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Un director desconocido

Cuenca, 04/04/2012. Teatro Auditorio. Johann Sebastian Bach, Johannes-Passion BWV 245. Sibylla Rubens, soprano. Sophie Harmsen, alto. Andreas Weller, tenor. Eric Stoklossa, tenor. Dietrich Henschel, barítono. Yorck Felix, bajo. Nederlands Kamerkoor. Le Concert Lorrain. Christoph Prégardien, director. 51 Semama de Música Religiosa de Cuenca. Concierto 8
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He disfrutado mucho con Prégardien como tenor, y recuerdo con enorme cariño un recital suyo en Varsovia en el marco del Festival Chopin de 2011, precisamente con canciones de Chopin. Pero este respeto al cantante, no sólo como tal sino también por su inteligencia musical y buen gusto cantando, no evita que me sintiera casi estafada por el Prégardien director de orquesta. Prégardien no es -al menos por ahora- director de orquesta y bastante fue lo que consiguió aprovechando que contaba con un coro y un grupo instrumental sumamente profesionales, al punto de ser capaces de interpretar la Pasión según San Juan incluso faltándole las necesarias indicaciones. Y he utilizado la palabra 'interpretar' y no 'ejecutar' porque los resultados fueron casi siempre buenos, pero con la tensión de que algo podía fallar en cualquier momento, especialmente en la parte instrumental o en la conjunción voces-instrumentos. Prégardien sí atendió al Nederlands Kamerkoor, aunque al modo de los directores de coro que siempre mueven ambas manos paralelamente (hasta el nº 11 de la Pasión no lo vi nunca independizar una mano de otra) y marcan casi exclusivamente el tempo, mientras se despreocupó bastante de los solistas y muy seriamente de Le Concert Lorrain.

En estas circunstancias, lo que podía haber sido uno de los grandes conciertos de esta 51 edición de la Semana de Música Religiosa de Cuenca se quedó en un concierto agradable, con momentos buenos y otros desasosegantes, especialmente para quien está acostumbrado a la práctica musical (no es mi caso) y sabe cuán nerviosos pueden estar unos músicos que no se sienten adecuadamente amparados por el director. Por supuesto en esta ecuación falta por saber cuánto había trabajado Prégardien en los ensayos, pero sinceramente no tuve la sensación de que los intérpretes se sientiesen seguros y cuando los ensayos han ido bien, se suele notar. Además, y como ya comenté en una crítica anterior (la de la Pasión según san Juan, pero de Francesco Feo), los conquenses tenían aún muy cercana en la memoria una interpretación de Minkowski de esta misma Pasión que resultó de gran calidad y siempre es difícil para unos intérpretes imponerse cuando el público aún anhela otra cosa.

Vamos entonces con lo que sí funcionó, empezando por los solistas, especialmente Dietrich Henschel (Berlín, 1967), quien marcó un cambio radical en el devenir del concierto cuando inició sus intervenciones en la segunda parte de la Pasión. Hablar a estas alturas de la calidad musical de Dietrich Henschel creo que es innecesario (es uno de mis ídolos, junto con Quasthoff, ahora retirado), y dudar de su amor por este repertorio más inútil todavía. Este amor se notó en todo momento, en lo importante y en los detalles, y creo que todos los que asistimos al concierto nos quedamos más o menos embelesados por el modo en que Henschel iba cantando con todo respeto las partes corales -supongo que las de bajo- de esta Pasión ¡y lo hacía de memoria! La seriedad con la que abordó sus propias intervenciones, las de Pilatus y las tres arias -o ariosos- de bajo de la partitura, de las que también se hizo cargo, imponía respeto y religiosidad a lo que hasta entonces estaba siendo una intepretación más cercana a lo operístico que a lo propiamente pietista.

Igualmente decisiva fue la participación del Evangelista, el tenor alemán Eric Stoklossa (Dresde, 1979), un cantante muy sólido en los aspectos vocales aunque no demasiado potente, y realmente destacable en los expresivos, especialmente su sentido del fraseo.

En cambio el tenor que se responsabilizó de las arias, Andreas Weller, estaba claramente superado por las exigencias de su parte y resultó casi siempre decepcionante, hasta el punto de que falló notas o se quedó sin aire en alguna ocasión.

La parte de Jesús estuvo a cargo del bajo alemán Yorck Felix (Kiel, 1969), quien mostró más contundencia que agilidad y no siempre se adaptó al papel humilde que debe tener Jesús durante buena parte de la Pasión. Pero con los graves tan preciosos que tiene, lo compensó en otros muchos momentos y muchas de sus frases sonaron como auténticos 'testamentos' por su contundencia y seguridad. Las partes en que se enfrentaba directamente a Pilatos/Henschel fueron aún mejores que sus intervenciones iniciales.

La soprano Sibylla Rubens, una buena especialista en Bach a juzgar por su curriculum, no me convenció. Su planteamiento es más operístico que religioso, al contrario que el de Henschel, a quien no le importa sonar peor si con eso gana expresividad, y en comparación con él las intervenciones de Rubens me resultaron un poco vacías. En su favor debo decir que es una cantante muy ágil en las ornamentaciones y que supo sacar mucho partido de algunas de sus frases, especialmente aquellas que le exigían agudos o tempi rápidos.

Queda por hablar de la contralto que hizo las otras arias, una voz no muy potente que a veces quedaba tapada por la orquesta, e incluso en la segunda aria por su propio bajo continuo, pero que cumplió discretamente con su parte y no desentonó. En su segunda aria me gustó bastante más porque se le pedía ante todo sensibilidad y flexibilidad ante los constantes cambios de pathos, y los tuvo.

Los papeles menores -sirvienta, Pedro, criado- estuvieron a cargo de miembros del Nederlands Kamerkoor, todos los cuales cumplieron muy bien con su parte.

La orquesta demostró que es una gran orquesta, aunque hubo unos cuantos desajustes tanto en las entradas como especialmente en los finales.

Algo parecido le sucedió al coro, que no solía terminar con esa precisión que se le exige a cualquier coro de cierto nivel. Esta falta de precisión fue especialmente patente en los corales a los que le faltaba nitidez en el fraseo.

En resumen: un concierto que no alcanzó los objetivos que se proponía y que eran esperables, principalmente por los defectos de Prégardien como director. Escuchar a Henschel y el resto del elenco lo compensó en ocasiones, pero no siempre.



Este artículo fue publicado el 19/04/2012

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