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‘Trabajar con los compositores es fundamental para nosotros’. Entrevista con Pierre Morlet

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El Cuarteto 'Diotima' nació hace 9 años con la clara vocación de ofrecer una alternativa de calidad en el conflictivo terreno de los cuartetos de cuerda especializados en música contemporánea. Hoy son ya uno de los conjuntos más respetados por la seriedad de su trabajo. Hace unas semanas, el cuarteto dio un concierto memorable dentro del Ciclo de Música Contemporánea de la Quincena Musical, donde interpretó obras de Webern, Dutilleux, Ferneyhough e Ibarrondo. Pierre Morlet es el violonchelista del grupo y uno de sus fundadores. Pudimos hablar con él horas antes del concierto.

Pregunta: La primera pregunta es básica. ¿Cómo se formo el Cuarteto 'Diotima'?

Respuesta: El cuarteto nació hace nueve años, cuando éramos estudiantes del Conservatorio de Lyon y del Conservatorio de París. Nos encontramos los cuatro en París en una de las clases de música de cámara del ciclo de perfeccionamiento. Nos presentamos a algunos concursos y los ganamos, lo que nos permitió trabajar con el ProQuartet, con el que pudimos ir centrando nuestro repertorio y definirlo, especializándonos en la música contemporánea pero, al mismo tiempo, confrontándola con el repertorio clásico que ya veníamos tocando con anterioridad.

P: Poner por nombre 'Diotima' al cuarteto, como la gran obra de Luigi Nono, es en cierto modo toda una declaración de intenciones. ¿De dónde viene este interés por trabajar la música contemporánea?

R: Son dos las razones. La primera es, efectivamente, la voluntad de trabajar el repertorio contemporáneo pero, a ser posible, encontrándonos con los compositores, cruzando ideas con ellos y ampliando el repertorio con nuevas obras. El contemporáneo es un repertorio que nos gusta, y necesitamos a los compositores para poder llevar a cabo nuestro trabajo. Por otra parte, elegimos también la palabra 'Diotima' porque es una referencia a Hölderlin y al romanticismo alemán: pensamos que ese romanticismo alemán nutre todavía en gran parte algunas de las músicas que se escriben hoy. Y esa referencia nos sirve además para aclarar que no nos cerramos únicamente al repertorio contemporáneo, sino que nos gusta confrontarlo con el repertorio tradicional. En ese sentido, por ejemplo, este otoño vamos a intepretar la integral de los Cuartetos de Lachenmann, pero en programas en los que aparecen también los nombres de Beethoven, Haydn y Brahms. La intención es que lo uno ilumine lo otro. No queremos encerrarnos y no queremos ser un segundo cuarteto Arditti, ni mucho menos.

P: En este sentido, me vienen a la cabeza dos versiones de la Suite lírica de Alban Berg, una obra clave que se sitúa a medio camino entre el romanticismo y las músicas que se compondrán en la segunda mitad del siglo XX. La del Cuarteto Alban Berg esta enfocada desde el punto de vista de la tradición cuartetística del XIX, mientras que la del Arditti recalca un punto de vista contemporáneo. Los resultados son radicalmente distintos a pesar de tratarse de la misma música. ¿Cómo conjugan ustedes tradición y contemporaneidad? ¿Cómo es este ilumarse lo uno a lo otro?

R: Hay que hacer primero una especificación, y es que la interpretación del Cuarteto Alban Berg esta basada en una visión vienesa, mientras que la del Arditti lo está en una contemporánea. La cuestión para nosotros no es saber si nos situamos en una óptica vienesa o en una basada en la técnica contemporánea. Nosotros, de entrada, no somos vieneses, pero tampoco nos queremos encerrar en lo contemporáneo. Yo creo que la cuestión es dilucidar quién es Berg para mí, y si Alban Berg es vienés comprender cómo ese “ser vienés” aparece en su música e intentar entender su música a través de ello. El problema no radica en situarse en relación a otros intérpretes, que tienen cada uno su historia, su tradición y sus modos de llegar a determinada comprensión de la música que interpretan, sino encontrar nuestra propia comprensión a través del estudio. Si tocamos a Lachenmann es porque pretendemos entender a Lachenmann y lo que quiere expresar a través de su música, y así lo hacemos tanto con el repertorio actual como con el anterior. Por eso para nosotros es fundamental, cuando interpretamos música de autores vivos, trabajar con los compositores, como hemos hecho esta mañana con Félix Ibarrondo en el ensayo. Esto nos permite entrar dentro la música a través de lo que los compositores nos puedan decir.

P: Antes ha mencionado que ustedes no quieren ser un segundo Cuarteto Arditti. Algunas voces críticas han acusado al Arditti de ser un “cuarteto de todo a cien”, porque tocan lo que sea con tal de que les paguen. ¿Cuál es la política de elección de repertorio del Diotima?

R: Hay una parte del repertorio que para nosotros es fundamental y que trabajamos contínuamente, como por ejemplo los Cuartetos de Beethoven y en particular los de los últimos años. Por otra parte, los encuentros con los compositores hacen que se susciten obras e interés por determinados repertorios. Se podría decir que en nuestro camino nos vamos encontrando con músicas diversas, y entre los miembros del grupo decidimos si nos interesa o no prepararlas y montarlas. Cualquiera de nosostros puede llegar y proponer: “He escuchado esta obra. ¿Qué os parece?”, y a partir de ahí se suscita un debate interno y decidimos si incorporamos o no esa obra a nuestro repertorio. Se crea una discusión interna en función de los intereses de todos hasta decidir qué es lo que vamos a hacer como grupo.

El tercer imperativo para la elección del repertorio proviene de los organizadores de los conciertos, que nos hacen ceñirnos a necesidades particulares que nos incitan a descubrir y a incorporar nuevas obras. Por dar un ejemplo concreto, el de Félix Ibarrondo, al que conocemos hace años por medio de su editorial: Joubert. En aquel momento Félix nos dijo que tenía unos cuartetos. Nosotros guardamos la idea pero no habíamos tenido la ocasión de tocarlos porque las condiciones de los festivales son lo que son. Ahora hemos tenido la oportunidad de montar una de sus obras y, una vez que ya está en nuestro repertorio, es mucho más fácil para nosotros seguir tocándola en el futuro.

P: El circuito para los cuartetos especializados en música contemporánea no es excesivamente amplio y además está monopolizado por conjuntos muy carismáticos. ¿Cómo es intentar hacerle la competencia al Arditti?

R: Por decirlo claramente: Arditti hace la guerra. Ha habido conflictos este año por algunos asuntos relacionados con músicas de Lachenman y Kyburz, y problemas muy claros con algunos organizadores. Yo pienso que hay sitio más que de sobra para los dos cuartetos.

P: El Kronos Quartet ha desterrado casi por completo de sus programas la música europea, excepto la de los países de la periferia. Quieren liberar al cuarteto de cuerdas de lo que ellos llaman la “maldición eurocéntrica”. ¿Qué opina de esta actitud del Kronos?

R: Nosotros no somos norteamericanos. No hemos nacido ni hemos crecido en América y no tenemos esa historia y esa cultura particular norteamericana. La nuestra es europea. Comprendo lo que hace el Kronos, lo respeto, me parece muy bien y les escucho cuando vienen a tocar, pero ellos hacen lo que hacen por su experiencia personal. Nosotros estamos en Europa, nuestra tradición es distinta, y en particular en el cuarteto de cuerdas estamos muy apegados a la tradición vienesa. A nosotros nos interesa seguir y desarrollar ese camino. Además, en estos momentos hay en Europa una efervescencia que hace que en muchos lugares haya un dinamismo que no sospechábamos. Para nosotros es fundamental poder defender esa tradición, porque es la nuestra. Los americanos ya harán la suya propia.



Este artículo fue publicado el 29/09/2006

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