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Una jornada gris

Santander, 06/08/2012. Palacio de Festivales. Final del XVII Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea. János Palojtay: Concierto para piano en la menor op. 54 de Robert Schumann. Ah Ruem Ahn: Concierto para piano nº 2 en do menor op. 18 de Serguei Rachmaninov. Tamar Beraia: Concierto para piano nº 5 en mi bemol mayor op. 73 'Emperador' de Ludwig van Beethoven. Orquesta Sinfónica de Madrid. Jesús López Cobos, director.
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Un sabor agridulce es el que dejó esta final de la edición XVII del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O'Shea. Y no precisamente porque Santander hubiera decidido continuar con la grisura climatológica que había imperado estos días pasados: el de hoy fue uno de esos días que te hace reconciliarte con el verano del norte de España y casi estoy por decir que con el mundo en general. No, la grisura la provocó exclusivamente el concurso-concierto.

En una final como esta, los protagonistas deben ser los pianistas concursantes, pero en este caso, lamentablemente, la Sinfónica de Madrid se convirtió por momentos en una desagradable protagonista, sobre todo para los dos primeros pianistas de la noche, Palojtay y Ahn. Paloma O'Shea mostró en la rueda de prensa de presentación de esta final su satisfacción porque la Orquesta Sinfoníca de Madrid, la orquesta residente del Teatro Real, viniera a acompañar la prueba final, el concierto sinfónico. Pero nada hubo digno de orgullo, sino una profunda verguenza cuando en el tercer movimiento del Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov los metales irrumpieron como una charanga de pueblo destrozando lo que hasta entonces era una interpretación rutinaria pero digna por parte de la pianista coreana Ahn. Y su acompañamiento del Concierto para piano de Schumann resultó en todo momento tan mediocre que poco disfrute hubo de lo que -objetivamente hablando- es uno de los grandes conciertos del Romanticismo. Para mí se trató simplemente del problema de una orquesta de baja calidad a pesar de su ilustre nombre, cometido y tradición. Xoán M. Carreira, nuestro editor, considera que lo sucedido en la conclusión del Concierto nº 2 de Rachmaninov es un caso claro de animadversión o algún tipo de venganza de la orquesta hacia la coreana Ahn, pues la chabacana extemporaneidad de la sección de vientos fue concertada y no puede achacar a un mero accidente o incompetencia.

El primer pianista de la noche fue el húngaro Janós Palojtay, un buen pianista pero cuya elección por parte del jurado para participar en la final había sido ya bastante discutido para muchos de los que siguieron regularmente el concurso. Yo lo había escuchado en su segundo recital [leer reseña] y me chocó su pase, pero ignorando lo realizado en el primer recital, en la prueba de cámara y en el concierto mozartiano -vi sólo fragmentos- consideré que no estaba en condiciones de juzgar. Su versión del Concierto de Schumann esta noche fue muy, muy floja. Dejando aparte algunos errores, o más bien notas sucias, y algún descontrol en el pedal, su concepto de la partitura fue el de un estudiante aventajado de un conservatorio cualquiera. La impresión en términos deportivos es que 'tiró la toalla' recién comenzada su ejecución y que perdió a los puntos en su desigual competición contra la orquesta.

A la coreana Ah Ruem Ahn le orquesta le puso aún peor las cosas, independientemente de la pifia final, pero es indudable que supo imponerse a la orquesta y consiguió mantener su visión, su tempo y -a menudo- hacerse escuchar sin perder calidad de sonido y sin descuidar el ataque. Fue la pianista más aplaudida, pero el mérito se debió más a Rachmaninov que a ella. A menudo malgastó las grandes melodías del Concierto, tendía a ser plana y aburrida en el aspecto dinámico, y en general poco original. Técnicamente no tiene problemas, excepto por cierta falta de potencia, pero eso es un problema muy habitual cuando se toca Rachmaninov, un auténtico monstruo del piano, y en esta ocasión Ahn tenía en contra la acústica del Palacio de Festivales, la inclemente agresión de la orquesta y la tensión de estar participando en la final del Concurso.

La noche hubiera sido aún más gris de no haber sido por Tamar Beraia, la única que se mostró como una auténtica concertista. López Cobos empezó muy bien el Concierto Emperador y la fluidez se mantuvo casi en todo momento. La alternancia de partes orquestales y solísticas individualizadas ayudó a Beraia, que podía mostrar sus planteamientos mucho mejor que Palojtay y Ahn, condenados por la propia estética de sus piezas a entenderse -o no entenderse- con la orquesta. Tras escuchar a Beraia en el Concierto para piano nº 21 en do mayor K 467 de Mozart con la Real Filharmonía de Galicia en la fase anterior, donde mostró ciertos problemas de dinámica y en general de potencia, tenía mis dudas sobre su capacidad para imponerse con el Concierto Emperador, pero desde el mismo comienzo demostró que sabía muy bien lo que estaba haciendo y que Beethoven es un compositor con el que se entiende. Los tres movimientos fueron bellísimos y sin intentar emular en ningún momento a su admirado Glenn Gould, Beraia mostró cierta personalidad, cierta individualidad, aún no muy acusada pero indudable. Conoce las tradiciones interpretativas pero además ha madurado su visión de la obra lo suficiente como para dotar de interés lo que está haciendo y mostrar su autonomía.

No sé lo que decidirá mañana el jurado. Pero mi valoración está clara: Beraia es la mejor de los tres finalistas. Lo que no tengo tan claro es si se le debe conceder el primer premio o quizás dejarlo desierto -como ocurrió en otras ocasiones- y darle a Beraia un segundo premio y la posibilidad de hacerse cargo de todos o parte de los compromisos concertísticos reservados al ganador. El Premio del Público creo que ya es suyo a juzgar por los comentarios que fluían educada pero también apasionadamente entre el público que prácticamente llenó la Sala Argenta del Palacio de Festivales.



Este artículo fue publicado el 07/08/2012

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Comentarios:


Ehhh 10/08/2012 23:35:51
Platón y Sócrates vivieron mucho antes que Chopin, y sin embargo todavía sirven de ejemplo. Recuerde, Ayayay: en la Posmodernidad el concepto de porgreso según avanza la Historia, es algo más que discutible.

Ayayay 09/08/2012 22:43:46
Cuántos años hace de lo que hizo Chopin, clases, conciertos o lo que sea? El vivió en los tiempos en que la gente viajaba en diligencia, la tisis no conocía penicilina y cosas así... Creen que se puede seguir haciendo como en su época?

casi me da algo 09/08/2012 22:24:45
Zabaleta comparada con Chopin. Vivir para ver.

Ehhh 09/08/2012 10:07:24
Lo que confirma que no vivía sólo de dar conciertos. Y qué pena que no tenía esos súper-estudios pedagógicos y por tanto era un "pésimo" profesor. O a lo mejor es al revés, que el pedagogismo es una de las peores plagas de los últimos años [a la LOGSE me remito].

Pippo 09/08/2012 8:25:01
Ahí es nada: si chopin podía, nosotros también. No vamos a ser menos!


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