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Théodore Dubois: Obras para solista y orquesta

Theodore Dubois: Fantaisie-Stück pour violoncelle et orchestre. Suite concertante pour violoncelle, piano et orchestre. Concerto capriccioso pour piano et orchestre. In memoriam mortuorum. Andante cantabile pour violoncelle et orchestre. Jean-François Heisser, piano y dirección; Marc Coppey, violoncelo; Orchestre Poitou-Charentes. Mirare, MIR 141. Distribuido en España por Harmonia mundi
imagen Théodore Dubois (1837-1924) sufrió en los últimos años un declive de su popularidad, en aras del impresionismo y de la vanguardia. Quien fuera director del Conservatorio de París, presidente de la Academia de Bellas Artes, reputado organista de la Madeleine y compositor aplaudido, dejó constancia en su diario de su desapego frente a las nuevas tendencias en varias ocasiones. En 1923 anotaba: “Les musiques nouvelles deviennent de plus en plus affolantes! Quels sont les cerveux qui conçoivent cela et quels sont ceux qui encouragent un tel art de leurs applaudissements! Époque malade!”. Compositor ecléctico, pudiéndolo encuadrar en el estilo tardorromántico, se defendía así de los que le acusaban de conservadurismo musical: “...je ne suis ni ne serai réfractaire à aucune tentative de nature à enrichir, à agrandir le domaine de l´art, pourvu qu´elle ne veuille pas faire table rase de toutce qui a précedé...”.

Durante años la discografía sobre T. Dubois era casi inexistente, salvo algún registro de Les sept paroles du Christ. Pero el panorama actual ya no es desolador: junto con una nueva edición del libro Souvenirs de ma vie, nos encontramos con un buen número de obras para órgano, misas, motetes, lied, música de cámara... y ahora, en el disco que comento, cinco obras de las cuales cuatro reclaman la participación de solistas, primeras grabaciones mundiales. Todas ellas se distinguen por una profundidad y un sentimiento desprovistos de excesos y por la utilización de un lenguaje claro e inmediato que resulta siempre placentero.

Dubois compuso Fantaisie-Stück pour violoncelle et orchestre hacia 1912 para el virtuoso violoncelista Joseph Hollman. Es una obra plagada de dificultades, estructurada en tres movimientos encadenados, un allegro enérgico interrumpido con frecuencia por un segundo motivo más lírico, un andante conmovedor y apacible, y un endiablado saltarello como conclusión de bravura. Ese mismo año, a sugerencia del violinista Paul Bazelaire, compuso la Suite concertante pour violoncelle, piano et orchestre, que al principio imaginó para violín. Ciertas audacias armónicas junto con una orquestación más densa y opaca muestran que Dubois también se esforzó por crear una música de mayor complejidad respecto a sus obras precedentes. Consta de cuatro movimientos, una majestuosa y amplia obertura, un rítmico y grácil allegretto que bien hubiera podido firmar Saint-Saëns, una sobrecogedora marcha fúnebre y un último allegretto de aire popular que termina transformándose en un himno resuelto y brillante. Imaginativa y dialogante, no se estrenó hasta 1923 en los Concerts Chevillard, en donde obtuvo un éxito rotundo.

Para abordar el Concerto capriccioso pour piano et orchestre debemos retroceder a 1876. Con cuatro movimientos, también encadenados, está dedicado a su mujer, la pianista Jeanne Duvinage, con quien había contraido matrimonio cuatro años antes y quien estrenó la obra ejecutándola en la Société nationale. En este concierto hay una influencia para mí excesiva de la música para piano de Liszt, sobre todo en el andante inicial y aún más en el allegro que le sigue. Discursivo el breve adagio e imponente el allegro final, el concierto tiene su encanto pese a su falta de originalidad. En cualquier caso deslumbra por las dificultades contenidas y fue muy bien recibido por un auditorio mayormente convencional. Dos pequeñas joyas sirven de complemento a las anteriores comentadas. El canto elegíaco In memoriam mortuorum es la única pieza orquestal del CD sin solista y está escrita como homenaje a las víctimas de la Gran Guerra. Una partitura más meditativa que dramática. En cuanto al emotivo Andante cantabile pour violoncelle et orchestre sorprendió desde el principio por su belleza, por lo que se contabilizan diversas adaptaciones.

Entre las riquezas de este disco está la participación de dos solistas virtuosos. Marc Coppey, que con su violoncelo convierte todo lo que interpreta en una lección magistral, tanto en los fragmentos más intrincados como en aquellos otros en los que con su declamación subraya la fineza de un fraseo inspirado. Lo mismo podemos decir del pianista Jean-François Heisser, para quien no parece haber dificultad que no venza con claridad y elegancia prodigiosas. Heisser es también el director de la Orchestre Poitou-Charentes, que hace gala de un sonido pletórico a la vez que calibrado, con una cuidada gradación dinámica y una afinación y homogeneidad óptimas.


Este artículo fue publicado el 28/03/2012

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