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Un programa de música política

San José de Costa Rica, 30/03/2012. Teatro Nacional. Orquesta Sinfónica Nacional (OSN). Solista: Gregory Miller, corno. Director invitado: Gerald Brown. Aaron Copland, Fanfarria para el hombre común. Reinhold Glière, Concierto en si bemol mayor para corno y orquesta, opus 91. Arturo Márquez, Danzón N° 2, para orquesta y banda sinfónica. Ottorino Respighi, Los pinos de Roma. Segundo concierto, Temporada oficial 2012.
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Bajo la batuta del director invitado, el maestro Gerald Brown, el segundo concierto de la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) se realizó el viernes 30, en el Teatro Nacional (TN), e incluyó la participación del estadounidense Gregory Miller como solista en el corno. En la ocasión también se rindió homenaje al maestro Brown, quien en 1972 asumió como el primer director titular de la renovada OSN, después de la reestructuración impulsada por don Guido Sáenz, viceministro de Cultura en la segunda administración de don José Figueres Ferrer.

La primera mitad de la función comenzó con Fanfarria para el hombre común, pieza para conjunto de bronces y percusión, escrita en 1942, con fines patrióticos, por Aaron Copland (1900-1990), uno de los principales compositores estadounidenses del siglo XX, y finalizó con el Concierto en si bemol mayor para corno y orquesta, opus 91, de Reinhold Glière (1875-1956), compositor ruso de la época soviética, que se estrenó en 1951. La segunda parte empezó con el Danzón N° 2, para orquesta y banda sinfónica, del mexicano Arturo Márquez (n. 1950), compuesto en 1994 como tributo a la música de salón cubana, y terminó con Los pinos de Roma, de Ottorino Respighi (1879-1936), quizá el principal exponente del sinfonismo italiano de entreguerras. Concluido en 1924, el poema sinfónico es el segundo de la trilogía, completada por Fuentes de Roma y Fiestas romanas, que celebra a la Ciudad Eterna. De los tres, es el único que ha figurado en la programación de la OSN y ya es hora de escuchar los otros dos.

En las notas al programa, Jacques Sagot propone una apología elocuente del contexto ideológico que rodea la estética musical que inspiró la Fanfarria para el hombre común: en 1942 Estados Unidos estaba en guerra contra Alemania y Japón y la grandilocuencia y dramática sonoridad de la pieza pretendían enaltecer el ánimo heroico que permitiría a los jóvenes norteamericanos inmolarse en los campos de batalla de Asia y Europa. Es justamente lo que hace que me sea casi insufrible escuchar la Fanfarria, pero la pieza ofrece a la sección de bronces la oportunidad de lucirse. Sin embargo, ese no fue el caso, debido a las pifias, desafinaciones y sonido tosco de la ejecución; ciertamente, los bronces de la OSN no lo habrían hecho mejor si se hubieran propuesto dejar mal al director.

El Concierto para corno y orquesta, de Reinhold Glière, es música eufónica y meliflua, pero convencional y blanda, carente de mayor interés, bien que muy del gusto de los guardianes doctrinarios que imponían la ortodoxia estética del realismo socialista y con frecuencia hostigaban a grandes compositores como Shostakóvich, Prokófiev y Jachaturián. No obstante, la obra de Glière muestra una factura cumplida y es una adición importante al escaso repertorio del corno francés como instrumento solista. No había escuchado la pieza ni recuerdo que se haya oído aquí antes, y Gregory Miller se presentaba por vez primera en el país. Con el acompañamiento solícito de Brown y la OSN, en su ejecución Miller logró tonalidades resonantes y pulidas del corno, mantuvo el soplo firme y, en la difícil cadencia del primer movimiento demostró pericia técnica inusitada.

Después del intermedio, los ritmos sensuales, hermosas melodías y orquestación reluciente del Danzón tuvieron una ejecución brillante de parte de Brown y la OSN, y esta vez, los bronces se redimieron con su desempeño puntual.

No menos lustrosa se oyó la interpretación del maestro Gerald Brown y la Orquesta Sinfónica Nacional de Los pinos de Roma: sonido amplio y potente del conjunto, matizadas coloraciones orquestales, desempeño integrado y prontitud de respuesta de las secciones signaron la lectura que, al concluir, recibió una prolongada ovación de la asistencia, algo menos nutrida que de costumbre, dados los feriados venideros.
Es de notar que la remodelación de la concha acústica del TN habilita más espacio sobre el escenario y la colocación escalonada de las secciones instrumentales en distintos niveles no solo mejoró la visibilidad para el público de luneta y butacas, además permitió al maestro Gerald Brown equilibrar con mayor precisión el alcance sonoro de la orquesta.



Este artículo fue publicado el 16/04/2012

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La crítica de Andrés Sáenz y la fotografía de Gregory Miller se publicar por cortesía del diario La Nación de San José de Costa Rica

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