Castilla y León

Mundoclasico.com » Criticas » Castilla y León

Esfuerzos

Valladolid, 18/12/2007. Centro Cultural Miguel Delibes, Sala de Cámara. Barbara Bonney, soprano. Malcolm Martineau, piano. Schumann: Widmung op. 25 núm. 1, Der Nussbaum op. 25 núm. 3, Die Lotosblume op. 25 núm. 7, Lied der Suleika op. 25 núm. 9, Waldesgespräch op. 39 núm. 3, Kennst du das Land op. 98 núm. 1, Mein schöner Stern op.101 núm. 4. Schumann, C.: Er ist gekommen in Sturm und Regen op. 12 núm. 2, Liebst du um Schönheit op. 12 núm. 2, Sie liebten sich beide op. 13 núm. 2, Liebeszauber op. 13 núm. 3, Ein Veilchen, Die Lorelei. Grieg: Fra Monte Pincio op. 39 núm. 1, Med en vandlilje op.25 núm. 4, En svane op. 25 núm. 2, Váren op. 33 núm.2, En drøm op. 48 núm. 6. Strauss: Vier letzte Lieder: Im Frühling, September, Beim Schlafengehen, Im Abendrot. Ocupación: 60% de 500
imagen

Un recital con cantante de renombre y obras maravillosas no es sinónimo de disfrute acorde a esos dos elementos, por muy predispuesto que se vaya. Este de la famosa soprano Barbara Bonney y el pianista Malcolm Martineu, con obras de la familia Schumann, Grieg y Richard Strauss, supone ejemplo perfecto de esta aseveración, porque ni el acompañante, pese a sus loables esfuerzos, ni desde luego la soprano supieron estar a la altura en gran parte del concierto.

Es Barbara Bonney una soprano lírica cuya técnica deja mucho que desear por la falta de control de que adolece en gran parte de sus elementos canoros. El aire no es tratado convenientemente, lo que provoca limitaciones bastante evidentes en el agudo, que ha de dar a toda potencia para colocarlo con un mínimo de probidad, rompiendo continuamente, como es normal, la línea de canto. El sonido puede llegar a ser bello en algunas notas, pero acusa absoluta falta de flexibilidad para intentar matices mínimamente imaginativos, porque su canto parece salir de un esfuerzo continuo. Y no es exactamente que el estilo de la soprano sea inapelablemente soso, como a veces se ha escrito. Simplemente, no podría ser otra cosa. Notas abiertas, fijeza de ataques, pérdida de la posición con el intento de cualquier regulador, engolamientos, etc., fueron comunes en el recital, si bien se fue notando que poco a poco la cantante se fue centrando en sus posibilidades, afortunadamente para Grieg y Strauss, que tuvieron la suerte de ser interpretados en la segunda parte del recital.

No es, además, Barbara Bonney una cantante ducha en el arte del Lied, tan complejo, porque no puede colorear la voz con delicadeza y su expresión siempre es altisonante, operística si se quiere. Y, por muy fría que se salga a escena, o aunque el transcurrir del tiempo haga que no tenga la seguridad de antaño, no es de recibo cantar Widmung como lo hizo, calante, descolocada, intentando desesperadamente evitar el desastre total. Una pieza tan hermosa no se merece algo así. En parecidos términos transcurrieron los otros tres Myrthen, algo mejor en Die Lotosblume, con adecuado aire melancólico. En Waldesgespräch la soprano confundió el dramatismo con la histeria, de nuevo por razones técnicas: le era imposible mayor finura en las gradaciones, e hizo lo que realmente podía. Mejor de nuevo le fue con Clara Schumann y Grieg, donde le cogió cierto punto a la media voz y a un imperfecto apianado (poco redondo) para lograr interpretaciones al menos correctas: destacaron Die Lorelei, donde logró tensión en el relato en estrecho maridaje con el pianista, y En drøm, envolvente y soñador.

Lo mejor de la noche fueron los Vier letzte Lieder, con la cantante a sus máximos niveles de perfección posible. Las versiones fueron lentas, un punto manieristas en los efectos, pero plausibles, muy bien estudiadas y sopesadas más en su tono general que en detalles de buen gusto. La planificación nos pareció experta y, fuera porque se ve más motivada en estas obras, porque las ha interpretado más veces o porque se adaptan mejor a sus posibilidades, Barbara Bonney fue capaz de cantarlas con emoción y un conveniente grado de abstracción y precisión, sin esos sentimentalismos extraños a la naturaleza de estas canciones maestras a los que algunas famosas straussianas han sucumbido.

El escocés Malcolm Martineu, que había hecho mucho por coordinarse con la soprano, sin conseguirlo en bastantes ocasiones -no hubo excesivo entendimiento entre ambos probablemente por falta de ensayos-, debió reprimir ese protagonismo al que algunos pianistas tienden cuando suenan sin su acompañado, y rompió desgraciadamente el ambiente reflexivo conseguido en Beim Schlafengehen y Im Abendrot, si bien dejó ejemplos de buen gusto en el fraseo sobre todo en los Lieder de Clara y Robert Schumann.



Este artículo fue publicado el 31/12/2007

Compartir


Bookmark and Share


Envía un mensaje
Nombre:
Comentario:
Control:
Arrastra el nombre de MOZART hasta el contenedor naranja
  • Mozart
  • Brahms
  • Beethoven
  • Wagner