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In Memoriam de un gran compositor y un gran director

In Memoriam. Padre Donostia: 'Missa pro defunctis' para coro a cuatro voces y órgano. 'Poema de la pasión', para coro a ocho voces, corno inglés y dos sopranos. Lola Elorza y Eugenia Echarren, sopranos, Eduardo Olloqui, corno inglés, y Daniel Oyarzábal, organo. Coral de Cámara de Pamplona. Director: David Guindano Igarreta. Un disco compacto de 67 minutos de duración, grabado los días 17, 18 y 19 de septiembre de 2004 en la Iglesia de los Padres Carmelitas Descalzos de Pamplona-lruña.
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A pesar de lo que se puede leer en las historias habituales de la música española, en los años treinta la presencia e influencia en la vida musical española de la denominada 'generación de la República' fue marginal. En todo caso muy inferior al papel jugado por tres compositores vascos que no se incluyen en esta generación y a menudo son marginados por los historiadores: Pablo Sorozábal, Jesús Guridi y el Padre Donostia.

Sorozábal es indiscutiblemente el compositor más relevante de los años treinta, por prestigio, popularidad, éxito y también por talento y calidad de factura. Pasadas siete décadas, negarlo es negar la evidencia de una música teatral fresca, viva, original, de enorme modernidad, casi diría rabiosa actualidad en los momentos de su estreno en plena crisis económica mundial. Tras la Guerra Civil, Sorozábal siguió siendo el gran maestro de la música teatral española, pero la represión constante que se cernió sobre él impidió el florecimiento de nuevos prodigios como la trilogía Katiuska-La tabernera- La del manojo de rosas.

Guridi fue una rara avis en la sociedad española de los treinta, como compositor free lance que encontró en su propia ciudad, Bilbao, un público receptivo y orgulloso de la hermosa música que les ofrecía su paisano. Una visita calmada al Museo de Bellas Artes de Bilbao resulta muy ilustrativa para entender el gusto refinado y moderno de la burguesía bilbaína de la época de entreguerras. Un fascinante fenómeno que se destruyó con la Guerra Civil y la marcha de Guridi a Madrid a trabajar como funcionario. En los años cuarenta, compondría obras no menos hermosas ni modernas como las Diez melodías vascas, tan vilipendiadas por Tomás Marco y otros críticos tardo-franquistas, pero el vínculo entre una ciudad y su artista se había perdido.

José Gonzalo de Zulaica y Arregui (1886-1956), conocido como Padre Donostia, fue el más cosmopolita de los músicos españoles de su edad. Formado en los monasterios de Silos y Besalú, estudió en la Schola Cantorum de París y mantuvo durante toda su vida una intensa relación con el ambiente musical parisino. Una de sus alumnas me contó en una ocasión que cuando le dijo al Padre Donostia que había conseguido ingresar en el Conservatorio de París, el Padre le aconsejó que bajo ningún concepto aceptara alojarse en un convento o en una residencia regentada por monjas. La muchacha, asombrada, le preguntó cómo un monje daba semejante consejo. Y el Padre Donostia le contestó: "porque si te alojas ahí, su horario te impedirá ir a la ópera y eso es tan importante como lo que te puedan enseñar en el Conservatorio".

Aparte de sus populares piezas para piano, lo más brillante de la obra del Padre Donostia es su música coral, especialmente la religiosa. La dedicación a la música coral popular va unida a sus investigaciones etnomusicológicas para el Cancionero vasco y debe ser puesta en relación con el neorrealismo, un movimiento estético de enorme importancia en la Europa de los años treinta y cuarenta. En el caso de la música religiosa, Donostia participa también en un movimiento internacional surgido en Francia como reacción a la crisis de la cultura católica y el ascenso del autoritarismo y la intolerancia. Desde nuestra perspectiva, quizá la obra más característica de este movimiento es Diálogo de carmelitas de Bernanos, que Poulenc convirtió en ópera en 1953. Es precisamente la extraordinaria música religiosa de Poulenc lo más admirado de este nuevo misticismo humanista, que bebe en el canto cristiano primitivo y en el repertorio gregoriano.

Al igual que Poulenc, el Padre Donostia era un hombre refinado, culto y con un inagotable sentido del humor que se infiltra por todos los rincones de su música. Su afan de conciliar lo más moderno con la tradición le llevó a escribir obras para voces y varias ondas martenot en la música incidental para los dramas católicos de Henri Ghéon.

Este disco presenta dos de sus obras religiosas más relevantes. El Poema de la Pasión, escrito en París en 1937 sobre un poema de Juan López de Úbeda para el Cancionero general de la doctrina cristiana (1579), es una obra maestra de la retórica musical sobre texto castellano. El profundo conocimiento de la prosodia española, el exquisito gusto poético, la creación de imágenes musicales vinculadas al texto, las alusiones a melodías populares, deslumbrantes y breves como relámpagos, el magistral manejo del tempo dramático hacen del Poema de la Pasión una de las obras maestras de la música religiosa española del siglo XX. Y lo sería aunque sólo fuera por la irrupción en el momento de máxima tensión poética y musical del corno inglés, un instrumento tradicionalmente bucólico pero también el sonido de la muerte en la retórica de la Belle Époque. Para Donostia el corno inglés representa la muerte del Redentor, pero también es la representación de la Redención.

Escrita dos años después de su regreso a España, la Misa pro Defunctis (1945), firmada con el nombre de José Antonio de San Sebastián, tiene el subtítulo de "Glosa libre (melódica y rítmicamente) de la melodía gregoriana". Frente al intenso expresionismo del Poema de la Pasión, en la Misa priman la serenidad y el distanciamiento neoclásicos, un neoclasicismo que se refiere a la música medieval religiosa como base de toda la música religiosa posterior y que revela la fascinación de Donostia por la perfección constructiva de la polifonía del siglo XVI. Sin duda, a su amigo Ravel le hubiera complacido no poco esta vuelta a un pasado utópico que para Donostia le servía de escudo contra la violenta realidad de su entorno barcelonés en 1945.

El disco es también un homenaje a un enorme músico y mejor persona, Juanito Eraso (1914-2002), fundador y director de la Coral de Elizondo con la que estrenó esta Misa pro Defunctis y muchas otras obras del Padre Donostia.

La Coral de cámara de Pamplona es una estupenda formación coral, en la que se nota la ya larga dedicación a la polifonía renacentista y al siglo XX. Su director, David Guindano, entiende y plantea perfectamente la doble perspectiva de la Misa pro Defunctis y el Poema de la Pasión y a él merecen dedicarse -como elogio- el título del estudio sobre las obras que se incluye en el folleto del disco: "espiritualidad, pasión y decoro en dos obras del Padre Donostia".



Este artículo fue publicado el 22/07/2005

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