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Digna Babilonia

Bilbao, 19/05/2012. Palacio Euskalduna. Giuseppe Verdi. Nabucco. Libreto de Temistocle Solera, basado en el drama homónimo de Anicet Bourgeois y Francis Cornue y en el ballet Nabuccodonosor de Antonio Cortesi. Daniele Abbado, dirección de escena. Luigi Perego, escenografía y vestuario. Valerio Alfieri, iluminación. Roberto Frontali, Nabuccodonosor. María Guleghina, Abigaille. Carlo Colombara, Zaccaria. Alejandro Roy, Ismaele. Rossana Rinaldi, Fenena. Silverio De la O, Sumo Sacerdote de Baal. Ana Otxoa, Anna. Eduardo Ituarte, Addalo. Coro de Ópera de Bilbao. Boris Dujin, director del Coro. Orquesta del Teatro Regio de Parma. Massimo Zanetti, dirección musical. 60 Temporada de la ABAO
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Nabucco es uno de los títulos que marcan la trayectoria operística de Verdi. De hecho y como nos señala el insigne estudioso verdiano Pierluigi Petrobelli, recientemente fallecido y que la ABAO homenajea en su programa de mano como uno de los impulsores del “Tutto Verdi”, el propio Maestro comentaba que “con quest’opera si puo dire veramente che ebbe inizio la mia carriera artistica”. Era, pues, esperada en el Euskalduna ya que es apreciada por el aficionado al autor italiano.

Las andanzas bíblicas del pueblo judío enfrentado al imperio asirio de Nabucodonosor son aquí abordadas en clave de relaciones humanas. El amor correspondido o no, el ansia de poder, la soberbia regia o la fe en Jehová desfilan por un libreto, debido a Temistocle Solera, que cumple con las exigencias del momento musical que vivía Verdi y donde el personaje que presenta más matices y una evolución destacada a lo largo de la obra es el del protagonista, que pasa de rey conquistador y despiadado a rey loco y acaba siendo, si se me permite la libertad, rey santo.

Para el último título de la 60 temporada de la ABAO se contaba con cantantes de reconocido prestigio internacional. El rol principal fue asumido (después de la temprana cancelación de Nucci y también la de su primer sustituto) por Roberto Frontali. El barítono italiano tiene tablas y sacó adelante con profesionalidad su personaje. Aunque su canto fue de más a menos, sí que destacó su bello timbre, su indudable estilo verdiano y el correcto legato. Un Nabucco humano aunque sin el punto de emoción que se espera de la figura más trabajada del libreto.

La gran baza del reparto era la presentación en la ABAO de la soprano ucraniana María Guleghina como Abigaille. Y no decepcionó en absoluto. Pocas veces se oye en el Euskalduna una voz con esa potencia, esa soltura en la emisión y esa entrega. Dotada de un agudo afilado (aunque alguna vez gritado) y de un centro carnoso y homogéneo, es en la zona grave donde se le puede notar algo más insegura aunque todo su trabajo fue extraordinario e, inevitablemente, toda la atención del público se centró en su canto. Aunque los momentos líricos no son su fuerte nos regaló un muy apreciable 'Anch’io dischiuse un giorno'. Una gran cantante a la que fue un placer escuchar.

El papel de Zaccaria, sumo sacerdote judío, fue defendido por Carlo Colombara, un experto en estos personajes. Gustó en todas sus intervenciones y sobre todo se apreció su elegante legato, su impecable dicción y su modulación tan adecuada al canto verdiano. El gijonés Alejandro Roy defendía el papel heroico de Ismael. Dio lo mejor de sí en el agudo donde la voz corre sin dificultad y la emisión es clara y potente. En el resto de la tesitura se muestran dudas en las zonas de paso y aunque no tiene momentos de gran lucimiento fue aplaudido con cariño por el público bilbaíno. Bastante floja Rossana Rinaldi como Fenena, la hija de Nabucco. Su aria del último acto careció de la fuerza y emoción necesaria, y su canto no destacó en ningún momento, desdibujándose en los concertantes. Tampoco nada destacable que decir de Silverio De la O como Sumo Sacerdote de Baal. Estuvo lejos de ser el bajo-barítono que requiere el papel. Estupenda Ana Otxoa como Anna. Aunque su papel es pequeño destacó su timbre bellísimo, sobre todo en el concertante final donde se le oyó sin dificultad. Bien Eduardo Ituarte como Addalo.

Si por algo es conocido Nabucco entre el gran público es por su conocido coro 'Va pensiero'. No decepcionó el excelente Coro de Ópera de Bilbao ni en él ni en ninguna de sus muchas intervenciones en esta ópera que tanto exige del coro. Solamente en algún momento se vio perjudicado por la, puntualmente, más acelerada dirección de Masssimo Zanetti. Pero en general se mostró perfectamente conjuntado, matizando donde debía y soltando toda su fuerza en los momentos más heroicos. Una vez más, enhorabuena a ellos y a su director, Boris Dujin.

Aunque como se dice más arriba, a Massimo Zanetti se le puede acusar de acelerar los tempi más rápidos en algún momento, en general su dirección fue muy verdiana, sacando a la superficie lo más lírico de la partitura y sin dejarse llevar por destacar lo más conocido y trillado. Estuvo muy atento al escenario y podía hacerlo con tranquilidad porque en el foso estaba la muy avezada en estas lides verdianas Orquesta del Teatro Regio de Parma. El mayor mérito de Zanetti, ayudado por estos estupendos maestros italianos, fue el de decantarse por una lectura que resalta la música que preludia el Verdi del futuro, más que el Verdi de galeras.

La producción, precisamente venida del Teatro Regio de Parma, la firma Daniele Abbado (sustituido en la reposición por Boris Stetka). Aunque tiene una buena iluminación (debida a Valerio Alfieri) y el muro central giratorio, con diversas utilizaciones y elementos, sirve para enmarcar toda la obra de manera adecuada (la escenografía se debe, como el vestuario, a Luigi Perego), el movimiento de actores no resultó del todo convincente. Si el comienzo de la obra es esperanzador, con un pueblo judío con vestimentas que recuerdan la época del holocausto, los personajes principales van vestidos con una ropa que se supone de la época clásica pero que resulta rancia e incómoda para los cantantes. Es bastante desconcertante también que el pueblo y los soldados asirios no hagan nunca su aparición y sus coros sean cantados por el pueblo judío. Se puede comprender que no se cuente con dos coros pero podría haberse diseñado un vestuario más versátil que permitiera distinguir la diferencia entre un pueblo y otro.

En resumen un buen fin de temporada de la ABAO con este título verdiano servido con gran dignidad.



Este artículo fue publicado el 25/05/2012

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