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Tintoretto la descristianizó

Bilbao, 29/10/2009. Teatro Arriaga. Susanna. Oratorio con música de Georg Friedich Händel. Sophie Karthauser (soprano), Max Emmanuel Cencic (contratenor), William Burden (tenor), Alan Ewing (bajo), David DQ Lee (contratenor), Emmanuelle de Negri (soprano), Ludovic Provost (bajo), Maarten Koninngsberger (barítono). Coro y Orquesta: Les Arts Florissants. Dirección musical: William Christie. Producción del Teatro Arriaga y la Fundación Bilbao 700. Bilbao Estación Barroca. Aforo 1300. Asistencia 90%
imagen No sé si es lícito comenzar esta crítica criticando a Händel por su excesiva moralina cristiana. La verdad es que la época se presta para ensalzar a Dios, pero el texto bíblico también se presta para incidir en aspectos diferentes que en los que Händel, propiamente, se empeñó en hacer hincapié. El majestuoso coro de Les Arts Florissants, omnisciente en todo momento, recalca continuamente cómo el camino del cristianismo es el mejor para seguir y así no perderse en las emocionales estructuras del mundo de los sentidos, o sea, el mal camino. La exagerada virginidad de Susanna, siempre guiada por la magnificente virtud que tanto promueve la iglesia, la salva, siempre con ayuda de Dios, de una muerte segura por un adulterio, que por mujer “decente“ no consumó. Tintoretto también quiso inmortalizar la situación, pero no recalcaba la moralidad de Susanna sino la asquerosidad con la que los viejos querían profanarla, tema más actual y de denuncia real que una mujer que, precisamente por serlo, deba rechazar cualquier proposición de cualquier hombre. Hasta Jesús en el Nuevo Testamento, defiende a la mujer adúltera ante la malicia del ser humano.

Pasando ya de la “buena moral” de Händel es momento de hablar de su brillante Susanna, menos conocida que la de Tintoretto. Bien es sabido que, aunque Aristóteles incluyó la música dentro de las llamadas Artes Mayores, las actuales Artes no la contemplan; es más fácil entender un cuadro que entender lo efímero de una obra musical, y, por eso mismo, no hay una carrera que contemple el estudio de obras de arquitectura, escultura, pintura y música (el arte de las musas). Los músicos, además de tener que enfrentarnos a la soledad eterna delante de ese gran psicólogo que es nuestro instrumento, nos tenemos que ver abocados al continuo autismo ante el resto de las artes: hasta la literatura se estudia en cualquier centro de estudios. Nada en contra de esas magistrales artes, pero tampoco nada a favor con respecto a la exclusión y apartamiento de la música por su excesiva complejidad tanto técnica como artística y, por tanto, el excesivo intrusismo que padecemos los que vemos arte en ella por parte de los que, por falta de comprenderla, nos masacran con su técnica espectacular y falta de sensibilidad que, incoherentemente, llama tanto la atención de un público no formado en absoluto, capaz de ver a Joshua Bell en la puerta de un metro y no reconocerlo, mientras aplauden efusivamente sus actuaciones en los auditorios.



Susana y los viejos de Tintoretto (1560-65)

Ahora sí, vamos con la Susanna de Händel. Una obra larga y que, por causa de su difícil puesta en escena, se toma como oratorio más que como ópera. Obra que Les Arts Florissants tiene en repertorio, aunque es, muy a menudo, olvidada por los grupos barrocos. La orquesta de Les Arts Florisants hace una versión muy buena de la música de Händel quedando los momentos impetuosos hábilmente llevados por la interacción entre concertino y director. Recitativos y arias acompañados por bajo continuo (cembalo, cello, contrabajo, oboe y fagot) pedían algo más de decisión pues quedaban algo difusos, detalle que William Christie no me cabe duda que quiso realzar.

La soprano Sophie Karthauser hace una versión de Susanna muy acertada en todos sus aspectos: inocente como se la presenta en el texto, vigorosa cuando tiene que enfadarse por la mala suerte de haber estado en el momento equivocado en el lugar equivocado, y con amarga nostalgia cuando parece que se ve perdida por su destino; una Susanna radiante, muy enamorada de su marido que deja entrever todo lo que está sucediendo en su interior. Sí que es verdad que pudiera faltarle algo de arranque en algunos momentos pero la modulación de su voz y su afinación son muy buenas en todo momento.

Joacim interpretado por Max Emmanuel Cencic expresa desde el principio su amor puro por Susanna y hasta relata lo que sintió cuando la conoció. Su voz de contratenor es muy fluida aunque, ciertamente, podría haber sido más categórico en algunos pasajes. Aún así, demostró que tenía empatía con Karthauser y que como pareja ambos funcionaban en el escenario.

William Burden, interpreta al primer viejo del fatídico acoso aportando en todo momento, sarcasmo y muy buen humor; hasta el propio Chistie se daba la vuelta para atender, divertido con la interpretación histriónica por parte del tenor cuando anunciaba que estaba realmente enamorado de Susanna. Obviamente, no era verdad y se ve cuando llegan los problemas. De todos modos hubo momentos en los que no aprovechaba los momentos de tensión naturales. El otro viejo, interpretado por Alan Ewing (bajo) aparte de ejecutar algunas anacrusas un poco torpes, interpretó bien su papel.

El contratenor David DQ Lee está espectacular en el papel de Daniel. Su papel es muy corto pero su actuación muy brillante. Posee un registro notable y sus agudos, muy cubiertos y brillantes, nos deleitaron sobremanera. Otro papel, más corto aún, fue el de Emmanuelle de Negri interpretando a la asistente. Corto pero muy bueno; muy enérgica y sensible a los fraseos que realizaba. Se vislumbraba la buena técnica y musicalidad que tenía a pesar de la cortedad de su papel.

El bajo Ludovic Provost en el papel de juez y el barítono Maarten Koninngsber en el papel de Chelsias hicieron su papel dignamente.

La actuación del coro fue en todo momento muy brillante. Su papel era como en una tragedia griega el de informar y en este caso, el de avisar a los protagonistas y orientarles para que no se desvíen de su camino y hacer que el público participe de la tragedia que ocurre cuando no se siguen las normas marcadas por la Iglesia. Intervención que Händel orquestó de la forma tan impactante como lo hizo con una sola intención; la de recalcar puntualmente el buen camino justo cuando los personajes se pierden en momentos de su vida. Por lo tanto, finalidad didáctica. Es tal la confianza que Christie tiene en su coro que en dos ocasiones la formación se mueve y se coloca al frente del escenario con la mayor de las intenciones de convencernos de que no nos desviemos de nuestros quehaceres.

William Chistie formó esta agrupación, que toca y canta respirando su personalidad. Tocan con instrumentos antiguos intentando empatizar lo máximo posible con la época en la que se compone Susanna. Una tarea de investigación movida por la necesidad de conexión con una era.


Este artículo fue publicado el 26/11/2009

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