Bélgica

Mundoclasico.com » Criticas » Bélgica

La reina, ausente con aviso

Bruselas, 16/04/2008. Palais des Beaux Arts. Elisabetta regina d’Inghilterra , libreto de G. F. Schmidt y música de G. Rossini . (Teatro San Carlo, Nápoles, 4 de octubre de 1815).Intérpretes: Margueritte Krull (Elisabetta), Antonino Siragusa (Norfolk), Gregory Kunde (Leicester), Annamaria Dell’Oste (Matilde), Yves Saelens (Guglielmo) y Blandine Staskiewicz (Enrico). Orquesta y coro (director: Piers Maxim) del Teatro. Dirección: Julian Reynolds
imagen La rara ópera de Rossini lo es por los préstamos de que está compuesta y por la dificultad de encontrar una protagonista y dos tenores de excepción. Aquí parecían reunirse todas las condiciones -además de la forma de concierto, que nos alejaba de otros peligros-, pero Anna Caterina Antonacci llegó sólo al primer ensayo para comprobar que no se encontraba en condiciones. Naturalmente, fue mejor así, pero no la solución que se le dio al problema.

Ciertamente, no hay muchas cantantes que puedan cantar la parte, y aún menos que la conozcan, pero Krull no sólo carece de cualquier registro definido, sino que su extensión es limitada, su volumen exiguo y además pretende actuar de un modo que hacía recordar a las rubias platinadas de los años treinta (pero Jean Harlow era mejor, y además no cantaba). En su cavatina de entrada -tomada en parte de lo que más adelante sería ‘Una voce poco fa’- no se logró saber si cantaba como soprano o como mezzo (y no hablemos del ‘dominio’ de las agilidades). Que ‘Matilde’ se lleve de lejos la palma no es sólo la buena intervención de dell’Oste en este papel ingrato y difícil, sino una muestra de lo ocurrido.

Por fortuna los dos tenores, el bueno y el malo, tuvieron intérpretes de calibre. Siragusa no tiene, sin duda, un timbre grato o importante -es avaro de color-, pero canta con una técnica y un estilo -recitativos incluidos- de tal seguridad y perfección que fuerza la admiración. Más admiración aún causa Kunde, quien parece haber emprendido una segunda etapa de su carrera, que parecía alicaída o dirigida a un final poco glorioso: sea como fuere, quien este año salvó el Otello en Pesaro, aquí dejó oír una voz importante, entera, firme, extensa, con un grave impresionante y un fiato y un legato que hicieron de su aria (pero también de todas sus intervenciones) una fiesta rossiniana…Tal vez tendría ahora que volver a intentar su antes descolorido y discutible ‘Eneas’ en Les Troyens. Los aplausos fueron especialmente cálidos en las escenas solistas de ambos y en el gran dúo de la prisión, evidentemente los momentos que mejor resaltaron de la partitura.

Algo digno de consignar es el noble comportamiento de Siragusa durante el aria de Kunde. Siguió todo con manifiesto interés y aprobación y se sumó al aplauso cerrado del público. No existe rivalidad, ni siquiera entre tenores, cuando hay sentido del oficio y criterio de cómo se debe cantar un autor. Creo que la mejor crítica que pudo haber tenido Kunde fue esa actitud de su colega, que él compartió, pero más discretamente.

Saelens y Stakiewicz estuvieron correctos sin impresionar, el coro cantó bien pero más en el tipo de los coros del primer Verdi; y el maestro Reynolds se dedicó a correr por aquí y estirar por allá. La orquesta respondió bien, pero aún no entiendo -salvo su paso anterior y actual por Amsterdam- cuáles son sus méritos como director del repertorio belcantista (su Mozart serio es mucho mejor).


Este artículo fue publicado el 28/04/2008

Compartir


Bookmark and Share