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Juventud, divino tesoro

Florencia, 27/10/2006. Teatro Comunale de Florencia, W. A. Mozart: La finta giardiniera, drama jocoso en tres actos (1775). Libreto atribuido a Giuseppe Petrosellini. Emilio Sagi, dirección escénica; Jesús Ruiz, escenografía y vestuario; Eduardo Bravo, iluminación. Enrico Iviglia (Don Anchise), Ruth Rosique (Sandrina-Violante), Samuele Simoncini (Il Contino Belfiore), Giselle Baulch (Arminda), Anna Tobella (Il Cavalier Ramiro), Michelle Buscemi (Serpetta), In-Hui Kim (Nardo). Orquesta del Maggio Musicale Fiorentino. Enrique Mazzola, director
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La edad, como tantas cosas, tiene dos caras, según queramos verla: así es posible hablar a la vez de la ventaja de la juventud y los privilegios de la edad (madura, se entiende). Como ambivalente es mi sensación a la hora de afrontar esta crítica: por un lado está la coherencia de abordar la recensión como parte de una programación, la temporada otoñal del Comunale de Florencia. Desde este punto de vista tengo que decir que, si bien la puesta en escena ideada por Emilio Sagi y Jesús Ruiz es magnífica, el nivel musical queda decididamente atrás, sobre todo por los cantantes. Por otra parte, frente a los recortes presupuestarios, no deja de ser interesante la iniciativa de montar una ópera juvenil mozartiana -por primera vez en Florencia- con los cantantes del ‘Progetto Giovani del Maggio Musicale Fiorentino’. Claro que entonces también tendría que expresar mis dudas sobre la idoneidad del Comunal, descomunal -perdón por el juego involuntario de palabras- y de acústica irregular, que no favorece a los jóvenes cantantes y se adapta peor que la Pergola a una obra de estas características.

Enrico Iviglia y Ruth Rosique
Fotografía © 2006 by New Press  Photo
Archivio Teatro del Maggio Musicale Fiorentino

Al final he decidido obviar la primera posibilidad (ya saben, con comentarios maliciosos del tipo “buena función de fin de curso”) para centrarme en la segunda: entre los jóvenes talentos destacaba sobremanera Ruth Rosique, cantante que está ya encaminada hacia una carrera internacional de cierta envergadura, que va cimentando gracias a una gran musicalidad, soltura escénica y preparación técnica que le permitieron afrontar con solvencia las agilidades de ‘Sandrina’ (que son más difíciles de lo que parece a primera vista) así como su aguda tesitura. Sólo podemos desear que, como los buenos vinos, Rosique siga mejorando con el tiempo, el camino es ese.

A su lado Samuele Simoncini mostró una buena disposición para la agilidad (aquí el ‘Contino Belfiore’ tampoco se queda corto), si bien la voz se queda un tanto atrás conforme sube. Desenvuelto sobre la escena, fue un buen contrapunto para ‘Sandrina’. El terceto de los tres mejores se cierra con la pizpireta ‘Serpetta’ de Michelle Buscemi, a medio camino entre ‘Despina’ y ‘Zerlina’, con una comicidad adecuada y sin problemas ante los escollos vocales.

Samuele Simoncini y Giselle Baulch
Fotografía © 2006 by New Press  Photo
Archivio Teatro del Maggio Musicale Fiorentino

Lástima que la interpretación de Enrico Iviglia como el ‘Podestà’ fuera más solvente desde el punto de vista actoral que musical: correcto, tendrá que trabajar para adquirir una mayor presencia vocal. Casi lo mismo puede decirse de Giselle Baulch como ‘Arminda’, canto correcto al que tiene que encontrar una mayor fantasía interpretativa. Y lo contrario del ‘Ramiro’ de Anna Tobella: la voz es apreciable, es la parte actoral la que tiene que desarrollarse, y con ella la interpretación musical, que quedó un tanto plana. Por último, In-Hui Kim, bello timbre de bajo, pero con lagunas técnicas evidentes respecto a sus compañeros de escena, por no hablar de la nula articulación de la palabra, comenzando por la pronunciación (las dobles consonantes, básicas en italiano, por ejemplo).

El orgánico reducido de la Orquesta del Maggio Musicale no sonó especialmente inspirado, sino más bien desganado, a pesar de la entusiasta dirección de Enrique Mazzola, que no consiguió evitar demasiados desencuentros entre escena y foso, en los que a veces los primeros iban un compás por delante. Por otra parte, era indudable que el director constituía un punto de referencia fundamental, a juzgar por la atención que le prestaban los cantantes, salvo Rosique y Simoncini, que parecían un paso por delante en este punto.

Acto III
Fotografía © 2006 by New Press  Photo
Archivio Teatro del Maggio Musicale Fiorentino

Si Emilio Sagi se distingue por algo es por la frescura de sus direcciones escénicas, vivaces y adecuadas al espíritu de la obra, como volvió a demostrar una vez más en esta ‘fingida jardinera’, ayudado por la puesta en escena imaginativa de Jesús Ruiz -autor asimismo del vestuario- de gran colorido además de permitir un movimiento escénico fluido y una buena transición entre los actos segundo y tercero, que se dieron seguidos. Desde luego ayudó a hacer más ligera una obra no exenta de algún momento menos interesante.



Este artículo fue publicado el 09/11/2006

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