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Superando las expectativas

Buenos Aires, 03/08/2007. Teatro Avenida. Richard Wagner: El Holandés Errante (Der Fliegende Holländer). Ópera en tres actos, libreto de Richard Wagner. Fabian von Matt, dirección escénica. Pilar Camps, escenografía. Eli Sirlin, iluminación. Sofía Di Nunzio, vestuario. Homero Pérez-Miranda (El holandés), Mónica Ferracani (Senta), Hernán Iturralde (Daland), Enrique Folger (Erik), Santiago Bürgi (Timonel), Marta Cullerés (Mary). Orquesta y Coro de Buenos Aires Lírica. Director del Coro: Juan Casasbellas. Dirección musical: Guillermo Brizzio. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Buenos Aires Lírica.Se repite los días 9 y 11 de agosto
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Cuando con puntualidad y precisión en octubre de 2006 la asociación de ópera Buenos Aires Lírica presentó su temporada 2007 y nos encontramos con la novedad de que abordaría una obra de Richard Wagner, las expectativas positivas y negativas se multiplicaron.

Entre ellas se entremezclaban la posibilidad de volver a disfrutar del compositor alemán relegado de nuestras carteleras tras las últimas crisis económicas y políticas, la oportunidad y el riesgo de presentar una obra de Wagner por un emprendimiento privado luego de décadas de no ser así, aunar un elenco totalmente latinoamericano, ofrecer El Holandés Errante en un teatro con foso y escenario pequeño, contar con una batuta nacional que en algunos casos resultó adecuada y en otros anodina, encontrar la forma adecuada de presentar los buques en escena, volver a ofrecer una obra ‘grande’ que quizás fuera demasiado para los medios que dispone la asociación, entre otras tantas cuestiones a favor o en contra de la idea.

Naturalmente la verdad llega únicamente cuando el telón del final se cierra y, en este caso, las terribles expectativas negativas no se cumplieron y las moderadas positivas superaron las iniciales.

La puesta:

El marco escénico de Pilar Camps es simple, funcional, atractivo y de inteligente resolución. Con una serie de paneles suspendidos se logra dar la imagen del mar encrespado en el primer cuadro y de los ambientes marinos del resto de ese acto y del tercero. Al girarlos aparecen los mapas y cálculos de Daland que ilustran los interiores del segundo.

Con eficacia se resolvió la presencia de los dos buques en el inicio de la obra: unas cajas de madera y un puente simulaban el barco de Daland y al moverse uno de los paneles aparecía el buque fantasma con sus velas rojas y su imagen espectral.

El diseño de trajes de Sofía Di Nunzio se ajustó a la ubicación temporal decidida para la puesta: alrededor de 1880. Azules para Daland y sus marineros, colores claros para las hilanderas, traje de un modesto empleado administrativo para Erik, negro para Mary y el Holandés (que viste con ropas temporalmente anteriores) y blanco-crudo para Senta.

La iluminación trazada por Eli Sirlin resultó correcta y subrayó los diferentes climas de la obra.

El joven director escénico Fabian von Matt decidió, fundamentalmente, bucear en la psicología de los personajes y lo logró casi plenamente.

Además optó por resolver alguno de los interrogantes de la obra. Por ello, desde que los espectadores ingresan se ve a la pequeña 'Senta' que oye la historia del holandés errante leída por 'Mary'. Luego, al retirarse su nodriza, la pequeña juega con la figura del buque fantasma y comienza a dibujar el retrato del holandés que entonces surge de su imaginación y por eso está en su casa. Esta muy buena acción teatral se corta con el cierre del telón y los aplausos de llegada del director. Hubiera sido mejor que el maestro concertador ingresara silenciosamente y atacara la obertura para no destruir el clima logrado.

En el final se puede ver la desesperación de 'Daland', 'Erik' y 'Mary', en otra vuelta de tuerca de buscar lo que pasa en la historia y no se cuenta.

Utilizando las palabras del monólogo inicial del 'Holandés' cuando hace mención al Ángel de Dios que puso las condiciones de su salvación, el director escénico utiliza en casi todas las escenas en las que se encuentra el protagonista la presencia de una actriz (María José Iglesias) como el 'Ángel'. Esta presencia resuelve algunas cuestiones pero termina por fatigar.

La llegada del barco errante está lograda plenamente y el recurso de ser el 'Holandés' un mascarón de proa del navío que cobra vida a su llegada a tierra es una muy buena solución, salvo que se haya visto el filme Piratas del Caribe, donde se utiliza muchas veces el recurso de movilizar a un fantasma viviente (como el padre de Bill Turney), del cual parecería ser tomado.

Muy logrado el cuadro de las hilanderas que son aquí obreras de una fábrica de velas para barcos, y eficaz el final.

La versión musical:

Por las dimensiones del foso del teatro Avenida la masa orquestal debió ser reducida. Aunque en casi todo momento se echó de menos la falta de cuerdas para balancear el resto de los instrumentos, la versión comandada por el maestro Guillermo Brizzio tuvo buena resolución, salvo en unos pocos desajustes.

Como el ‘Holandés’, el bajo-barítono Homero Pérez -Miranda, evidenció un desempeño destacado. Encarnó el personaje con una faz intimista, introspectiva y de profunda desazón. Su volumen es adecuado y su registro parejo. Un personaje que encarnó por primera vez y que seguramente podrá profundizar en posteriores reposiciones en las que deberá trabajar un poco más la zona más baja de su registro.

Mónica Ferracani logró construir una sólida ‘Senta’ con arrojo vocal y desenvoltura escénica. Su pronunciado vibrato y su fraseo quebrado no le impidieron ser una de las triunfadoras de la noche.

Irreprochable el ‘Daland’ de Hernán Iturralde. Compenetración actoral, belleza vocal, excelente fraseo, intencionalidad y perfecto legato fueron su rasgo distintivo.

Enrique Folger cantó con convicción su ‘Erik’, marcado aquí como un humilde y borrachín tenedor de libros, con soltura se desempeñó Santiago Bürgi (el ‘Timonel’) y adecuada Marta Cullerés como ‘Mary’.

El Coro de Buenos Aires Lírica, que dirige Juan Casabellas, tuvo un desempeño irregular. Alguna entrada a destiempo por aquí, alguna rispidez por allá y la falta de integrantes para abordar los dos coros de marineros resintieron su labor.

En suma: una versión que, finalmente, supero las expectativas.



Este artículo fue publicado el 09/08/2007

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