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Un hombre de suerte

imagenGracias Tess por aguantar un cuarto de siglo mis locuras y cambios de carácter. Soy un hombre de suerte”. El mensaje fue enviado por blog, porque aquel verano del 2009 los esposos estaban lejos el uno del otro. Ivor Bolton dirigía en el Festival de Salzburgo, y su esposa, Tess Knighton, periodista, musicóloga y profesora de castellano en la Universidad de Cambridge, se encontraba en la casa de Granada. “Me gusta mucho España y me encantaría pasar mas tiempo en mi casa de Andalucía, pero mis ocupaciones solo me han permitido hacerlo durante unos días en los últimos dieciocho meses,” me confió Bolton en la entrevista concedida al comienzo de los ensayos de Tamerlano en la Royal Opera House. Sus ocupaciones incluyen, próximamente, El rapto en el serrallo en el Liceu, Medea in Corinto de Mayr y Cosi en la Opera de Baviera, y Alceste en Aix en Provence, además de los conciertos con la orquesta del Mozarteum de Salzburgo, de la cual es director principal.

El mensaje de bodas de plata delata a Bolton como un típico inglés del norte: franco, vital, y abierto a compartir sus estados de ánimo. Las locuras y cambios de carácter aludidos en el mensaje, están, intuyo, relacionados con el azar de una vida itinerante y plagada de intereses diversos, desde la lectura de la Historia Cultural de la Edad Moderna de Egon Friedell durante la preparación de Tamerlano hasta su escapada en el mismo periodo para hinchar por su “amado Arsenal” y, de paso registrar una típica frustración futbolística en su blog : “¿Pero cuando va la Primera Liga a conseguir estándares consistentes para los árbitros? Parece como si éstos sólo se contentaran con penar el 20% de las peores infracciones, independientemente del estilo de juego, Es por ello que equipos como Stoke se salvan más que Fulham o Arsenal.”

Bolton es similarmente expresivo en su juicio sobre la decadencia de la educación musical en Inglaterra. Nació en 1951 en Blackrod, una ciudad minera cercana a Manchester y fueron las oportunidades educacionales existentes en aquel entonces las que le permitieron entregarse “a la música, en lugar de hacerlo al ejército. No tendría una oportunidad semejante ahora” me comenta, y agrega que “independientemente de las buenas intenciones, la movilidad social es hoy menor que antes en Gran Bretaña. Hoy no me hubiera sido imposible salir de una vivienda municipal con una beca para estudiar música en una buena escuela” En la buena escuela esperaba al adolescente Bolton un profesor de música difícil de olvidar. “Jack Longstaff me introdujo a Mahler y Bruckner como parte de la educación musical básica, y por supuesto que también consideraba como educación básica todos los cuartetos de Mozart y Beethoven. Yo estoy de acuerdo con esto, porque es en la adolescencia cuando se tiene una robusta capacidad mental para absorber partituras y aprender armonía. Es una capacidad que hoy día se frecuentemente se dispersa en muchas horas perdidas en el internet, donde a veces se aprende mucho pero donde también se fragmenta un entendimiento, que, cuando se es joven es necesario concentrar para desarrollar una carrera sólida” Que Bolton sabe usar el internet lo demuestran su blog durante el Festival de Salzburgo del año pasado y los ensayos de Tamerlano en la Royal Opera House. También twitea: “Hoy, primer ensayo general de Jenufa en el Teatro Real Madrid: Anja Silja y Deborah Polaski formidables! (3 de diciembre del 2009 a las 3 de la mañana).

Las enseñanzas de Longstaff ayudaron a Bolton, a asombrar con sus conocimientos de Bruckner a la orquesta del Mozarteum de Salzburgo: “Una orquesta austríaca puede aceptar que los directores extranjeros conozcan bien a Mozart, pero no dan por sentado que lo mismo ocurra con Bruckner. Porque los austriacos consideran a Bruckner como algo muy de ellos, y lo mismo les pasa con Schubert. Algo parecido a lo que ocurre con los ingleses y Elgar...” Las grabaciones de las sinfonías de Bruckner a cargo de Bolton y la orquesta del Mozarteum, de una expresividad clara y precisa, exhiben los antecedentes camerísticos de esta orquesta junto al aporte de un director mayormente conocido en el repertorio barroco. En este tema, Bolton me hace algunas precisiones importantes: “Sí, tal vez es cierto que la disciplina del entrenamiento en música barroca finalmente paga. Uno aprende a estudiar el fraseo y analizar la estructura genera de cada obra, y a explorar la técnica del rubato, y la libertad que es posible darse en los tempi. Pero, finalmente eso de la ´especialización´ no corresponde a la realidad de la vida. Tal vez venda mejor que a uno lo etiqueten como ´especializado´ en tal o cual repertorio, pero, por ejemplo, decir que uno se especializa en barroco, es referirse a ciento cincuenta años de música, de 1600 a 1750. ¿Se imagina decir que uno es especializado en música de 1750 a 1900? Similarmente, ¿no es ridículo decir que uno se especializa en compositores tan distintos y separados en el tiempo como Cavalli y Haendel? Y algo similar ocurre dentro de la vastísima obra de Haendel. No es correcto decir que un director de orquesta es perfecto en Haendel, porque este compositor ofrece partituras muy diferentes. Piense, por ejemplo, en las diferencias entre Giulio Cesare y Rinaldo. Xerxes se caracteriza por tener arias más cortas y concentradas

En su blog, Ivor Bolton recomienda como lectura esencial para entender Haendel Las óperas de Haendel de Wilton Dean y la reciente Cambridge Haendel Enciclopedia, ésta última “cara, pero maravillosa para sumergirse en ella”. Pero, ¿cómo hacer debido uso de la mayor libertad interpretativa que diferencia a la música barroca de la llamada clásica? “Mire, lo mas importante es diferenciar entre los arreglos y las adiciones. Uno puede hacer arreglos, pero no reorquestar. Es importante trabajar con las texturas originales. Cuando decide agregar instrumentos para que algo suene ´mejor´o ´mas bonito´, el intérprete se convierte en compositor y uno no debe nunca convertirse en compositor. Editor, tal vez, pero no compositor. Y en la misma línea, hay que tener la humildad necesaria para evitar escribir ornamentos para los instrumentistas. Uno puede pedirles que toquen mas o menos fuerte, o con mayor o menor incisividad, y también dar instrucciones sobre el color, puede pedir recitativo cantante en lugar de arioso, pero es fundamental tener siempre en cuenta los limites entre el oficio de interprete y el de compositor”. En el caso de Tamerlano, que Bolton considera como una de las mas grandes operas de Haendel, hay diferencias entre una orquesta como la del Real dirigida por Paul Mc.Creesh, que acompañó a Domingo en Madrid, y la Orchestra of the Age of the Enlightement que le tocó a Bolton en Londres. “No sé exactamente si hubo que hacer cambios o transposiciones en la versión de Madrid. En el caso de la orquesta a mi cargo en Londres es importante establecer el volumen y como apoyar bien a los cantantes en el registro y el mundo sonoro diferente de los instrumentos de período. Usted me pregunta si puedo elevar el foso y mi respuesta es que las posibilidades en este sentido son limitadas. El foso del Covent Garden se extiende por debajo de la escena y las medidas de seguridad son muy estrictas.”



Ivor Bolton
© 2010 by Christian Schneider

Luego de completar estudios en el Clare College de la Universidad de Cambridge y el Royal College of Music, Ivor Bolton se entrenó como repetidor en el National Opera Studio, donde recibió una ayuda tan inesperada como decisiva para su carrera como director de ópera: “Georg Solti vino a inspeccionar un día a los tres que nos entrenábamos como repetidores. De repente pidió la partitura Otello que no teníamos a mano. Imagínese los nervios. Pensamos en correr a buscarla a la biblioteca, pero Solti era impaciente y no era cuestión de hacerlo esperar. Es así que le sugerí acompañar el dúo entre Otello y Iago, que me sabía de memoria. ‘¡No está mal!´ me dijo dándome una palmada una ver terminado mi ejercicio. Casi enseguida recibí la primera oferta de Glyndebourne, y tiempo después, supe que Solti, sin decir nada a nadie, me había recomendando”. La primera etapa en la carrera de Bolton se caracteriza por una extrema diversificación, a través de tareas como repetidor, intérprete de clave, y director de orquesta líder de los St James’s Baroque Players en Londres, y el Festival Lufthansa de Musica Barroca.

Pero su decisión de intensificar y expandir repertorio operístico fue inspirada por Bernard Haitink durante un ensayo de Don Giovanni: “Era la primera vez que lo veía en acción. Un instrumentista no sólo llegó tarde y agitado sino que luego de cometer una falta en el ensayo pidió a Haitink que le repitiera una instrucción que no había alcanzado a comprender bien. Haitink le pidió disculpas y le dijo que trataría de hacerse mas claro con una nueva explicación. Luego de dada esta última, comentó que cuando alguien de la orquesta no entiende algo, es siempre la falta del director. ¡Que nobleza de espíritu y que genial seguridad de carácter! ¡Que diferencia con esos dictadores que echan la culpa a todos los demás en lugar de admitir una falta, que en el caso de Haitink ni siquiera se debía a él!

¿Y que ocurre cuando el director de orquesta se ve involucrado en un escándalo por causa del regisseur, como le pasó a Bolton aquella primera noche del Rapto en el serrallo escenificado por Stefan Herheim en Salzburgo? “Mire, fue uno de esos típicos escándalos de primera noche en el Festival. Hubo problemas en la presentación general pero las noches siguientes las cosas anduvieron mucho mejor. Dicho lo cual, es importante comprender que un público conservador en un país donde Mozart es una vaca sagrada, se sintiera irritado porque Herheim cambió mucho los diálogos y, simplemente, contó una historia interesante pero diferente de la del original. Tal vez habría que haber advertido que era una historia de Herheim con música de Mozart. Lo cierto es que musicalmente la versión fue mas mozartiana que muchas otras, con la inclusión de todas las notas escritas por el compositor para esta obra. Y Herheim es talentosísimo, con un conocimiento musical que le permitía dar instrucciones refiriéndose a la partitura sin tener que mirarla, y una excepcional capacidad para dar vida escénica a cada personaje….”

Y finalmente, sugiero a Bolton, estos experimentos son a veces bienvenidos, y paso a referirme a la anormalidad que en Londres ni siquiera hayamos tenido la oportunidad de juzgar a regisseurs que como Herheim, Neuenfels o Peter Konwitschny. ¿Es posible, pregunto, que esta deficiencia se deba a la hostilidad de la prensa operística inglesa ante innovaciones experimentadas en otros países europeos? “Sí, advierto que varios periodistas musicales aquí son inusualmente hostiles a este tipo de experimentaciones y pienso que en gran parte ello se debe a que pocos son los críticos británicos a quienes las publicaciones pagan viajes al exterior, para ver lo que está ocurriendo en otros lados. La prensa inglesa tendría que salir más a menudo para ver lo que se está haciendo en Francia y Alemania. A veces hay una hostilidad contra regisseurs alemanes que los pone a todos estos en un mismo saco, aunque ellos son bien distintos el uno del otro. Christoph Lloyd, por ejemplo, que sí trabaja en Inglaterra, no puede ser categorizado junto a los otros que hemos mencionado. Pareciera como si la propuesta de regie de concepto, tan expandida en Alemania, provocara una reacción desproporcionadamente hostil entre los defensores del tradicionalismo figurativo. Similarmente, uno asiste a obvias exageraciones en Alemania, donde se tiende a descartar un cuadro escénico tradicional como si fuera un anatema en pro de un formalismo estético que a veces exagera en su deconstrucción de la obra original. Y por supuesto que también hay innovadores en Inglaterra, como por ejemplo Graham Vick a cargo de este magnífico Tamerlano que llega a Londres, después de Madrid. En resumen: no tiene sentido actuar instintivamente a favor o en contra del naturalismo, y, algo muy importante, no importa tampoco si el público es o no joven, conservador o progresista. La diferencia fundamental es entre falta de educación y falta de prejuicios. En Munich me ocurrió que un hombre de ochenta años se acercó para contarme que por primera vez lograba entender una ópera que yo acababa de dirigir gracias a una versión escénica experimental. Ocurre que allí están educados para abrirse a las innovaciones.“ En el Real, Bolton trabajó recientemente con otro innovador, Stéphane Braunschweig, en una Jenufa que recuerda como particularmente gratificante: “Fue una experiencia maravillosa, humana y profesionalmente hablando. La orquesta es muy buena y supo demostrarlo nada menos que con Janacek. Me impresionó particularmente el espíritu de cuerpo entre el primer y segundo elenco. ¿Sabe usted que los que no trabajaban en algún ensayo particular esperaban a sus colegas para ir todos juntos a comer o tomar alguna copa? Esto no ocurre en todos lados y es un gran mérito el de la dirección del teatro el saber formar este espíritu de cuerpo. Y me gustó mucho Madrid y su estilo de vida”. Lo mismo espera de Cataluña: “Me entusiasma mucho la perspectiva de debutar en el Liceu, del cual he oído hablar tanto, y, por supuesto, trabajar en una ciudad como Barcelona.”



Ivor Bolton con la Orquesta del Mozarteum
© 2010 by Christian Schneider


Otra novedad en la vida de Bolton será su primer encuentro con Wagner: “Así como es inexacto pretender que yo me restrinja a la especialización del barroco, también lo es la creencia que la orquesta del Mozarteum de Salzburgo es para música de cámara. Pues no. No solo estamos haciendo Bruckner y también Mahler, sino que este otoño nos largamos con varias funciones del Holandés Errante en la Grosses Festpielhaus de Salzburgo.” ¿Y habrá mas Wagner y mas ópera alemana en el futuro? ¿Y mas belcanto, luego de su aislado experimento de una versión de concierto de I Capuleti e i Montecchi en Salzburgo? "Veremos. Usted me pregunta cuales son mis gustos operísticos y yo le respondo que en materia operística me inclino hacia el repertorio italiano, más Rossini que Verdi, por el momento.” Y por supuesto que no olvida mencionar su próximo gran experimento, Medea de Simon Mayr, en la ópera de Baviera.

Justo cuando empezaba a hablar de Medea, Ivor Bolton fue llamado a continuar con los ensayos de Tamerlano. Tal vez debería haber aprovechado mejor mi tiempo con alguna sesuda pregunta sobre la estética musical de Mayr, el bávaro convertido a la italianidad hasta el punto de musicalizar un libreto de Felice Romani, pero… no. Bolton es un ameno conversador y durante la entrevista perdimos unos minutos en la evocación de sus años mozos como 'especialista' en un rincón londinense que los dos queremos mucho, la insólita St. James en Picadilly, una iglesia diseñada por Wren, cuyos oficiantes se ufanan de trabajar para una 'comunidad' antes que de 'congregación' y afirman tomar la biblia 'tan en serio' como para interpretarla como una invitación a la diversidad de un banquete divino capaz de alimentar a todos: hetero-homo- y transexuales, solitarios y en pareja, yogis, budistas, empresarios, banqueros, literatos, y también músicos. Un inolvidable párroco, el reverendo Donald Reeves, no sólo ofició el matrimonio de Tess y el joven organista Ivor en 1984 sino que contrató a éste último para formar a los St. James Baroque Players en un ciclo de cantatas de Bach para el servicio de los domingos. “Reeves era un hombre maravilloso que un día me pidió asistir a un servicio en su iglesia. ¡Y allí hacía de todo, desde reuniones para desarme nuclear hasta bodas de sociedad! Su propósito era, simplemente, hacer cosas buenas en el centro de Londres. Y allí trabajé por muchos años, ininterrumpidamente hasta el nacimiento de mi hijo, primero en el Festival de Picadilly y luego en el Lufthansa Festival. En fin, como todo en la vida, la música es un arte donde la gente siempre trata de hacer lo mejor. Yo solo me esmero en mejorar este empeño con mi contribución. Pero siempre se trata de lo mismo: hay que encontrar un lenguaje y una comunicación común al director de orquesta y los instrumentistas para ayudarles a desarrollar su propia capacidad y su iniciativa.” Terminada la entrevista, corrí a curiosear en la red web de St. James. Tienen un grupo Zen, los martes a las siete de la tarde.


Este artículo fue publicado el 06/04/2010

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Referencias:


Ivor Bolton