy diversos modos de interpretación de sus instrumentos, contribuyendo en sus dos (ligados) movimientos a conformar un ágora ecoico de estilos e influencias sustanciosas, en una pieza cuya segunda parte resulta especialmente atractiva y potente.

Décombres (2006), para tubax y electrónica, es la obra más ‘antigua’ de las aquí recogidas. Desarrollado a partir del saxofón por el fabricante alemán Benedikt Eppelsheim, el tubax es un instrumento de sonido muy concentrado y compacto, de registros sólidos y contundentes, perfectos para los planteamientos estilísticos de un Raphaël Cendo. Un virtuosismo desgarrador en la digitación es expuesto en el tubax, así como la proyección vocal en el instrumento, con chillidos, susurros y todo tipo de sonidos guturales que complejizan el timbre global al activar la totalidad del cuerpo sonoro de este potente metal. Es ello perfecto trasunto musical de las teorías sobre las tensiones y el exceso en la interpretación-límite saturada. La electrónica trabaja sobre síntesis granulares, creando masas que evocan tanto lo arcaico como lo moderno.

El cuarteto de cuerda In Vivo (2008-10) se ha convertido quizás en el buque insignia del catálogo cendiano, en una de sus obras más interpretadas, aun a pesar de las no pocas dificultades que plantea a los músicos. Éstas comienzan ya en el primero de sus tres movimientos, en el que sobre el puente de los instrumentos Cendo emplaza papel de aluminio para crear una reverberación de sonoridad metálica, electrónica. Prolongados compases en glissandi caracterizan su arranque, saturado tímbrica y físicamente por su proliferación multidireccional aliada con un trabajo granular y una acentuación dinámica tan abigarrada, heterogénea y extrema, que al finalizar este movimiento las cerdas de los arcos se encuentran prácticamente desintegradas. El segundo movimiento (ya sin las ‘sordinas-reverberador’ de aluminio) enfoca la saturación a un nivel microscópico, a través de cuerdas preparadas y una suerte de progresivo rallentando donde se percibe el desgarro del roce del arco de forma prácticamente deconstruida, penetrando en el corazón de la génesis sonora, expuesta con bisturí en cada una de las voces (ahora despojadas) que conforman las virulentas polifonías de In Vivo. El tercer movimiento debería provocar lo que el propio Cendo denomina déjà vu, habida cuenta la forma en que retoma materiales del primer movimiento sometidos a una proliferación inestable que descompone sus elementos. La tensión física y dramática es creciente en todo este acto conclusivo, realmente huidizo y activo. La audición de este cuarteto resulta, así pues, reveladora y un ejercicio interesantísimo si se cruza con la de Tracés d’ombres (2005-07), el excelente cuarteto de cuerda de Franck Bedrossian. Desde esa perspectiva comparada, podremos tomar conciencia del mayor refinamiento de un Bedrossian, así como de la tensión extrema y exacerbada de un Cendo.

Cierra el disco Tract (2007), octeto de muy cercanos presupuestos a Charge. En su interpretación, Raphaël Cendo impele al ejecutante a liberarse de las formas canónicas de interpretación, desatando tensiones, personalidad, rapidez y gestos hasta el paroxismo. El parisino llega al punto de hablar de un estar ‘fuera de uno mismo’ para, paradójicamente, liberar los estratos más atávicos y esenciales del discurso musical, cuya pugna en las intrincadas masas sonoras conformadas en Tract da lugar a sucesivas irrupciones de voces emergentes. Tensión y exceso marcarán las posibilidades de definición personal, de afirmación de la singularidad, en un entorno saturado marcado por su apariencia caótica y descontrolada...

Las interpretaciones (o recomposiciones, según las entendamos) de este compacto son verdaderamente excepcionales, todas ellas a cargo del excelso ensemble francés Cairn, que comandado por Guillaume Bourgogne no sólo ha estrenado algunas de estas piezas, sino que son dedicatarios de las mismas. La fiereza de sus ataques, la vehemencia de su discurso gestual, la exquisita definición de timbres y, muy especialmente, la convicción y filiación al credo cendiano, hacen de ellos un conjunto idóneo para darnos a conocer el primer monográfico en disco compacto del parisino. Si convincente resultaba en extremo la desgarrada lectura que el Ictus Ensemble había realizado para NEOS de una obra tan extrema como Introduction Aux Ténèbres (2009), no menos sólidas aparecen ahora estas versiones, que en cuanto existe comparación se me antojan muy preferibles, por ejemplo, a las tomas de In Vivo que se pueden escuchar en la red. Teniendo en cuenta cómo se gesta en cada interpretación la música de Raphaël Cendo, las (esperemos) siguientes grabaciones de estas partituras serán perspectivas tan personales e idiosincrásicas, atendiendo a la fisicidad de cada músico, que resultará un verdadero festín poder compararlas con las aquí recogidas por el valiente sello francés æon, que al sumar este compacto al antes citado de Franck Bedrossian (æon AECD 1106) se convierte en principal altavoz fonográfico de la ‘Música saturada’. Si el compacto de Bedrossian fue uno de los discos del pasado año, camino va este registro de Raphaël Cendo de ser una de las joyas a perdurar de este 2012.

Las grabaciones son absolutamente exquisitas, como no puede/debe ser menos al registrar unas obras de semejante densidad y potencia expresiva, de tal abigarramiento tímbrico y sutileza dinámica. La exposición de matices es muy nítida y el cuerpo y la espacialización del sonido, perfectos, tanto en acústicos como en electrónica. Completa la edición un magnífico libreto a cargo del musicólogo Omer Corlaix y del propio Raphaël Cendo. En él, además de profundizar en el marco global de la saturación y en las características esenciales de cada partitura, habla Corlaix de lo que denomina como ‘Música situacionista’, retomando la voz de un Guy Debord que parece de nuevo de máxima actualidad, y cuyo texto angular: La sociedad del espectáculo (1967; editado en España por Pre-Textos), es lectura hoy obligada para tomar conciencia (y perspectiva) de las históricas raíces que confluyen en el marco de saturación social, económica y artística que vivenciamos en el siglo XXI... Quizás sea la lectura de intelectuales como Debord, el visionado de artistas del cinematógrafo como Jean-Luc Godard, o la audición de compositores tan trascendentes en nuestro tiempo como Raphaël Cendo, con lo que nos tengamos que quedar a la hora de dirigir nuestra mirada a una Francia donde siempre han proliferado numerosos artistas críticos de hondísimo calado, y quizás pocos (pero ruidosos) personajes con ínfulas napoleónicas... Que cada cual se sature con aquello en lo que más crea...

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi


Este artículo fue publicado el 07/05/2012

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