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Momento(s) de cambio

Karlheinz Stockhausen: Momente. Martina Arroyo, Gloria Davy y Angela Tunstall, sopranos. Harald Bojé, Aloys & Alfons Kontarsky y Roger Smalley, órganos. Antonio Pérez Abellán y Massimiliano Viel, sintetizadores. WDR Rundfunkchor Köln. Ensemble Musique Vivante. musikFabrik. Kölner Rundfunks-Sinfonie-Orchester. Karlheinz Stockhausen, proyección sonora. Rupert Huber y Karlheinz Stockhausen, directores. Stephan Hahn, Klaus Hiemann, Rainer Kühl y Heinz Wildhagen, ingenieros de sonido. 5 CDs ADD/DDD de 65:56, 47:35, 58:00, 41:00 y 68:00 minutos de duración grabados en Bonn, Colonia, Donaueschingen y Leverkusen (Alemania), del 13 al 14 de octubre de 1965, del 10 al 12 de diciembre de 1972, del 9 al 11 de enero de 1973, y del 12 al 30 de octubre de 1998. Stockhausen Verlag CD 7 y CD 80
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Comenzado ya un nuevo año, proseguimos algunos de nuestros ciclos de reseñas discográficas en marcha, como lo es el del catálogo de la Stockhausen Verlag, dedicado al compositor alemán Karlheinz Stockhausen (Mödrath, 1928 - Kürten-Kettenberg, 2007). Se trata no sólo de una buena oportunidad para dar a conocer ediciones que apenas han sido glosadas en lengua castellana, sino de actualizar las presencias sonoras que estos compactos albergan, que como veremos en el caso del CD 7 se han enriquecido con sustanciosas novedades en el año 2010.

Recalamos hoy en los volúmenes 7 y 80 de la Stockhausen Verlag -formados por cajas de tres y dos compactos respectivamente-, ambos protagonizados por una sola obra: Momente (1962-64/69), que se presenta en versiones de los años 1965, 1972 (ambas en el CD 7), y 1998 (CD 80). Es Momente una obra fundamental en la evolución de la estética stockhauseniana. Partitura ya alejada del serialismo integral de los años cincuenta, sus investigaciones se centran en el ámbito de la sonoridad, de la búsqueda tímbrica, como siempre en Stockhausen aliada con una fortísima componente espiritual y dramática. No es ésta una dirección que Stockhausen tomara en solitario en aquella encrucijada histórica: en los más diversos géneros musicales, la década de los años sesenta vio nacer propuestas desde un punto de vista tímbrico tan radicales y definitorias de cara al futuro (a nuestro presente) como las de Helmut Lachenmann en sus últimos años, si bien todo su recorrido previo ya había revelado partituras epifánicas al respecto por parte de compositores como Mauricio Kagel, György Ligeti, Bruno Maderna, Iannis Xenakis, Luciano Berio, o John Cage, entre otros. 

Stockhausen refleja en sus propias palabras lo que supuso ese salto masivo hacia una creación de fuerte impronta tímbrica en los años sesenta: "La composición única e inconfundible basada en las cualidades del material sonoro, en mi opinión, es en nuestra época tan importante como en su día lo fuera la selección de temas, motivos o esquemas formales, puesto que la composición basada en los timbres y sonoridades ha dejado de ser una manera de colorear una estructura musical para convertirse en un procedimiento con el mismo valor que los demás desde el principio". Ello irá dando lugar a una preponderancia del timbre como sustancia musical que exige instrumentos y técnicas interpretativas específicas para cada obra, de lo que deriva una sonoridad intransferible y plenamente identificable en una primera escucha, constituida en verdadera firma de autor.

Las reflexiones de Stockhausen sobre Momente no se limitan a aquellos escritos de corte más conceptual que podemos leer en Texte zur Musik, como ‘Ein Schlüssel für Momente’, habiéndose prodigado en el ámbito de la notación, posiblemente el proceso que más ha visto alterados sus modus operandi con este tipo de composiciones (con la subsiguiente aparición de los amplios manuales que en estas partituras aparecen como prólogo, y en los que se especifica la ejecución de las numerosas técnicas instrumentales extendidas que conformarán los renovados paisajes tímbricos a los que hemos aludido). A todo ello se suma otro elemento -también típico de los años sesenta- en la construcción del sonido: la complejidad de Momente como partitura modular de riquísimas posibilidades combinatorias, con 30 momentos y 71 insertos musicales que se pueden estructurar de múltiples formas, algo que hace de esta obra (como de tantas otras de Stockhausen) una verdadera invitación a que el intérprete se involucre en la conformación final de la misma, a que defina la factura musical brindada al espectador -al punto de que podemos hablar de una re-composición-.

Escrita para soprano solista, 4 grupos corales, 4 trompetas, 4 trombones, 2 órganos eléctricos y amplia percusión, con el paso de los años la partitura se ha ido enriqueciendo con nuevas aportaciones y metamorfosis tímbricas, y es así como hacen aparición los sintetizadores y la proyección sonora para complejizar un entramado vocal-instrumental de cuya evolución las tres versiones que presentan estos dos volúmenes son fidedigna muestra, con el elenco que estrenó la primera versión de Momente en 1962 haciéndose cargo de la lectura de 1965 en las Donaueschinger Musiktage; la versión hasta ahora ‘canónica’ de 1972, que ya había sido editada en tres vinilos por la Deutsche Grammophon (2709 055); y una última toma en estudio -a cargo de la WDR alemana- que muestra la conformación de la obra realizada en 1998 por algunos de los colaboradores más cercanos al último Stockhausen (entre ellos Antonio Pérez Abellán en los sintetizadores -que reemplazan al órgano-; un Abellán que en la entrevista que con él mantuvimos en 2010 [leer entrevista] nos hablaba de Momente como una de las obras clave de Stockhausen, algo de lo que decía era muy consciente el propio compositor).

Así pues, las versiones de 1972 y 1998 presentan la obra desplegada en toda su expansión, con una duración que roza las dos horas, mientras que la versión de 1965 no llega a los 60 minutos. La finalización de todos los momentos musicales en el año 1969 dio lugar a esta ampliada duración y completó, asimismo, las referencias (inter)textuales y el palimpsesto vocal de Momente, que comprende pasajes procedentes del Cantar de los Cantares, una carta de la artista alemana Mary Bauermeister, exclamaciones en lenguas tribales de Oceanía recogidas por Bronisław Malinowski en The Sexual Life of Savages in North-Western Melanesia (1929), citas de William Blake, nombres de diversos seres legendarios y mitológicos, onomatopeyas y textos fonéticos diversos escritos por Stockhausen, o las propias reacciones producidas entre el público (quizás la parte más abierta e imprevisible en el paisaje sonoro de la obra, aunque en las grabaciones de estudio esas reacciones nos suenan un tanto ‘bajo control’). Acompaña a estos compactos en la ejemplar edición de la Stockhausen Verlag un libro de 33 páginas en gran formato (tamaño vinilo) en el que se adjunta el texto plenamente detallado de la realización de 1972, así como transcripciones fonéticas, ejemplos de partitura, y una gráfica estructuración (una de las muchas posibles) de estos momentos e insertos musicales (procesos de los cuales los libretos de ambos volúmenes también ofrecen prolijas explicaciones).

Por lo que a las interpretaciones se refiere, todas ellas son ejemplares y un verdadero placer por la cantidad de detalles que proliferan conformando paisajes sonoros únicos. Más directa y vehemente es la de 1965, con unos hermanos Kontarsky impactantes en los dos órganos eléctricos, y la interacción con el público más viva y espontánea de todas estas grabaciones. La de 1972, igualmente con el propio Stockhausen al frente, es mucho más refinada en lo tímbrico, más nítida y clara, así como con notables asomos ligetianos que nos harán pensar en piezas como las Aventures y las Nouvelles Aventures (1962-65) del húngaro. Por último, la de 1998 parte de la versión canónica de 1972 (la conocida como Europa-Version) con ligeros cambios con respecto a ésta, realizados en la conformación de la partitura por uno de los mayores especialistas en Stockhausen de las últimas décadas -así como excelente director de música vocal-: Rupert Huber. La presencia sonora de esta última interpretación es sencillamente impactante, apoyada en la mejor grabación de las tres: de un aspecto más vertical y expansivo, con una multiplicidad de planos soberbia, lo cual ayuda a la definición de timbres y sonoridades de forma menos vehemente y abigarrada pero más espacializada y nítida. El uso de sintetizadores en esta versión de 1998 permite un manejo del sonido más escultórico y maleable, aunque la presencia de las masas sonoras no sea tan envolvente y atmosférica como en la versión de 1965 con los órganos. En cuanto al dominio del lenguaje y a la definición del timbre, especialmente en lo referido al ensemble de metales, esta versión de Huber es sin duda la más exquisita; si bien, como hemos visto, y dada la naturaleza combinatoria de la obra y lo histórico de las tres versiones, se haría difícil prescindir de una. Hasta hace dos años, quizás me hubiese inclinado por el CD 80 como versión de referencia. El hecho de que en 2010 el CD 7 de la Stockhausen Verlag haya añadido a la versión en estudio de 1972 la grabada en vivo en 1965 en Donaueschingen puede hacer que las cosas cambien a día de hoy, convirtiéndolo en el volumen más interesante de cara a conocer la obra en esos dos estadios de desarrollo germinal y prácticamente definitivo, además de en sendas lecturas modélicas.

Como ya hemos anticipado a lo largo de esta reseña, las tomas sonoras son en general muy buenas, incluso la de 1965 grabada en directo. La edición de los libretos es, como siempre en este sello, generosísima (81 y 37 páginas respectivamente), incluyendo numerosos ensayos a cargo del propio Stockhausen, gráficos, esquemas, ejemplos de partituras y fotografías. Por último, recordar a los lectores que deseen hacerse con estos registros fonográficos que pueden realizarlo a través de la web de la Stockhausen Verlag; web a la que pueden acceder desde esta misma reseña.

Estos discos han sido enviados para su recensión por la Stockhausen Stiftung

Este artículo fue publicado el 09/01/2012

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