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Desapasionada Butterfly

Málaga, 22/06/2008. Teatro Municipal Miguel de Cervantes, G. Puccini: Madama Butterfly, tragedia japonesa en dos actos (1904). Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica. Coproducción del Palacio de Festivales de Cantabria y el Gran Teatro de Córdoba, con la colaboración del Palau Altea y producción musical del Teatro Cervantes de Málaga. Lindsay Kemp, director de escena y vestuario. Giuliano Spinelli, escenografía. Hiromi Mura (Cio-Cio-San), Marina Rodríguez Cusí (Suzuki), María Dolores García (Mrs. Kate Pinkerton), Guillermo Orozco (B. F. Pinkerton), Manuel Lanza (Sharpless), Emilio Sánchez (Goro), Celestino Varela (Príncipe Yamadori), Josep Ferrer (Tío Bonzo), Antonio Jerez (Comisario Imperial), José Juan Ramírez (Yakuside), Pilar Galindo (madre de Cio-Cio-San), Belinda Alcaide (Prima), M.ª Victoria Avilés (Tía). Orquesta Filarmónica de Málaga. Coro de Ópera de Málaga. Angelo Cavallaro, director
imagen Debo confesar antes que nada mi relación de amor-odio con Madama Butterfly. No hablo de la música, Puccini es fascinante siempre, sino del argumento. Durante mucho tiempo me estuvo antipática la mariposita japonesa, tan resignada y sumisa hasta la muerte. Ayer, viendo una vez más esta obra -ya van unas cuantas- no pude evitar pensar lo cruel que es la historia. Más aún, recordaba una reciente discusión entre amigos en la que se ponía de manifiesto cómo el sketch de Martes y Trece sobre las mujeres maltratadas hoy día resultaría intolerable. ¿Y esta Butterfly, que sublima la humillación y el desprecio máximos a una mujer y su cultura? Dejaré sin embargo las consideraciones morales a quienes desde la sociedad reivindican defenderlos; pero si Davide Livermore es capaz de proponer una Cenicienta rossiniana que se ríe de sus estúpidas hermanas durante el rondó final, ¿por qué no podemos ver una Butterfly que mata al canalla de Pinkerton cuando intenta quitarle a su hijo? Total, ya que todo es por honor, alguien debería enseñarle a la japonesita el momento en el que un magistral Fernando Fernán Gómez afirma rotundamente en El Abuelo que “el honor es una mierda”. Por honor uno se suicida (suicida hija de suicida, los psicólogos tendrían algunas cosas que decir al respecto...), por dignidad se marcha o echa.

Naturalmente, los desvaríos y las provocaciones que acabo de escribir no se me habrían venido a la mente con una representación más apasionada. Correcta sin duda Hiromi Mura, una 'Cio-Cio-San' adecuada vocalmente, capaz de momentos refinados, poco que reprocharle desde el punto de vista vocal. Pero la interpretación no se alcanza respetando mayoritariamente las dinámicas de la partitura, siendo éste un punto crucial. El fraseo inerte de quien no siente el personaje porque no interioriza lo que dice, mata el sentimiento de la música más bella. Y hubo muchos pequeños detalles que fallaron en este aspecto, frases aquí y allí que revelan el espíritu de la geisha, ausente en este caso. Los momento individuales estuvieron bien cantados –‘Un bel dì’ recibió el mayor aplauso de la noche, aunque tibio- pero exentos de emoción. Una lástima porque el material estaba ahí.



Hiromi Mura como 'Cio-Cio-San'
Fotografía © 2008 by Pablo Asenjo. Cortesía del Teatro Cervantes

No anduvo mejor el 'Pinkerton' de Guillermo Orozco, llegado durante la última semana de ensayos. Si a Mura le fallaba el sentimiento, a Orozco le fallaba la técnica: no tiene resuelto el paso al registro agudo, se ve el estrés ante la nota que se acerca, la precaución (¿o miedo?) que deriva en un sonido estrangulado pasado el límite del la3, a veces lanzado de manera poco ortodoxa. Tiene un buen material, el centro es bello, pero si no mejora la técnica no llegará lejos. Y sin técnica no hay posibilidad de construir un personaje, por muy desdibujado que esté, como es el caso.

El mejor de la noche fue Manuel Lanza, en un momento de plenitud vocal e interpretativa indiscutible. No le escuchaba desde hacía dos años como ‘Ford’ en el Falstaff florentino y me ha confirmado las buenas impresiones de entonces. Especialmente sentido fue el dúo con ‘Butterfly’ del segundo acto. Destacó asimismo Marina Rodríguez Cusí como ‘Suzuki’, haciendo gala de un canto firme y buen gusto en el dúo del jardín, uno de los mejores momentos de la noche.

Los comprimarios estuvieron pobremente servidos, con voces avaras y cantos forzados, a excepción del resuelto ‘Goro’ de Emilio Sánchez. Todo lo contrario que el coro, del que aprecié el esfuerzo de cantar piano, lo que tuvo su mejor exponente en el ‘intermezzo’ que separa el segundo acto del tercero, representados sin pausa. Muy bien también la orquesta a las órdenes de Angelo Cavallaro, que obtuvo un sonido limpio, con planos sonoros diferenciados y equilibrados. Destacó la percusión, contribuyendo a la magia de la partitura.



Hiromi Mura y coro
Fotografía © 2008 by Pablo Asenjo. Cortesía del Teatro Cervantes


El montaje estrenado por Lindsay Kemp privilegió una puesta en escena limpia y poco recargada, evidentemente orientada hacia el pasado. No en vano el director había adelantado que “todo parece en cada momento un grabado japonés”. Dicho y hecho. El aspecto visual fue especialmente agradecido y conseguido gracias a la economía de medios y de gestos.

Concluye así la 19º Temporada Lírica malagueña, aunque con tres óperas, una zarzuela y un concierto repartidos a lo largo de nueve meses parece algo excesivo considerarla ‘temporada’. Esperemos que con los cambios operados en el organigrama del teatro la situación mejore, como piden los aficionados de la ciudad desde hace años y procuro reivindicar desde estas páginas en cada ocasión. El resultado tan irregular no ha podido colmar el hueco dejado por la decepción de la cancelación del Otello anunciado, que habría constituido el debut de Fabio Armiliato en el papel titular, acompañado por la siempre interesante Daniela Dessì. ¿Y para el año que viene, qué nos espera?

Este artículo fue publicado el 02/07/2008

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