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Amor, vida de mi vida

Salzburgo, 12/08/2007. Palacio de los Festivales, sala grande. Plácido Domingo, tenor, Ana María Martínez, soprano. Orquesta del Mozarteum de Salzburgo bajo la dirección de Jesús López Cobos. Programa: Federico Chueca (1846–1908) preludio de El bateo, Federico Moreno Torroba (1891–1982) 'Amor, vida de mi vida' de Maravilla, Pablo Luna Carné (1879–1942) De España vengo' de El niño judío, Federico Moreno Torroba 'Tienes razón amigo' de La chulapona, Federico Moreno Torroba 'La Petenera' de La marchenera, Manuel de Falla (1876–1946) 'Danza ritual del fuego' de El amor brujo, Federico Moreno Torroba '¡Cállate, corazón! – ¡Duérmete y calla!' dúo de Luisa Fernanda y Javeri de Luisa Fernanda, José Serrano (1873 – 1941) Romanza '¿Qué importa que no venga?' de Los Claveles, Reveriano Soutullo Otero (1884–1932) 'Quiero desterrar de tu pecho el temor' de La del Soto del parral, Gerónimo Giménez y Bellido (1854–1923) Intermedio de La boda de Luis Alonso, o La noche del encierro, Manuel Penella (1880–1939) 'Todas las mañanitas' de Don Gil de Alcalá, Pablo Sorozábal (1897–1988) 'En un país de fábula' de La tabernera del puerto, Federico Moreno Torroba 'Luché la fe por el triunfo' de Luisa Fernanda, Manuel de Falla 'Jota' de El sombrero de tres picos, Ruperto Chapí 'Las carceleras' de Las hijas del Zebedeo, José Serrano 'Junto al puente de la pena' de La canción del olvido, Federico Moreno Torroba 'En mi tierra extremeña' dúo de Luisa Fernand y Vidal de Luisa Fernanda. Emilio Arrieta Corera (1823–1894) 'Escena y Dúo de Jorge y Roque' de Marina, Reveriano Soutullo Otero 'Bella enamorada' de El último romántico, José Maria Cano Andrés (*1959) 'Un gitano sin su honor' de Luna.
imagen En un principio, para este concierto estaba prevista la participación de Rolando Villazón. Pero el tenor mexicano tuvo que cancelar por encontrarse vocalmente indispuesto. De esta manera, se sumó al número relativamente elevado de cantantes que cancelaron sus actuaciones este año en el Festival, entre ellos Elina Garanca, que iba a cantar dos veces el Stabat Mater de Pergolesi con Anna Netrebko. Luego canceló el tenor Neil Shicoff, pocos días antes del comienzo de los ensayos de Benvenuto Cellini, de Berlioz. Su motivo: la desilusión sufrida por no haber sido nombrado director de la Ópera del Estado de Viena. A esta cancelación se sumaron las de Vesselina Kasarova (una lesión en un pie sufrida durante una función en Munich) y finalmente, pocas horas antes de su concierto, Anna Netrebko, que declaró encontrarse indispuesta. Esta última fue más criticada, dado que la diva rusa (con pasaporte austriaco), es uno de los grandes imanes de un público ávido de celebridades. Una tormenta en un vaso de agua. Anna Netrebko no había cancelado, hasta la fecha, ni una de sus treinta actuaciones en Salzburgo y hubiese sido correcto otorgarle el beneficio de la duda. Si realmente se encontraba vocalmente indispuesta, era mejor cancelar antes de comprometer su salud vocal.

El caso Villazón es algo más complicado ya que ha venido cancelando muchas actuaciones en lugares diversos dando lugar a especulaciones sobre el estado de sus cuerdas vocales o de su salud en general. Es cierto que hoy día, los cantantes conocidos, y sobre todo los estelares, cantan demasiado, a menudo partes que no son las más convenientes para sus cuerdas vocales. Resultado: las carreras, y en particular las estelares, suelen ser cada vez más cortas.

En este respecto, Plácido Domingo constituye una excepción. Pocos artistas vocales han cantado tanto, y tantos roles diferentes. Este asombroso tenor acaba de celebrar sus 40 años en la Ópera de Viena, donde ha cantado 29 partes diferentes en un total de 189 funciones (a éstas deberían sumarse conciertos en diversos lugares de la ciudad y por lo menos una ópera en el Theater an der Wien). En otros teatros líricos, como el Metropolitan de Nueva York, Domingo ha cantado aún más partes y funciones. Cierto es que en el transcurso de esta larga carrera Domingo ha cancelado muchas actuaciones, pero siempre cuando consideraba que era absolutamente necesariamente hacerlo.

En lo que respecta al Festival de Salzburgo, cabe observar que Domingo no es un cantante que haya actuado con gran frecuencia en Salzburgo. Solo le recuerdo dos producciones operísticas: Cuentos de Hofmann y Ballo in maschera, además de algunos conciertos y recitales. Este año, Domingo se hizo presente en el Festival de Salzburgo para cantar arias y dúos de zarzuelas. Ante la referida cancelación de Rolando Villazón, invitó a la soprano portorriqueña Ana María Martínez (a quien conoció en su concurso Operalia del año 1995) para que comparta con él esta velada. Es interesante notar que la zarzuela, género muy poco presente en Austria, está empezando a cobrar un creciente interés en este país. El propio Domingo cantará en Luisa Fernanda, en el Theater an der Wien, en el transcurso de esta nueva temporada.

El programa ofrecido en esta oportunidad se estructuró, como correspondía esperar, en torno dúos y solos repartidos entre ambos cantantes, además de actuaciones de la orquesta sola, dos de ellas con obras de Manuel de Falla.


Plácido Domingo conversa con la periodista Julieta Rudich al término de la conferencia de prensa que se celebró en la Ópera del Estado de Viena con ocasión de los cuarenta años de Domingo en dicho teatro.

Ana María Martínez, una cantante simpática e inteligente, cantó a la altura de las circunstancias y conquistó las simpatías y aplausos del público. Pero la estrella de la noche fue Domingo, y ello no sólo por su pasado sino porque sigue siendo un gran cantante. Domingo es un gran músico, inteligente, simpático, dotado de gran personalidad escénica. Es imposible no admirar a Plácido por su desenvoltura musical, su calidad vocal y su calidez humana. Además resultó admirable observar la manera espontánea, sencilla y elegante con la que se encargó de amparar y apoyar a la joven cantante para que recibiera su parte de la atención del público.

El director musical de este velada fue Jesús López Cobos, un atento acompañante que supo guiar a la orquesta del Mozarteum de Salzburgo en un repertorio que casi nunca frecuenta.  

Luego de concluido el programa oficial, Domingo emocionó al público con su intensa versión de No puede ser, de La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal. Luego de un solo de Ana María Martínez (de María la O, de Lecuona), ambos cantaron, como guiño al público austríaco, el dúo Lippen Schweigen de La viuda alegre de Franz Lehár. El concierto estaba siendo filmado para su retransmisión diferida en un canal alemán, y al cantar el dúo de Lehár, los solistas no bailaron unos compases de vals tal como, obviamente, se había programado. Por lo tanto, volvieron a salir para despedirse, esta vez definitivamente, con una repetición de este hermoso dúo en cuyo transcurso bailaron unos compases del vals.


Este artículo fue publicado el 21/09/2007

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