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Un buen comienzo

Buenos Aires, 10/07/2005. Teatro Avenida. Giuseppe Verdi: Un Ballo in Maschera, ópera en tres actos. Libreto de Antonio Somma, basado en 'Gustave III ou le bal masqué' de Eugène Scribe. Carlos Palacios, dirección escénica y escenografía. Aníbal Lápiz, vestuario. Alfredo Morelli y Chango Monti, iluminación. Gerardo Marandino (Riccardo), Luis Gaeta (Renato), María Pia Piscitelli (Amelia), Alicia Cecotti (Ulrica), Sandra Scorza (Oscar), Roberto Falcone (Silvano), Ariel Cazes (Sam), Oreste Chlopecki (Tom), Norberto Lara (Juez), Santiago Burghi (Sirviente de Amelia). Orquesta y Coro Ópera Viva. Director del coro: Martín Palmeri. Director musical: Roberto Luvini. Espectáculo presentado y producido por la Asociación Ópera Viva
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La total inactividad de Teatro Argentino de La Plata, la irregular marcha del Teatro Colón y los altibajos en el Roma de Avellaneda y del Libertador en Córdoba hacen que la actividad de la ópera independiente en la Argentina se potencie y se prestigie cada día más.

La Asociación Civil Ópera Viva se presentó con este Ballo in maschera que denotó un buen nivel artístico y se sumó a las corrientes de renovación escénica que se viene dando en los emprendimientos independientes.

Aspectos visuales

Carlos Palacios optó para la ambientación por un Buenos Aires imaginario en este siglo XXI con un gobernante (Riccardo) que ha logrado imponer la justicia, vencido la corrupción, que generó trabajo y logró hacer florecer las artes. Pero que también engendró enemigos tanto entre los civiles (Sam) como entre los militares (Tom). A eso se suma su amistad y mutua lealtad con su Secretario de Seguridad (Renato) y su amor oculto por la esposa de su amigo (Amelia).

La discusión sobre renovación o tradición en las puestas en escena es tan vieja (como que comenzó hace cincuenta años) como para seguir con ella y sólo diremos que hay ideas renovadoras que funcionan y otras que no.

En este caso, y sin poder concretar en su totalidad la concepción, la idea del cambio de época y lugar funcionaron en la mayoría de las escenas. Quizás en el dúo de amor del acto segundo es donde más se notaron las contradicciones entre el romanticismo del siglo XIX y la puesta del siglo XXI.

Carlos Palacios movió adecuadamente a los protagonistas y a las masas corales aunque no llegó a fondo con los cambios en la actuación para adecuarlos a la renovación visual. La yuxtaposición de banderas argentinas, piqueteros y pueblo en el final del primer acto fue una solución tan tradicional como poco creativa.

Escena del baile de máscaras (Acto III). Fotografía © 2005 by Ópera Viva.

La escenografía del mismo Palacios resultó adecuada. Así el primer cuadro del primer acto es una gran oficina con vista a Puerto Madero, el antro de Ulrica se ubica en los bajos fondos portuarios con las infaltables prostitutas, el pasaje solitario está a las afueras de la ciudad donde se depositan cadáveres, la casa de Renato es de una moderna intemporalidad a la que le falta el cuadro de Riccardo, el gabinete del gobernante es sólo una mesa, una silla y un perchero en el que está su disfraz para la fiesta y, finalmente, el mismo Teatro Avenida es el marco del Baile de disfraces que da nombre a la ópera con todos los invitados disfrazados a la moda del siglo XVIII.

Atinado, coherente con la puesta y de buen gusto el vestuario de Aníbal Lápiz y correcta la iluminación de Alfredo Morelli y Chango Monti.

Aspectos musicales

Triunfadora absoluta de la velada resultó la soprano italiana María Pia Piscitelli, quien se ubicó en un plano de superioridad con respecto al resto del elenco. Su interpretación de ‘Amelia’ contó con dramatismo y adecuado lirismo por partes iguales. Su registró es parejo y su volumen más que apreciable, algún ligero desliz de tiempos y de tono en el final de su gran escena del inicio del segundo acto no empañan para nada su excelente labor.

Gerardo Marandino como 'Riccardo' y María Pía Piscitelli como 'Amelia'. Fotografía © 2005 by Ópera Viva

Gerardo Marandino en una meritoria labor como ‘Riccardo’ mostró un registro más parejo y una emisión menos forzada que en otras ocasiones. Cantó un muy buen primer acto, se lo notó un poco fatigado en el dúo del segundo y volvió a brillar en el tercero.

Luis Gaeta realizó una muy buena actuación. Quizás le faltó algo de brillo en el famoso ‘Eri tu’, pero igualmente fue un convincente ‘Renato’.

Acto II: Luis Gaeta como 'Renato' y María Pía Piscitelli como 'Amelia'. Fotografía © 2005 by Ópera Viva

Profundizando su cambio en el repertorio hacia roles de mayor dramatismo, Alicia Cecotti, resolvió con profesionalidad su parte de ‘Ulrica’ y demostró (además de la belleza de sus bien torneadas piernas) que su cambio está en la buena senda.

Con desenvoltura y coloraturas exactas Sandra Scorza fue ‘Oscar’; un verdadero lujo resultó Ariel Cazes para el pequeño rol de ‘Sam’ y correcto el resto del elenco.

No entendemos la presencia de un cantante aficionado como Roberto Falcone en el rol de ‘Silvano’ dentro de un elenco de profesionales.

Acto I: Luis Gaeta como 'Renato' y Sandra Scorza como 'Oscar'.  Fotografía © 2005 by Ópera Viva

Adecuado resultó el coro preparado por Martín Palmeri.

Roberto Luvini logró un desempeño correcto de la masa orquestal a su cargo y concertó con eficacia.

En suma: un buen inicio para Ópera Viva con este Ballo in Maschera porteño.



Este artículo fue publicado el 14/07/2005

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