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Junto al mar y entre dos eras: Festival de Rotterdam

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Aún años después de finalizado su contrato como director general de la Orquesta Sinfónica de Rotterdam, el ahora director honorario Valeri Gergiev no puede dejar de volver anualmente al festival organizado en la moderna sala de conciertos De Doelen en esta ciudad marítima elegida por los nazis como la destinataria del primer gran bombardeo aéreo de la historia a un conglomerado civil. Imposible dejar de emocionarse viendo desde el avión la prolijidad y sofisticación de su área portuaria y su reconstrucción arquitectónica. Un edificio publico que pudo salvar su maravillosa estructura Art Deco aloja hoy al museo Boijmans con el añadido de un pabellón nuevo y una colección de arte de todos los tiempos junto a sobrios y cautivantes jardines. Un visita al barrio de museos del Boijmans es tan importante como asistir a la casa de la Filarmónica, para sumergirse en esta atmósfera tan hanseática y marítima como la del festival todavía llamado “Filarmónica de Rotterdam. Gergiev”. El tema del festival de este año fue “Sea and you” (el mar y usted). Durante dos semanas, una audiencia entusiasta pudo experimentar a precios accesibles un repertorio que inteligentemente acentuó gustos tradicionales en la primera semana con Gergiev, para dar paso a mayores variaciones y experimentaciones en la segunda bajo el liderazgo del director actual, Yannick Nézet-Séguin.

El maestro ruso y los filarmónicos locales inauguraron el festival con obras de Rachmaninov, Prokofiev y Sitsjedrin y también dedicaron otro concierto a Reger Dutilleux y Strauss. Gergiev dirigió también a la orquesta, coros y cantantes del Mariinsky en una versión de concierto del Otello verdiano, que permitió a los espectadores admirar al verdadero y único gran sucesor de Plácido Domingo en el rol, Aleksandrs Antonenko, y a la Desdemona de Viktoria Yestrebova. También hubo un recital de piano con obras de Mozart y Liszt a cargo de Lise de la Salle y una velada donde el cuarteto Artemis con Mendelsohn y Beethoven. En la segunda semana, Nézet Séguin dirigió una versión antologicamente original en variación de tiempos y de silencios de la Sinfónia del Nuevo Mundo de Dvorak y para culminar en una “Gran noche del mar” con dos conciertos que se reseñan por separado. Gavin Bryars presentó su poema sinfónico sobre el Titanic, con variaciones sobre la música con la que la banda del crucero acompañó hasta la inmersión de los ejecutantes en los momentos finales del hundimiento del buque hace cien años. Completaron el festival obras corales, programas para niños y conferencias. Una magnífica actuación del Coro del King´s College me permitió admirar la acústica de la sala con el Stabat Mater de Palestrina, y otro Stabat Mater, el de Arvo Pärt, fue ejecutado por el Goeyvaerts Trio y Vox Luminis.

Según Hans Waage, director general del Festival, la alternativa de concentrar al público alrededor de festivales, aparte de los ciclos de conciertos, es esencial para la promoción de orquestas, conjuntos de cámara y solistas en busca de un público que se espera sea cada vez mas variado. Fundamental en esta tarea es convencer a los donantes, tanto públicos como privados, que no se persigue como propósito fundamental la venta total de entradas, ya que la música no puede presentarse nunca como un artículo de venta masiva. Se trata de incitar la curiosidad de cualquier tipo de espectador alrededor de una ocasión festiva que junto a veladas musicales debe incluir también espacios como los de la sala de la Filarmónica donde el público puede pasar gran parte del día juntando vivencias artísticas variadas.

Parte de esta estrategia en el caso de este festival consistió en organizar algunas veladas con dos conciertos de aproximadamente una hora cada uno y sin pausa, con un intervalo largo entre ambos, y un picnic a disposición de los espectadores. Waage también alude a otros elementos estratégicos con el fin de realzar la atmósfera musical, como por ejemplo, el evitar abrir los programas con oberturas de ópera, a menos que puedan relacionarse temáticamente con las piezas siguientes. Y nunca un concierto para piano después de una obertura. El tener que reacomodar la orquesta y ubicar el piano después de pocos minutos de música no hace sino distraer al espectador. “Algo importantísimo en los conciertos es comprender que estos son un rito, que hay un ritual a observar”.

Pero, ¿atrae esto a audiencias mas jóvenes, y a públicos distintos? Para Waage lo fundamental aparte de conservar al publico tradicional o “de base”, es saber incitar a la curiosidad de los mas jóvenes sin pedanterías o arengas eruditas sobre como consustanciarse con la obra. “Simplemente hay que ofrecer algo que despierte el interés de algunos que reincidirán. Otros simplemente preferirán otro tipo de manifestaciones artísticas. Mire: luego de uno de los conciertos se me acercó un joven entusiasmado por "Dvorak 9". Pues que bien, le respondí, ¿asi que le gustó la sinfonía? "No", me contestó, "me gustó la Dvorak 9, y por supuesto que no me preocupé de informarle que precisamente se trataba de una sinfonía o en qué consistía este género. Él tendrá que hacer su propio viaje musical y tal vez el comienzo estuvo en este concierto, que, como mucha gente, consideró primeramente como la oportunidad de pasar una buena noche, sin pensar en torturarse intelectualmente. Se trata de ganar gente, no de discutir con ella. Tal vez el proceso de conocimiento mas sesudo vendrá mas adelante." Waage respondió a mi propia curiosidad por ver como se la arregla un empresario de conciertos para atraer gente joven en tiempos de crisis con algunos comentarios adicionales: “Me he dado cuenta que a los jóvenes no parece atraerles mucho Mozart, a pesar que es un nombre que conocen. Por ello hay que saber mezclar bien Mozart con otros compositores. ¿Bruckner? Tanto ha disminuido la educación musical en Holanda, que muchos ni siquiera han oído hablar de él. En cambio, cautiva inmediatamente a los jóvenes las obras de Shostakovich. Y también Dutilleux gustó mucho a la audiencia joven en este festival. Ritmo y repeticiones parecen ser los ingredientes mas atractivos para una audiencia joven”. Cuando le confieso lo que me molestan los aplausos cada vez mas frecuentes entre movimientos de una sinfonía o un concierto, la respuesta es provocadora: “A mí no. Y fíjese que no lo hacen mucho. Por lo demás, depende mucho del director, que tiene que saber no bajar los brazos demasiado rápido o no hacer un gesto que incite el aplauso.”

Hans Waage ha tenido la oportunidad de presidir la Orquesta Filarmónica de Rotterdam entre la época de Gergiev y Nézet Séguin, “dos personalidades diferentes, musicalmente hablando, pero geniales en su profesionalidad y su energía para inspirar a la orquesta”. Preparación sesuda, capacidad explicativa y psicología para con la orquesta son cualidades usadas por mi entrevistado para definir a Nézet Séguin, momentos antes de someterlo a mi juicio en el concierto de cierre de este festival de Rotterdam y su cautivante áurea marítima.



Este artículo fue publicado el 21/09/2012

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