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Exitosa gala a pesar de todo

Salta, 08/07/2012. Teatro Provincial. Dos ballets con música de Igor Stravinsky. Pulcinella: Alejandro Cervera (coreografía). Valentín Fernández (Pulcinella). Jean-Blaise Druenne (Arlequino). Sabrina Wehner (Colombina 1). Comprimarios, Colombinas, Pastores y Figurantes. María Goso, Carlos Ullán y Federico Finocchiaro (cantantes). Escenografía y vestuario cedidos a préstamo por el Teatro San Martín de Córdoba. Orquesta de Cámara Moderna. Directora Mª Yeny Delgado. El Pájaro de Fuego: Jorge Amarante (coreografia, vestuario e iluminación). Sabrina Wehner (el Pájaro de Fuego). Jean-Blaise Druenne (el Principe Iván). Alvaro Danilo Monar Viñá (el brujo Kastchei). Fernanda Martiny (la Princesa). Doncellas, Soldados y Séquito del Brujo. Leandro Regueiro y Liliana Ivanoff (director y subdirectora del Ballet de la Provincia). Orquesta Sinfónica de Salta. Director Mº Jorge W. Lhez. Gala Patriótica en homenaje al 9 de julio de 1816, día de la Declaración de la Independencia Argentina. Por decisión de los integrantes del ballet y la orquesta, la presentación fue dedicada a la bailarina Constanza Daniela González Brie y los músicos Carolina Pineda Andrade (violonchelo) y Sabrina Liendro (violín).
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En el pre-ensayo general de El Pájaro de Fuego, la bailarina González Brie tuvo la mala fortuna de caer desde el escenario hacia el foso de la orquesta. Ambos planos están separados verticalmente por cerca de tres metros. Lo hizo sobre las instrumentistas Pineda Andrade y Liendro, ocasionando un daño importante al violonchelo de la primera. Por supuesto ninguna de las tres pudo actuar. Ambos cuerpos estables quedaron sensibilizados, sobre todo el Ballet.

El origen del accidente fue la falta de la marcación de seguridad que debe estar dentro de la marcación límite del escenario. No fue pedida a los técnicos y tampoco supervisada por quienes debían hacerlo. De suyo que nadie busca una situación de esta magnitud dramática, pero sucedió y la acción puesta en marcha por las autoridades y ámbitos jurídicos seguramente deslindará las responsabilidades correspondientes aprovechando también para solucionar deficiencias anteriores planteadas oportunamente.

Pudo ser una tragedia irreparable. No lo fue y se debe agradecer. Como así también, fue de significación la rápida presencia del director Lhez y otros que ayudaron físicamente a las accidentadas. Los integrantes del ballet de la Provincia, a su vez, agradecen la preocupada intervención del Ministro de Cultura y Turismo Dr. Mariano Ovejero, que se reunió con representantes de los grupos afectados. Todo eso ayudó a los artistas a superar las secuelas de un hecho que pudo tener consecuencias más difíciles que las ocurridas y por ello la Gala pudo hacerse gracias a que el profesionalismo de los artistas venció a los aspectos síquicos y emocionales que afectó a todos.

Llegó el Himno Nacional cantado con fervor por el público.

El empresario Serguei Diaghilev, para su compañía de Ballets Rusos, deseaba un argumento relacionado con la antigua Commedia dell'Arte (siglos XVII y XVIII). El compositor elegido fue Igor Stravinsky cuya música ya conocía por El Pájaro de Fuego, Petrushka y La Consagración de la Primavera. Stravinsky, de inicio, rechazó la idea de escribir sobre la base de composiciones como las de Pergolesi o Wassenaer, entre otros, pero a poco de estudiar las partituras de esa época, encontradas en bibliotecas de Nápoles y Londres enfrentó la tarea con un sentido musical neoclásico. El argumento, como ocurría en la época, no carece de cierta infantilidad, pero la música de Stravinsky permite lucir el arte de un cuerpo de ballet como el local. Hay celos, burlas, golpizas, enredos, pero finalmente triunfa el amor, como era costumbre en esos años. Muy lucidas, claras y de apreciable volumen las voces de Goso, Ullán (antiguo conocido de Salta) y Finocchiaro y espléndidos cuando forman tercetos sobre la exigente línea musical del autor.

El ballet está pensado por Cervera en su desplazamiento general aunque contiene un importante grado de improvisación en los movimientos individuales que rematan en un brillante cuadro colectivo final. Developpes y cabrioles con influencia de la escuela rusa son ejecutados a la perfección. El grupo orquestal de cámara, conducido por la directora asistente Yeny Delgado, brindó un marco de acompañamiento sonoro de alta calidad, destacando las particularidades tímbricas con sus tempi irregulares y las habituales e hirientes disonancias de Stravinsky.

De allí se pasó, ya con orquesta completa, al admirable ballet El Pájaro de Fuego, la leyenda de fantasioso argumento basada en historias folclóricas rusas sobre el ave mágica, de intenso brillo, que para quien la captura puede representar tanto una bendición como una maldición. Ivan pasea por el bosque, luego de un ligero sueño, al despertar, se encuentra que está en un jardín encantado donde reina el malévolo Katschei. Allí aparece el brillante Pájaro del que obtiene una pluma. Se enamora de la más linda de las princesas y luego el brujo intenta convertirlo en piedra. Llama en su auxilio al Pájaro que hechiza a los malos, los cuales después de una danza infernal desaparecen para siempre y los príncipes celebran su boda. En verdad el Pájaro es un ser que brinda vida, felicidad y fuerza y encabeza un guión tal vez pasado de moda pero de fácil entendimiento. Pero claro, este ballet vivirá por siempre por la revolucionaria y descriptiva música de Stravinsky, audaz, de extremado colorido y una rítmica novedosa. La base argumental también tiene mucho que ver con creencias y dioses hindúes, entre ellos el Dios de la Danza.

Amarante es responsable de un movimiento coreográfico transparente y pone particular empeño en destacar el gesto del bailarín más que la figura técnica que usa, con lo cual obtiene una humanidad poco frecuente. El vestuario es interesante, como lo fue la actuación de Sabrina Wehner, dulce, sensible y noble encabezando las cuatro figuras principales del ballet sin que por ello las tres restantes, Druenne, Monar Viñá y Martiny dejaran de estar en un alto nivel. Por ejemplo el inicial solo de Ivan con elevaciones magníficas y brillantes brisses me hacen pensar que debe haber leído sobre las ideas del fabuloso Bejart en esta obra. El grupo salió airoso de su cometido artístico.

La orquesta excelente en sus solos y sus pasajes de conjunto. Como ya va siendo costumbre, Lhez brinda una seguridad no solo a sus dirigidos sino a quien se debe como eficaz acompañante: el cuerpo de baile y sus solistas. Fue un regalo para los ojos y oídos apreciar como piruetas, saltos, finales de brazos y manos, carreras, movimientos de conjunto, dúos expresivos, ataques del brujo y amor de los enamorados, pudieron hacerse casi perfectos montados en el preciso marco sonoro de los músicos y de una batuta segura y por tanto confiable.



Este artículo fue publicado el 12/07/2012

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