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La Bartoli se divierte….

Zúrich, 01/02/2011. Opernhaus. Le Comte Ory de Rossini (estreno: Paris, Ópera, 20 de agosto de 1828). Producción escénica: Moshe Leiser, Patrice Caurier. Escenografía: Christian Fenouillat. Vestuario: Agostino Cavalca. Iluminación: Christophe Forey y Martin Gebhardt. Elenco: Javier Camarena (Le Comte Ory), Cecilia Bartoli (La Comtesse Adèle), Rebeca Olvera (Isolier), Liliana Nikiteanu (Ragonde), Carlos Chausson (Le Gouverneur), Oliver Widmer (Rimbaud). Coro de la Ópera de Zurich (director del Coro: Jürg Hämmerli). Orquesta La Scintilla. Director musical: Muhai Tang. Aforo 100%
imagen Partiendo de la base de que esta ópera se da poco en países no latinos y que por lo tanto el público casi no la conoce, quizás la única razón extramusical por la que fue presentada en Zürich fue que lo pidió ‘La Bártoli’. Musicalmente la obra tiene algunos de los motivos más originales de todas las óperas de Rossini, un humor fresco y melodías y armonías inesperadas que concentran la atención del público. La ópera en sí debe ser tratada con guante blanco, es un soufflé delicioso que debe levantarse poco a poco a fin de mantenerse erguido hasta el final. El Festival de Glyndebourne fue uno de los primeros en presentar esta obra con el gran Vittorio Gui y también este Festival es quien posee una de las más delicadas, humorísticas y creativas producciones que he visto. Ojalá pudiera decir lo mismo de la nueva producción de los franceses Moshe Leiser y Patrice Caurier, que tantas producciones agradables (pero poco inteligentes) han presentado en Londres. En este caso han tomado al público de Zürich como poco sofisticado y eso los ha llevado a poner una producción de carácter provinciano, poco digna de un teatro de tan alta calidad.

La acción transcurre en dos niveles, en el nivel bajo una casa rodante donde ejerce el seductor Ory, más arriba la población de una villita francesa en el período inmediato de posguerra, allí llega un jeep con soldados y entre ellos ‘Le Gouverneur’. Agréguense montones de banderas tricolores, retratos de De Gaulle y bromas archiconocidas y gastadas, poco o casi nada de Personenregie y el resto se lo imaginará el lector. Una oportunidad perdida.



Moshe Leisery Patrice Caurier. Fotografía © 2011 y Jef Rabillon

La obra en sí es indestructible, ya que contiene muchos elementos que la hacen funcionar en forma divertida, pero presenta también el problema de siempre. ¿Cómo divertir al público? ¿Presentándola ‘a las bofetadas’? ¿O presentándole en forma sofisticada y dejando que el humor salga en forma mucho más fuerte, inesperada y espontánea? Recuerdo hace bastantes años haber visto a Gabriel Bacquier como Don Bártolo y a Giuseppe Raimondi como Don Basilio en la Royal Opera House de Londres. Jamás me divertí tanto con estos dos grandes artistas que no pusieron un pie en falso, creando roles en los que ellos mismos creyeron, y por lo tanto tuvieron vida propia sin convertirse en caricaturas.

Lamentablemente Leiser y Caurier no poseen esas dotes dramáticas y cayeron en cuanta trampa y lugar común hubo. No es que el resultado haya sido malo, sino pueril y barato.



Javier Camarena, Liliana Nikiteanu y Coro. Fotografía © 2011 y Jef Rabillon

Dentro de este contexto hubo un cantante que me sorprendió por la facilidad de su registro y por su buen porte. Javier Camarena es un excelente tenor mejicano cuya voz posee cuerpo, buen agudo y sabe moverse en escena. Su Ory mostró algunos de los aspectos que podrían haber sido explorados mejor por los directores franceses, pero lo dejaron por la superficie.

Lo mismo ocurrió con la cantante por la que fueron todos a ver la obra: Cecilia Bartoli. Nadie salió decepcionado a pesar de que -como bien dice mi amigo y colega Binaghi- no es un rol para ella. Pero Bartoli es una artista de alta calidad y supo amoldarse a los requerimientos del rol, si bien en un teatro mas grande quizás no podría haberse notado tanta intimidad vocal. Su coloratura fue impecable, siempre en su estilo tan propio, y se movió con gran soltura y creó un rol tal como se lo pidieron los dos directores.



Javier Camarena y Cecilia Bartoli. Fotografía © 2011 y Jef Rabillon

Es posible que la mejicana Rebeca Olvera tenga un muy buen futuro y se lo deseo de corazón, porque su Isolier lo tuvo todo para hacer mucho más de lo que se vio. ¿Por qué, entonces, no convertir la anteúltima escena en algo mucho mas lleno de sexualidad? ¡Tres personas en una cama y un malentendido con consecuencias! ¿Es que le temen a la sexualidad de esa escena?

Aparte de los arriba mencionados, destacó 'Le Gouverneur' de Carlos Chausson, un cantante que tiene raíces en este teatro y donde ha creado muchos buenos papeles. Este es uno de ellos, su voz es angosta pero de buen color y posee un registro amplio para un rol que tiene mucho en común con Alidoro en La Cenerentola.

Queda la dirección de Muhai Tang, un director de buenos gestos y mucho control de la dinámica quien supo crear atmósfera pero que también debió luchar contra la problemática acústica de este foso que destaca algunos instrumentos y voces mucho más de lo necesario. Tang creó un excelente sonido con humor y con cambios de tempi inesperados redondeando una buena noche de ópera donde faltó el elemento esencial: la creatividad en escena.


Este artículo fue publicado el 09/03/2011

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