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Sobre la competencia y “el algo más”

Cádiz, 25/11/2006. Gran Teatro Falla. Manuel de Falla: El fuego fatuo (arreglo de Ros-Marbà): núms. 3, 7 y 8. Felip Pedrell / Manuel de Falla: La canción de la estrella. Eduard Toldrá: Vistas al mar. Maurice Ravel: Mi madre oca. Leticia Rodríguez, soprano. Orquesta Ciudad de Granada. Director: Antoni Ros-Marbà. Ocupación 60 %. Festival de Música Española de Cádiz
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Con el título “Cataluña y Manuel de Falla: vasos comunicantes” se celebró uno de los últimos conciertos de Festival de Música Española de Cádiz. El programa, variado y no muy ‘comercial’ para lo que un público de música clásica suele entender por este concepto -música más habitual, de repertorio-, comprendía varias composiciones, de distinto calado y amplitud. El director encargado de llevar a buen término la empresa fue el maestro Antoni Ros-Marbà, gran experto en el ambiente musical al que el título hace referencia, lo cual demostró con versiones en general muy bien planificadas y medidas, a lo que se pueden añadir algunas matizaciones, como suele ocurrir casi siempre con cualquier músico.

Es evidente que la música compuesta por don Manuel para su relativamente fallida ópera El fuego fatuo no tiene secretos para el maestro catalán, desde el momento en que se interpretó la versión de concierto que el propio Ros-Marbà arregló en los años 70, concretamente tres números del trabajo completo. El carácter danzable y un poco inocente de algunos momentos de esta obra, basada íntegramente en composiciones de Chopin, se escucharon interpretados con mimo, finura y evidente cariño hacia la obra escénica (que aquí ya no era tal) del compositor gaditano. Marbà se las pinta solo para entresacar elegancia de ambientes evocadores, definiéndoles con leves matices tímbricos. De ahí, igualmente, que el acompañamiento a la soprano granadina Leticia Rodríguez fuera modélico en La canción de la estrella de Pedrell / Falla.

Algo menos modélica fue la prestación de Leticia Rodríguez, aunque no careciera de interés. Estamos hablando de una excelente voz de lírica con posibles, plena de poderío en la zona alta de la tesitura, y de una artista generosa que no escatima volumen ni entrega; en contra, se le podría pedir mayor dominio técnico a la hora de colocar el sonido, voz más centrada, emisión más depurada y sutileza en el legato. Los momentos más destacados fueron aquellos en los que podía exhibir su dotado instrumento, en los que desgraciadamente para ella la composición no abunda, con los que en general su interpretación en líneas generales apareció un poco gris al desarrollarse buena parte en la zona media-baja y a través de medias voces. Con todo, se trata de una cantante con grandísimas posibilidades, que bien encauzada puede llegar a hacer excelentes cosas.

Toldrá y Ravel son dos compositores muy afines a lo que se puede considerar la especialidad del director de Hospitalet de Llobregat, cercano al estilo donde puede dar más fácilmente en la diana. Así ocurrió con la bellísima Vistas al mar del primero -basada en tres poemas de Joan Maragall cuya principal inspiración es, como el propio título indica, el mar, con sus vaivenes, cambios de estado y plasticidad-, muy cuidadas las transiciones de la intensa transformación motívica, bien calibradas las descargas. Y, ante todo, perfectamente transmitido un colorido levemente nostálgico y camerístico (la obra fue concebida para cuarteto de cuerda).

En Ravel el resultado no fue tan redondo, más que nada porque la interpretación de Ma mère l´oye en versión de ballet completo requiere un punto de vista de línea más definida, más arriesgada si se quiere, y ante todo personal. Las cosas sonaron en su sitio, pero en cierta medida esta música, creada para acompañar una imagen, no lo olvidemos, en sí misma carece de una estructura capaz de compensar los momentos tranquilos, muy abundantes y habitualmente enlazados, con los rápidos o coloristas, más puntuales; con ello, se requiere una interpretación poderosa, innovadora, que entusiasme con su concepto, un ‘algo más’ que poseen esos grandes que sí han dejado su huella en estos pentagramas, lo que no ocurre con Ros-Marbà, maestro de lo bien hecho pero que en este momento no demostró creatividad desbordada precisamente.

En definitiva, un buen concierto de música no muy habitual pero excelente, servido por una orquesta muy competente en todas sus familias y registrado además por RNE gracias a ingenieros granadinos que han asegurado posteriormente, al parecer con enorme conocimiento de causa, respetar rigurosamente toda la dinámica sonora de la orquesta. Veremos si este hecho, aun en el caso de que se consiga, se aprecia convenientemente en la señal que esta cadena sirva al oyente, habitualmente congestionada. En cualquier caso esperaremos a febrero, que es cuando se nos ha indicado será emitido el concierto, para poder disfrutar del sonido pleno de una centuria sinfónica entre las paredes de nuestro salón.



Este artículo fue publicado el 01/12/2006

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