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Una visión nueva y refrescante

Buenos Aires, 20/08/2005. Teatro Colon. El Barbero de Sevilla, ópera bufa en dos actos de Gioacchino Rossini (1792-1868), con libreto de Cesare Sterbini basado en la comedia de Beaumarchais, estrenada en Roma en 1816. Régie y escenografía: Willy Landín. Iluminación: Rubén Conde. Elenco: Luis Ledesma (Figaro), John Osborn (Conde Almaviva), Luz del Alba Rubio (Rosina), Sávio Sperandio, (Don Bartolo), Carlos Esquivel (Don Basilio). Dirección del coro: Salvatore Caputo. Dirección musical: Julian Reynolds. Coro y Orquesta estables del Teatro Colon. Aforo: 100%
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Durante mi reciente visita a la Argentina, pude asistir a la representación de la conocida ópera bufa rossiniana El Barbero de Sevilla, que regresó al escenario del celebre Teatro Colon tras ocho largos años de ausencia. Como ya es costumbre en todas las producciones que se han llevado a cabo hasta el día de hoy dentro del presente ciclo lírico, la administración del teatro contrató dos elencos de destacados cantantes internacionales.

Como tuve la suerte de escuchar un reparto distinto al que reportó previamente, Gustavo Otero, el corresponsal de Mundo Clásico en la Argentina, y con el fin de ampliar la cobertura que este medio hace de las actividades líricas que se realizan en el máximo coliseo bonaerense, ha sido el propio Gustavo quien amablemente me ha cedido por esta ocasión su espacio para publicar mis comentarios.

Lo primero que llama la atención es la parte visible de esta reposición, por la novedosa producción contemporánea de Willy Landín, quien además de concebir y diseñar la escenografía e iluminación, se ha encargado de la dirección escénica. Los vestuarios acordes a la época en la que desarrolla la acción la obra correspondieron a la vestuarista Lucia Gutman.

Final del Acto I. Fotografía © 2005 by Miguel Micciche

La puesta en escena, ambientada en los años cincuenta, dió una visión nueva y refrescante de una ópera que es habitualmente representada con producciones tradicionales, cumpliendo con su cometido que es el de divertir. En su regie, Landín ha hecho valer los aspectos cómico-teatrales, así como las múltiples posibilidades escénicas que le ha permitido la obra, de una manera ligera, expresiva e irónica, mediante el uso de imprevisibles bromas y un justo sentido de la comicidad. Por ejemplo: ¿Cuántas veces se pueden ver a Figaro y Almaviva, conducir un auto en el escenario, o a Rosina cantar su aria 'Una voce poco fa' vestida como animadora de un equipo deportivo, o al conde Almaviva cantar la escena de la lección de música vestido como un hippie?

En su debut al frente de la orquesta estable, el maestro londinense Julian Reynolds, quien desde 1986 ocupa el cargo de director asistente de la Ópera Holandesa de Ámsterdam, ofreció una estimulante lectura de adecuados tiempos, de la cual logró extraer animados ritmos y melodías. El coro estable tuvo un sobresaliente desempeño en cada una de sus intervenciones bajo la conducción de su titular, el maestro italiano Salvatore Caputo.

Final del Acto II. Fotografía © 2005 by Miguel Micciche

El elenco de cantantes, de amplia trayectoria internacional y diversas nacionalidades, contó con la presencia del barítono mexicano Luís Ledesma, que hizo del personaje de 'Fígaro', un personaje rico, de sutil vena irónica, que se desenvolvió con soltura y expresividad. En la parte vocal exhibió un desempeño que fue de menos a más durante el transcurso de la función, con timbre de agradable calidez baritonal y extrema facilidad en la emisión.

La soprano-coloratura uruguaya Luz del Alba Rubio dio vida al rol de 'Rosina', actuando con naturalidad y particular gracia, con la que logró capturar la simpatía del público asistente que le reconoció con una ovación su notable desempeño. Vocalmente, abordó el rol con voz suave, poseedora de la agilidad necesaria para dar un manejo brillante y casi pirotécnico a la coloratura, y la emisión de agudas notas y notables pianissimi.

El papel del 'Conde Almaviva' correspondió al tenor americano John Osborn, un tenor ligero de la escuela americana, de impecable técnica vocal y extensión, pero cierta rigidez en su desenvolvimiento cómico-escénico. Su prueba de fuego fue la de sacar adelante en forma satisfactoria, la habitualmente omitida aria 'Cesa di piu resistere', a pesar de que por momentos exhibió muestras de evidente cansancio por la exigencia.

El bajo brasileño Sávio Sperandio ofreció una correcta ejecución, mesurada y sin excesos, de 'Dr. Bartolo' con su voz potente y penetrante, y el bajo argentino Carlos Esquivel diseño un malicioso 'Don Basilio' de voz segura, bien calibrada y credibilidad escénica.

En resumen: podemos concluir que la reposición del Barbero de Sevilla en el Teatro Colon, ha brillado con la presencia de un óptimo reparto vocal de trayectoria internacional y ha presentado una nueva propuesta contemporánea, a un público que normalmente gusta de ver puestas tradicionales.



Este artículo fue publicado el 30/09/2005

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