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A la búsqueda de un mundo mejor

Berlin, 07/04/2011. Deutsche Oper de Berlín. Die Liebe der Danae de Richard Strauss (1864-1949). Etreno, Salzburgo, 16 de agosto de 1944. Escenografía: Bernd Damovsky. Vestuario: Dorothea Katzer. Iluminación: Manfred Voss. Elenco: Mark Delavan (Júpiter), Thomas Blondelle (Merkur), Mark Duffin (Pollux), Manuela Uhl (Danae), Hulkar Sabirova (Xanthe), Matthias Klink (Midas), Hila Fahima (Semele), Maertina Welschenbach (Europa), Gro Bente Kjellevold (Alkmene), Katarina Bradic (Leda). Coro de la Deutsche Oper (director del coro: William Spaulding). Orquesta de la Deutsche Oper. Director musical: Ulrich Windfuhr. Aforo: 66%
imagen Muchos asociarían al compositor bávaro con la política nazi en donde nunca se mezcló. Pero sin embargo tuvo su corazoncito: aquellos que posean un CD de la soprano Heather Harper con las Cuatro últimas canciones, encontrarán una rareza, Der Arbeitsman, basado en un poema de Dehmel. Es un poema socialista como el poeta y sin embargo Strauss era un burgués confirmado.

Pero Strauss fue siempre un manojo de contradicciones y por eso se escapa a todo esfuerzo por catalogarlo. ¿Quién fue realmente Richard Strauss? ¿Cómo era? ¿Qué postura política tuvo durante la Segunda Guerra Mundial? Quizás lo mas fácil de aclarar es que no fue un nazi; su postura fue bien clara en este sentido y aunque muchos leen en su famosa carta a Hitler una búsqueda de un acuerdo y una bajada de cabeza, la realidad es otra [leer la biografía de Michael Kennedy].

Strauss elogiaba el talento de cualquier procedencia y lo respetaba, por eso le escribió al escritor austríaco mas conocido de todo el mundo, Stefan Zweig, diciéndole que para él, ser un escritor nazi no confería ningún talento especial a quien lo fuera. Esta carta fue interceptada por los nazis y por esa sola razón el ya anciano compositor se vio obligado a escribirle una carta a Hitler, de esa manera pensó que salvaba la vida de la esposa de su hijo, que era judía. Strauss deseaba componer música y tener una vida cómoda, para él la música era una profesión como cualquier otra y su música refleja a través de los años una facilidad de orquestación junto a una inspiración que disminuía con los años. Sin embargo nunca cesó de componer, cuando le faltaba inspiración seguía componiendo, su mujer Pauline llamaba a este ejercicio despectivamente Note spinning, o sea “tejido de notas”. La fácil inspiración del Strauss temprano comenzó a evadirlo de a poco; algo de eso se puede observar en Die Ägyptische Helena y en Daphne, excepto en la escena final.



Thomas Blondelle y el Coro de la Deutsche Oper Berlin
Fotografía © 2011 by Barbara Aumüller


Aunque Danae no es la última ópera, fue la última en ser presentada al público. Strauss había estipulado que el estreno de Danae debería tener lugar dos años después de terminada la Segunda Guerra. El recuerdo de lo que había sucedido a Die Frau ohne Schatten en Viena después de la Primera Guerra todavía estaba fresco en su mente. Su amigo y director Clemens Krauss lo persuadió de que debería ser presentada en el Festival de Salzburgo en 1944 en la ocasión de su 80 cumpleaños. Pero el atentado contra Hitler el 20 de julio hizo que Goebbels cerrara todos los teatros, declarara “la guerra total” y por lo tanto prohibiera el Festival de Salzburgo. Pero como deferencia al compositor permitió que se invitase al público al ensayo general. Luego de esa première tan exclusiva Strauss bajó al foso orquestal y felicitó a los miembros de la orquesta: “nos encontraremos nuevamente en un mundo mejor”, dijo a los músicos.

El 14 de agosto de 1952, Danae fue presentada a un público no elegido a dedo en el Festival de Salzburgo: la parte de Júpiter, asignada a un bajo barítono había sido transpuesta dada la dificultad del rol.



Katarina Bradic, Hila Fahima, Mark Delavan, Martina Welschenbach y Julia Benzinger.
Fotografía © 2011 by Barbara Aumüller


Danae es una joven a la merced de las circunstancias que la rodean, es la hija del endeudado Rey Pollux, quien a fin de saldar sus deudas decide casar a sus hijas con ricos reyes vecinos. Júpiter las conoce a todas sexualmente -Semele, Europa, Alkmene y Leda- pero se enamora perdidamente de Danae mandando un mensajero llamado Chrysopher que es en realidad el Rey Midas. El mensajero se enamora de Danae y ella de el, y así continúa la acción. Midas, el Rey que convertía todo en oro con su toque, se encuentra que su abrazo también convierte a Danae en oro. Júpiter la rescata pero ella rehúsa sus atenciones confirmando su amor por Midas. Al hacerlo, el enojado Júpiter hace de Midas un barrendero y los destina a vivir en la pobreza. Luego decide visitarlos y se da cuenta de que la pobreza no disminuye el amor que Danae siente por Midas y se arrepiente en una hermosa escena, quizás la de mejor música de toda la ópera.

Este es un Júpiter diferente, mucho más humano que de costumbre, y refleja el anhelo de muchos intelectuales apolíticos, entre ellos Strauss. Júpiter ordena que los enamorados reciban como premio a su constancia una lluvia de oro, algo muy diferente a la lluvia de bombas que caían en Alemania y que estaban destruyendo los teatros tan queridos por Strauss.

El joven elenco satisfizo completamente. La soprano Manuela Uhl tuvo que batirse con una tesitura de lírica a ligera, con crueles notas agudas que pudo cantar sin dificultad alguna. Además lució muy bien en escena y tuvo la delicadeza y nobleza deseada para el rol.



Matthias Klink y Manuela Uhl.
Fotografía © 2011 by Barbara Aumüller

El rol de Júpiter es el más largo de todos y aun cuando fue bajado de tesitura, sigue siendo cruel. Sin embargo Mark Delavan encontró su mejor voz y despachó al rol con muy buen gusto, buen canto y una actuación que reflejó la posición de Dios Supremo. Si el director de orquesta no hubiera dirigido todo a un cansador mezzoforte, Delavan hubiera llegado aun más fresco a su grandiosa y conmovedora escena final.

El joven tenor Matthias Klink también tuvo que medirse con las inmensas demandas que Strauss pone frente a todo tenor. Sin embargo Klink lo tuvo todo, desde una convincente figura en escena a una voz bella de color mozartiano y extensión straussiana y pudo con el registro agudo sin problemas y sin perdida de color alguna. Mark Duffin destacó como un rey Pollux abrumado por las circunstancias, Thomas Blondelle fue un divertido Mercurio, y en general el elenco convenció por su musicalidad y buena actuación.



Burkhard Ulrich
y el Coro de la Deutsche Oper Berlin
Fotografía © 2011 by Barbara Aumüller


Danae es una ópera larga que podría bien ser acortada por lo menos una media hora sin dañarla, hay demasiadas palabras y la acción parece por momentos interminable. Tampoco contribuyó mucho la dirección de Ulrich Windfuhr, quien mantuvo a la orquesta a un nivel de volumen mezzoforte que no sólo cansó al oído sino que restó posibilidades expresivas a algunos cantantes, Delavan en especial.

Quizás debería haber recordado el consejo de Strauss para aspirantes a directores de orquesta: “¡si se escuchan los metales es porque están sonando muy fuerte!”


Este artículo fue publicado el 15/06/2011

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