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Calidad musical y excelencia visual

Buenos Aires, 29/05/2012. Teatro Colón. George Enescu: Edipo (Oedipe). Opera en cuatro actos y seis cuadros, libreto de Edmond Fleg, basado en Sófocles. Estreno argentino. Alex Ollé-La Fura dels Baus, concepto escénico. Alex Ollé y Valentina Carrasco, dirección escénica. Alfons Flores, escenografía. Lluc Castells, vestuario. Peter Van Praet, iluminación. Coproducción Escénica del Teatro Colón de Buenos Aires con el Teatro Real La Monnaie de Bruselas, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona y la Opera Nacional de París. Andrew Schroeder (Edipo), Esa Ruuttunen (Tirésias), Robert Bork (Creonte), Gustavo López Manzitti (pastor), Fabián Veloz (el gran sacerdote), Natascha Petrinsky (Yocasta), Guadalupe Barrientos (la esfinge), Enrique Folger (Layo), Gustavo Zahnstecher (Teseo), Victoria Gaeta (Antígona), Alejandra Malvino (Mérope), Alejandro Meerapfel (Forbante), Lucas Debevec (centinela), Cintia Velázquez (mujer tebana). Orquesta, Coro de Niños y Coro Estable del Teatro Colón. Director del Coro de Niños: César Bustamante. Director del Coro: Peter Burian. Dirección musical: Ira Levin
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Durante años el Teatro Colón de Buenos Aires se mantuvo desacoplado de las tendencias mundiales en materia de concepciones escénicas, alejado de los grandes nombres internacionales y fuera del circuito de primera línea de los teatros líricos. La lenta, dispar y oscilante mejora de las producciones -tanto en lo visual como en lo musical y vocal- que se vienen ofreciendo desde su reapertura en mayo de 2010, permite abrigar fundadas esperanzas. Los dos excelentes espectáculos dados en la actual Temporada Lírica fueron una palpable realidad.

En este caso nos encontramos con el estreno local de Edipo de Enescu -una obra que sin ser contemporánea tenía que llegar al público de Buenos Aires- con puesta de La Fura dels Baus en coproducción con tres grandes teatros europeos y con la participación de varios de los cantantes que estrenaron la puesta en Bruselas el año pasado.

Indudablemente La Fura dels Baus es uno de los grupos teatrales más importantes de la actualidad y su llegada al mundo de la ópera produjo una saludable renovación. Algunas de sus propuestas podrían parecer algo grandilocuentes o generar cierto distanciamiento con la faz musical pero no se puede negar que el grupo es una fábrica de ideas teatrales y visuales de potente efecto.

© 2012 by Teatro Colón de Buenos Aires

La atemporalidad del mito de Edipo juega a favor de las concepciones del grupo y da como resultado un marco de excelencia. El portal barroco del Palacio Real de Tebas con sus cuatro pisos luce imponente, el ascetismo de una de las estancias del Rey de Corinto con su idea de un encuentro en clave de psicoanálisis entre Mérope y Edipo es una idea brillante (aunque hay que reconocer que hace más de treinta años el grupo de instrumentos informales Les Luthiers en su Tragedia de Edipo de Tebas encontró una solución similar pero en otro momento de la historia, el genial grupo cantaba hace años: ’Edipo al saberlo/en una entrevista/con su analista/se quita, se quita la vista/Edipo al saberlo’).

El juego de temporalidades con una imagen de un vago presente o de un futuro incierto funciona de manera magnífica Así el cruce de caminos en el cual Edipo mata a su padre es parte de una ruta o una autopista en reparación. Con mínimos elementos como luces en el suelo y niebla, combinados con la excelente iluminación de Peter Van Praet, la escena es sobrecogedora. La esfinge que asola a Tebas es una mezcla de mujer con un viejo avión de la Luftwaffe, y el centinela parece vestido como los miembros de la resistencia francesa. El miedo actual a renacimientos de totalitarismos justifica plenamente la solución.

 

© 2012 by Teatro Colón de Buenos Aires

Un hospital de campaña con paredes de telas plásticas enmarca el tercer acto en el cual la peste asola a Tebas. Finalmente el bosque en Colono, cerca de Atenas, está representado con estatuas de terracota hundidas parcialmente en el suelo. En toda la acción están presentas cientos de estatuas en las tres paredes del escenario, y en el piso y vestuario es omnipresente el barro como símbolo de degradación, peste y muerte. Recién en el final aparecen los atenienses de inmaculado blanco como diferenciación y una lluvia baña a Edipo en clara clave de purificación antes de su muerte.

Impactante, perfecta, espectacular, pero a la vez profunda, es la mirada escénica que tiene complemento exacto en el poderoso vestuario creado por Lluc Castells, en el funcional y creativo marco escénico de Alfons Flores y en la extraordinaria iluminación de Peter Van Praet.

 

© 2012 by Teatro Colón de Buenos Aires

La excelencia visual -que pone al Colón nuevamente en la contemporaneidad- fue complementada con similar prestación musical y vocal.

Ira Levin condujo con precisión y refinamiento a la Orquesta Estable y consiguió un alto rendimiento por parte de la misma.

El protagonista de Andrew Schroeder fue muy bueno. No tiene el volumen más adecuado para la sala del Colón pero conoce perfectamente la parte, sabe dosificar el canto y se entrega sin reservas.

© 2012 by Teatro Colón de Buenos Aires

Sin lugar a dudas el Coro es coprotagonista y el nivel alcanzado por el Coro Estable del Colón de la mano de Peter Burian fue impactante, tanto desde la calidad vocal como del compromiso escénico. La excelencia del coro de adultos fue bien complementada en su breve intervención por el Coro de Niños.

Robert Bork interpretó un Creonte de arrolladora potencia vocal, Esa Ruuttunen fue Tirésias con implacable dignidad y Natascha Petrinsky insufló calidad vocal a su Yocasta.

Los cantantes nacionales convocados demostraron calidad y homogeneidad. Todos aportaron su cuota de profesionalismo y eficacia. Por la duración e importancia dramática de sus partes se destacaron Gustavo López Manzitti (pastor), Guadalupe Barrientos (la esfinge), Victoria Gaeta (Antígona) y Lucas Debevec (centinela). Sólidos resultaron Alejandra Malvino (Mérope), Alejandro Meerapfel (Forbante) y Gustavo Zahnstecher (Teseo). Mientras que contribuyeron a la calidad del espectáculo en sus breves intervenciones Fabián Veloz (el gran sacerdote), Enrique Folger (Layo) y Cintia Velázquez (mujer tebana).

En suma: un Edipo de calidad musical y excelencia visual.



Este artículo fue publicado el 04/06/2012

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Comentarios:


Esfinter de Tebas 10/06/2012 22:37:34
Creo importante mencionar que los cantantes argentinos, aunque se defendieron lo mejor que pudieron y con resultados dignos, estás todos mal elegidos, no en cuanto a su calidad sino en relación a su registro: barítonos cantando de bajos, mezzosopranos cantando de contraltos, tenores pesados para roles livianos y viceversa, etcétera.

Prácticamente no hay un sólo rol donde intérprete y escritura coincidan, cosa que por otra parte se ve en casi todas las producciones del Colón de estos últimos años. Me pregunto por qué sucede eso.



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