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Entre uno y otro lado del espejo

París, 06/11/2008. Théâtre du Châtelet. Liza Lim, The Compass, para didgeridoo, flauta y orquesta; Olga Neuwirth, …miramondo multiplo…, para trompeta y orquesta; Sergei Prokofiev, Sexta Sinfonía en mi bemol, op. 111. William Barton, didgeridoo; Gunhild Ott, flauta; Hakan Hardenberger, trompeta. Orquesta sinfónica de la SWR Baden-Baden & Friburgo; Kazushi Ono, director. Festival de Otoño de París
imagen La programación musical del Festival de Otoño de París sigue su curso y nos depara esta vez un sorprendente programa integrado por la obra de dos experimentadas compositoras: The Compass de Liza Lim y …miramondo multiplo… de Olga Neuwirth, y por la Sexta Sinfonía de Prokofiev.

Frente al carácter triunfalista de su Quinta, la Sexta Sinfonía en mi bemol (1947) con su exquisito lirismo, sobre todo en el segundo movimiento, y con la ligereza casi neoclásica del tercero, tuvo una ambigua recepción en el sistema estalinista determinado por el paradigma del ‘realismo socialista’. Un sistema que hacía del arte un instrumento al servicio de una ideología política (a estas alturas ya menos) futurible imponiendo una estética propia donde la búsqueda formalista, fuera esta como fuese, no encajaba. En el concierto del pasado jueves la extrañeza pudo sobrevenir por la programación de esta obra como segunda parte de un concierto de música actual, y más tratándose de una autor de repertorio como Prokofiev y de un marco como el del Festival de Otoño de París. En todo caso la interpretación hizo justicia al contraste de caracteres que integran esta sinfonía.

…miramondo multiplo… (2005) de Olga Neuwirth, para trompeta y orquesta, obtiene el título en referencia a una escultura cinética creada en la década de los sesenta a través de cuyo prisma se observa un mismo objeto bajo un aspecto siempre cambiante. La obra se enfrenta a la realidad con la misma mirada caleidoscópica, multidimensional, como resultado de una perspectiva concreta, lo cual se traduce musicalmente a partir de las referencias veladas que Neuwirth introduce en la obra, Haendel, Miles Davis, yuxtapuestos a modo de collage, o casi diríamos de montaje cinematográfico, disciplina con la que la autora se encuentra familiarizada. La obra resulta en una rica variedad de registros a los que tanto Hardenberger en la trompeta como Ono a la batuta supieron sacar partido.

Dentro de esta misma búsqueda de la experiencia a partir de una particular visión del mundo alejada de la 'ordinaria' encajan la obra y el pensamiento estético de Liza Lim. Cobra entonces una importancia radical la idea de ‘miroitement’, de reflejo de energías escondidas que nos conducen en ese mismo sentido de desvelo y revelación. A este respecto The Compass (2006) resultó más que significativa, con el didgeridoo como solista, remitiéndose a la idea de sacar a la luz aspectos altamente enraizados en la cultura aborigen australiana, que resultan perfectamente imbricados con las dinámicas de una obra sinfónica. Dos soplidos contrapuestos: el didgeridoo aborigen y el de la flauta sinfónica (en realidad, flautín, flauta en do y flauta en sol). El potencial humano de la orquesta sinfónica se puso igualmente al servicio de la aproximación a una de las sonoridades de la naturaleza australiana, junto al canto aborigen solista inicial interpretado por el propio William Barton: cada uno de los integrantes de la orquesta agentes de una percusión imitativa del sonido que emerge de un insecto poblador de la selva. Y de nuevo, la propia orquesta ofreció su más reveladora imagen de totalidad integrada en la metáfora de un gigante instrumento de viento cuando sus integrantes asumieron su instrumento como un auténtico aerófono ejecutándolo a través de soplidos.

Liza Lim ha expresado públicamente su fascinación por el efecto de que los graves del didgeridoo sobrepasen los límites de la sala de concierto. La imagen no puede ser más reveladora: la música escapando a la sala del concierto; el concierto liberándose de su condición de burbuja hermética donde el tiempo se presenta detenido; la música ejerciendo así de puente entre éste y la realidad exterior, de puente entre uno y otro lado del espejo.


Este artículo fue publicado el 14/11/2008

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