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Siempre nos quedará Mozart

Barcelona, 24/04/2012. Gran Teatre del Liceu. Die Zauberflöte (Viena, Theater auf der Wieden, 30 de septiembre de 1791). Libreto de E. Schikaneder y música de W. A. Mozart. Dirección escénica: Joan Font (Comediants). Escenografía y vestuario: Joan Guillén. Intérpretes: Georg Zeppenfeld (Sarastro), Erika Miklósa Varga (Reina de la Noche), Pavol Breslik (Tamino), Susanna Philips (Pamina), Joan Martin-Royo (Papageno), Ruth Rosique (Papagena), Vicenç Esteve Madrid (Monostatos), Tobias Schabels (Orador), María Hinojosa (primera dama), Anna Tobella (Segunda dama), Inés Moraleda (Tercera dama) , Mikhail Vekua y Kurg Gysen (Sacerdotes/Guerreros), y miembros del Cor infantil de l’Orfeó Català. Orquesta Sinfónica y Nacional de Catalunya (OBC) y coro del Teatro (preparado por José Luis Basso). Director: Pablo González.
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Aunque París es un valor más o menos seguro (esperemos que lo siga siendo dentro de unos días), y un refugio, Mozart lo será siempre más. Y la prueba es esta Flauta, cuyas tres representaciones (abarrotadas) se antojan escasas y necesarias en este momento del Liceu, de Barcelona, de Catalunya, de España. No hay más que recordar que si Wotan le prometió una espada a su hijo humano, la flauta la creó el padre de Pamina y con ella sola llegan los animales (me faltó un elefante esta vez, no sé por qué) a bailar en forma más que amistosa y se superan peligros de todo tipo. Sin duda, necesitamos esa flauta (y las campanillas, y hasta el candado).

El público rió complacido y aplaudió fuerte. ¿Con qué derecho voy a decir ahora que no todo funcionó como para tanto? Suele pasar mucho, cada vez más y no sólo aquí, con este título. Porque lo necesitamos, y cada vez más (mala cosa, pero así es).

Digamos que a nivel de gran teatro estuvo en primerísimo término el debutante Zeppenfeld. La voz no es enorme, pero timbradísima, bella, extensa en ambos extremos, homogénea, de afinación y dicción impecables y actuación precisa. Curiosamente, su magnífica ‘O Isis und Osiris’ no fue aplaudida (sí, y mucho, la segunda de sus arias).

Pavol Breslik, Joan Martín Royo e Inés Moraleda © 2012 by A Bofill

Como nombre, Breslik era el otro ‘gran’ elemento internacional. Sigo pensando, como en su reciente ‘don Ottavio’ londinense, que canta mucho mejor que antes pero con un timbre más apagado, y aquí pareció problematizado por los pianísimos de su gran aria aunque dio perfectamente el personaje de Tamino. De pianísimos tratándose, la muy aplaudida Pamina de Philips no demostró tenerlo más que en tres ocasiones y sólo en una fue lucido y natural (por suerte fue en el aria) . Tiene mucha voz (tal vez demasiada para la parte) y suena algo metálica en el agudo (en la escena del suicidio frustrado se le escapó algún grito). Uno lee su repertorio, pese a su juventud, y se queda pensativo. Para este personaje, tendría que ver la iluminadora (y excesiva, incluso perversa) clase magistral de Schwarzkopf sobre ‘Ach, ich fûhl’s’.

Joan Martin-Royo sigue ascendiendo en su carrera: su Papageno es simpatiquísimo y bien cantado. Naturalmente hizo todo lo que se le pedía (incluso algunas morcillas en catalán, bien recibidas pero absolutamente innecesarias, que también son tradición en otros lugares. Sin embargo, Papageno no es el Frosch del Murciélago). ¿Quién habría podido pedirle más variedad de matices, alguna hondura en ese adorable personaje? Está en una tradición mayoritaria y con grandes representantes, y en ella no desentona.

Susanna Phillips y Joan Martín Royo. © 2012 by  A Bofil

Fue muy adecuada Rosique en Papagena, y excelentes los sacerdotes y guerreros de Vekua y Gysen. Un soberbio Monostatos resultó el de Esteve Madrid. Las tres damas empezaron muy poco coordinadas (y en el quinteto final del primer cuadro hubo más de un problema). Individualmente fueron correctas, tal vez la que mejor resultó fue Moraleda. No me gustó su marcación de ‘flappers’, pero eso no es culpa de ellas.

Muy bien los niños, que también superaron los nervios de su primera intervención.

El ‘Sprecher’ de Schabel no fue malo, pero la faltó mayor poder vocal (la voz es buena) y sobre todo autoridad (y eso no sé si será fácil conseguirlo). Muy aplaudida también Miklósa (que figura, por ejemplo, en la última grabación de Abbado): típica voz ácida, de centro y grave escasos y desagradables y con trémolo (el recitativo y primera parte de su primer aria lo demostraron) aunque efectiva en las agilidades y agudos (si uno acepta que sean o se los emita como si de una soubrette de opereta se tratara); muy correcta como actriz.

Sensacional la labor del coro, como siempre óptimamente preparada.

La orquesta es buena, pero como ya me ha ocurrido en algunos conciertos que le he escuchado en el Auditori, con su director titular las cosas no acaban de cuajar. No obstante, esperaba, vista la anterior Dafne, correcta si no brillante, que las cosas fueran por el estilo. Pero González, ya desde la obertura, hizo una lectura anodina, pesada y en algunos momentos de las cuerdas (los genios), francamente discutible y de fraseo ramplón (por citar, véase el final de la canción inicial de Papageno, las arias del tenor, la primera de la Reina, la introducción del segundo acto). Cuando decide hacer sonar percusión y metales, las cosas se desequilibran aún más. Claro que Mozart puede con todo.

La parte escénica es la enésima reposición de la versión del grupo Comediants, que nos presentan una fábula simpática, más bien alegre, poco insistente en los aspectos ‘negros’, sencilla y lineal, con mucho color y mucho movimiento. Tiene de meritorio que se repone desde 1999 sin parar y con gran satisfacción de todo el personal. Uno puede desear más o distinto, pero no mejor. A ver cuántas veces se repondrán con éxito algunas producciones ‘rompedoras', tipo (pero no sólo) Bieito o Konwitschny.



Este artículo fue publicado el 11/05/2012

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Comentarios:


Zwerg 13/05/2012 10:41:27
En castellano se escribe Cataluña.

Epif ania 13/05/2012 0:15:23
Pues a mí me parece el mejor articulista que tiene MC, su sabiduría no conoce límites y en lo que se refiere a índices de masa corporal es mi gurú.

Epit afio 11/05/2012 11:16:34
"Voz ácida". "Mucha voz". "Voz metálica". "Voz no enorme". ¿Pero dónde ha estudiado este crítico para poner tal ristra de tonterías? ¿No se debería tener una base minimísima para escribir sobre cualquier tema en un medio especializado?
En un artículo sobre la fusión nuclear a nadie se le ocurriría poner literalmente que la fusión está muy bien, y demasiada fusión es mala, y que la fusión retrotrae a matices de azul marengo. Si no tengo ni idea sobre un tema, no escribo sobre ese tema. Punto.



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