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Venturas y desventuras de un Kapellmeister

Valladolid, 02/04/2011. Auditorio de Valladolid. Mihoko Fujimura, mezzo. Coro de la Comunidad de Madrid. Escolanía de Segovia de la Fundación Juan de Borbón. Jordi Casas y María Luisa Martín Antón, maestros de coro. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Jesús López-Cobos, director. Mahler: Sinfonía n.º 3 en Re menor. Ocupación: 90%
imagen Los méritos de Jesús López-Cobos son indiscutibles: difícilmente pueden compararse las carreras de colegas españoles de la misma generación con la del director cermeño. Normalmente se admira de él la claridad expositiva y su capacidad para la organización. Estas son cualidades que se apreciaron en la interpretación de la Tercera de Mahler -obra larga, difícil y cuyo montaje ya implica cierto mérito, aparte de los resultados- que comentamos, y que a una orquesta como la Sinfónica de Castilla y León le vienen muy bien.
Sin embargo precisamente fue la orquesta la que no tuvo un gran día, y empañó en parte las ventajas apuntadas. Además, López-Cobos -aún reciente su convalecencia por una operación de riñón- no se caracterizó precisamente por insuflar tensión a los profesores y los resultados finales transmitieron cierta falta de concepto, y también de magia (por poner un ejemplo entre varios, en la "llamada" al final del tercer movimiento, justo antes de la coda; un momento memorable que aquí lució poco carácter), con lo que relegaron la "versión" a "ilustración", a veces bien trabajada -por ejemplo en un magnífico Langsam que llegó a emocionar-, pero con ciertos borrones.

Los borrones ante todo vinieron del viento-metal, que desempeñó sus cometidos bastante por debajo de lo exigible, con pifias en sus partes solistas que destrozaron no poco ese clima de intimidad y emoción que Mahler pretende otorgar a unos instrumentos considerados tradicionalmente como no aptos para tales sutilezas (desgraciadamente en esta concreta ocasión se confirmó esa falta de adecuación). Tampoco los violines anduvieron duchos, bastante difusos, aunque en mi opinión no se desdibujaron en exceso, teniendo en cuenta lo que hay. Desde luego, en este repertorio es donde más se ponen de manifiesto las carencias de una cuerda aguda necesitada de cuerpo y redondez, y con esas premisas el público acude a escucharla, lo que no implica que haya que resignarse a ello, ni mucho menos. Los violonchelos, sin embargo, gozaron de buena presencia sonora, y además López-Cobos insistió en destacar sus entradas en el primer movimiento, lo que supuso un toque de energía que se agradece.

La parte vocal estuvo por lo general correcta. Fujimura tiene una buena voz de mezzo aguda, de sonido en general bien educado, lo que le permite sentirse cómoda en gran parte de la tesitura, aunque también carece de ductilidad en la emisión, y por lo tanto de ese coloreado sutil imprescindible en el lied. Por ello a veces tiene que dramatizar el significado del texto de forma poco apta, incluso con movimientos corporales, como ocurrió aquí. Así, tampoco logró crear ese ambiente hipnótico que logran otras cantantes, incluso menos dotadas en cuanto a material, en su "Oh Mensch!". Los dos coros, el de la Comunidad de Madrid y la Escolanía de Segovia, intervinieron más que dignamente, sobre todo si tenemos en cuenta los estragos que tanto tiempo en escena (y seguramente las alergias primaverales) empezaron a hacer en los niños, que sin embargo cantaron muy atentos a las indicaciones de López-Cobos, este moderno Kapellmeister cuyas capacidades musicales no siempre garantizan los resultados a los que aspira.


Este artículo fue publicado el 13/04/2011

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