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Amberes, 08/06/2008. De Vlaamse Opera. Götterdämmerung- libreto y música de R. Wagner. Puesta en escena: Ivo van Hove. Escenografía y luces: Jan Versweyveld. Vestuario: Ann D’Huys. Video: Tal Yarden. Intérpretes: Lance Ryan (Sigfrido), Jayne Casselman (Brunilda), Attila Jun (Hagen), Robert Bork (Gunther), Christina Niessen (Gutruna y Tercera Norna), Sara Fulgoni (Waltrauta y Primera Norna), Corinne Romijn (Segunda Norna y Flosshilde), Xenia Konsek (Wellgunde) y Hendrickje Van Kerckhove (Woglinde). Orquesta y coro del Teatro (director: Jef Smits).Dirección de orquesta: Ivan Törzs
imagen No he podido, por distintas razones, ver las jornadas anteriores. Esta, de todos modos parece un resumen y finalización de lo que la puesta en escena -que yo sepa unánimemente alabada como uno de los eventos de los respectivos años- busca. Ivo van Hove es un director escénico de renombre en los Países Bajos y ha realizado una que otra experiencia lírica, pero con la Tetralogía entra a lo grande….para el que pueda o quiera seguirlo en su razonamiento. De nuevo, largas entrevistas y justificaciones aunque, como en mi caso, para quien comprenda muy deficientemente el neerlandés, serán lo mismo que nada.

Evidentemente, la sala de ordenadores, las pantallas enormes de último diseño televisivo, las fotos y grabaciones digitales, las conexiones con juegos de internet aunque reiteran situaciones, las adelantan o las reproducen, nos hablan de un mundo virtual en el que hasta la violencia no causa víctimas, en la que el encuentro de Sigfrido y Gutruna es reflejado en dibujos animados como un encuentro sexual que seguramente pasa en sus mentes y que es mucho mejor y menos aburrido y conflictivo que lo que ocurre ‘abajo’ , en ‘la vida real’.

El director del montaje habla explícitamente de ese sitio de internet conocido como ‘Segunda Vida’. Tenía que llegar en la globalización desideologizada (¿de veras?) y pos-posmoderna el momento de ‘vaciar’ a Wagner de su contenido; bueno o malo, compartido o no, pasado o pesado, su texto e incluso su música tienen sus raíces y su razón de ser en una forma de pensar y de sentir el mundo que probablemente se hundió, como el Walhala, en 1945 (¿se hundió?). Si todo depende del hilo de las Parcas (digo las Nornas), lo que nos faltaba es que por un cortocircuito el cable maestro se cargue el mundo viejo (o nuevo, que lo mismo da). Cada vez que alguien hace o dice algo importante, conecta o desconecta. Vaya, lo de apaga y vámonos. Gutruna y en parte Günther son unos adictos a sus ordenadores portátiles, Alberich se aparece a Hagen en un ensueño nocturno probablemente virtual(no parece serlo el beso que le da el padre al hijo en la boca, ignoro con qué retorcidos fines). Todos fotografían, graban, se fotografían y se graban.



Götterdämmerung
Fotografía © 2008 by Annemie Augustijns


El gran dúo del prólogo sucede en el lecho conyugal (tenemos el dudoso honor de ver a Sigfrido en calzoncillos, y para no ser menos, también, y con la misma reserva, más tarde vemos a Hagen -ya pueden ustedes suponer que los del héroe positivo son blancos y los del negativo negros-) donde se discute como un buen matrimonio burgués, que debe de ser famoso porque de pronto entran los paparazzi y ellos se ponen pelucas diversas y sonríen hasta que todos se van. En la gran despedida, los dos héroes comparten un croissant mientras empieza el viaje de Sigfrido por el Rhin. Brunilda es adicta a una bebida gaseosa (ignoro si pagó parte de la producción), además de morir -o no, no me quedó claro- con una dosis de droga en vena. Cuando llama a su caballo Grane, la imagen es la de un hermoso caballo (blanco, sí, acertó usted) pastando tranquilamente. Las ninfas del Rhin son unas criadas bastante insolentes y manoseadoras que recogen la sala después del caos del banquete nupcial (son tres las que cantan, como está marcado, pero figurantes hay muchas más. Me parece bien, son bonitas y se da trabajo, pero lo que no me convence es que después se nos venga con el lamento de los costes de la producción de una ópera, perdón, de un drama lírico o ‘jornada’).

La parte musical, que algún crítico prestigioso local decretó “menos importante que la escénica” por los logros de esta última, no estuvo mal. Que no es decir que estuvo toda bien, pero con esta jornada ya es mucho. La dirección de Törzs no será de las que pasen a la historia, pero fue una buena lectura y la orquesta sonó casi siempre bien (el ‘casi’ ya también se lo imagina uno: algún metal, algún viento que se agotan justamente durante las cinco horas), fue poderosa sin ahogar a los cantantes, y no fue su culpa –sola- si el viaje de Sigfrido sonó banal y apresurado con lo que caía en escena. El coro tuvo una actuación sobresaliente en todos los aspectos.



Götterdämmerung
Fotografía © 2008 by Annemie Augustijns

Las ondinas (una repetía como Norna, novedad) estuvieron muy bien y al unísono, y si hay que destacar a una, sería la ‘Woglinde’ de Van Kerckhove, con la salvedad de que parecía más una soubrette de Mozart o Strauss. Las nornas (la tercera era, como siempre, también ‘Gutruna’, pero la ‘primera’, que debería ser una contralto, se encargó también de ‘Waltrauta’ que es una mezzo y bien aguda por momentos). Sara Fulgoni fue mejor valquiria que norna, pero si en lo último fue sólo correcta, en la primera fue brillante.

Más que brillante, al menos para un papel sin muchas vueltas como ‘Hagen’, fue la labor de Jun, que debutaba en el rol y lo hizo a lo grande. Bork tiene exactamente el tipo de vocalidad y actuación para el torturado y vacilante ‘Gunther’ (me dio lástima que aquí fuera exterminado-gritos de dolor incluidos- con un bate de béisbol, que ‘Alberich’ le entrega a ‘Hagen’ un acto antes). Niessen estuvo más segura en ‘Gutruna’, pero allí también, junto a un material vocal de importancia, tuvo momentos en que la emisión del agudo le resultaba ardua.

Y, claro, los dos protagonistas han sido siempre problemáticos. Hoy, más; y desde que casi todas las compañías quieren tener ‘su’ Tetralogía, peor. Casselman tiene un órgano poderosísimo y absolutamente en crisis en el agudo (ver sus expresiones agrandadas por las pantallas fue a veces un suplicio); en el resto la voz parece sana aunque muy oscura, casi de mezzo. Ryan es un canadiense que da la talla física de ‘Sigfrido’; la vocal…Como muchos otros en otras épocas, hay medios, pero que deberían trabajarse en vez de emplearse en una serie de papeles asesinos en los teatros alemanes. La juventud le permite lucir agudo, lo que no impide que éste se adelgace, salga rígido o casi blanco en muchos pasajes; con todo, es preferible a su centro y su grave, donde aparecen los problemas de entonación. Lo peor es que si se lo oye frasear -aparte de la marcación que le han hecho del personaje- uno suspira recordando lo que eran los momentos ‘bajos’ de un Hans Hopf, por ejemplo. Lo mejor en su labor fue la escena de la muerte, y en general el último acto.

Y como es tarde y en mi mundo real hay que trabajar alguna vez si se quiere ir al teatro (prometo pensármelo mejor en la próxima reposición), aquí los dejo. El que puede, que disfrute de la ‘segunda vida’. Yo con una tengo por momentos más que suficiente….pero, claro, no soy un héroe.

Este artículo fue publicado el 17/06/2008

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