Desde el 18 de Mayo pasado hasta este 8 de Junio, la Escuela Reina Sofía presentó a sus alumnos, en 18 conciertos, cubriendo los diferentes géneros que abarca. Dimos cuenta, en su día, de un concierto dedicado al Cuarteto de Cuerdas el 22 de Mayo pasado, [leer crítica] y hoy nos referiremos al último de la serie, dedicado a la viola. Quiero anticipar desde ahora que el nivel de los siete alumnos que se presentaron (5 mujeres y 2 hombres – entre ellas tres Españolas) fue excelente, en cuanto a sonoridad y técnica se refiere, con las normales diferencias en cuanto a interpretación y musicalidad. La Profesora Titular, Diemut Poppen, bien conocida, tiene ahora otro asistente, el viola Jonathan Brown (integrante del Cuarteto Casals). Por los resultados obtenidos forman un equipo muy capaz.
Vamos por partes: En primer lugar, Leonardo Papa tocó la Romanza en fa mayor op 85, de Max Bruch, para viola y piano. Es una pieza de canto sereno donde el alumno pudo demostrar su bonito sonido. En un momento, aumenta la tensión hacia un pasaje climático, para volver a la tranquilidad inicial. Hacia el fin algunos pasajes de cuerdas dobles ponen a prueba la técnica del ejecutante. Versión muy bonita, de esta música tan romántica y ensoñada.
Siguió la Pieza de Concierto en fa mayor de George Enesco, en manos de Sandra García, una señorita que demostró tener mucho coraje y fuerza, a pesar de su esbelta y frágil figura. Pues de frágil no tiene nada, a la vista del empuje e intensidad desplegados. Produjo un sonido muy robusto y lindo, afinó con precisión los pasajes de cuerdas dobles, y afrontó figuras más complicadas con muchísima soltura. En una segunda parte, produjo pasajes con mayor energía aún – muy impresionante – y el virtuosismo con cuerdas dobles de los pasajes finales fue vencido con facilidad. La música de Enesco, de tipo post-romántico, es siempre muy atractiva, y tocada así proporcionó momentos de gran emoción. ¡Muy bueno!
A continuación sonaron dos de los Märchenbilder op 113 de Robert Schumann, la Nº1: Nicht schnell (no rápido) y Nº3 Rasch – Mit springendem Bogen (Ligero – Con el arco saltando), a cargo de Paula García. La versión fue muy correcta, demasiado correcta tal vez – porque esta obra puede ser excitante, y tocar bien todas las notas – inclusive las cuerdas dobles bien afinadas – a veces no es suficiente en esta música tan expresivamente romántica. Con todo, una actuación de excelente calidad.
Y para terminar la primera parte del concierto, Sara Ferrández nos brindó su versión de los 1º y 3º movimientos del Concierto para viola de Franz Antón Hoffmeister. Se trata de uno de los pocos conciertos clásicos escritos para la viola, y si bien está bien compuesto, la música es un tanto rutinaria: las melodías no son muy originales y los desarrollos siguen la misma pauta. Pero es una obra obligada en el repertorio de la viola, porque en ese estilo no hay casi nada más donde escoger. El 1º movimiento es un Allegro, y el 3º un Rondó – Allegro. Ambas llevan sus “Cadenzas” donde el instrumentista puede lucir su técnica y sus dotes expresivas. Sara Ferrández hizo una muy buena labor y dejó una excelente impresión, cosechando los aplausos merecidos.
La segunda parte del concierto se inició con el 2º movimiento, Allegretto, de la Sonata para viola y piano op 147 de Dmitri Shostakovich, a cargo de Ekaterina Tolpygo y siempre con Kyoko Nojima al piano: la coordinación de las dos en esta obra fue excelente, porque esta música es muy rica en contrastes que deben ser producidos de común acuerdo. Hay pasajes legato pero también hay pasajes violentos, efectos sonoros como acordes tocados en pizzicato, y música con contrastes forte-piano muy efectivos. Todo esto sonó de manera convincente. ¡Excelente!
A continuación, Ivan Podyachev tocó el 1º movimiento del Concierto para viola (sobre viejas canciones populares) “Der Schwanendreher” de Paul Hindemith. Este concierto se hizo bastante conocido en la primera mitad del siglo pasado, porque hacía falta un concierto de música contemporánea para este instrumento, en su día. Empieza con un solo con cuerdas dobles donde se expone uno de los temas, tranquilo, pero luego desencadena en un Allegro muy vivo, que el oyente sigue con gran interés. Muy buena música, muy bien tocada. ¡Bravo!
Cabe aquí destacar la gran calidad de la pianista acompañante Kyoko Nojima, que en todo momento cumplió con su tarea de forma encomiable.
Y para terminar el concierto, una obra completa: La Suite op 131d Nº1 de Max Reger, para viola solo, en sus 4 movimientos: 1 Molto sostenuto 2) Vivace 3) Andante sostenuto y 4) Molto vivace, en manos de Maren Rothfritz, cuyo lindo sonido ya me llamó la atención como integrante de un cuarteto de cuerdas que escuché semanas atrás. Produce con su viola una sonoridad redonda y llena, muy atractiva. Esta obra de Reger, también muy conocida entre los violistas, es un excelente medio para demostrar facultades. Tiene pasajes sensibles, pujantes, melodiosos y rítmicos – muy buena música que no se olvida fácilmente. La versión fue estupenda, tocada con una total soltura lo que permitió dedicación a pequeños detalles que enriquecen el discurso. ¡Muy, pero muy bien!
Termina así brillantemente esta serie de conciertos, poniendo en evidencia una vez más que esta escuela mantiene un nivel envidiable, y sobre todo en los instrumentos más difíciles, que son el violín y la viola, cosa que no puede decirse de otros centros de enseñanza nacionales, donde se necesita con urgencia un cambio en la pedagogía, de la cuerda alta, sobre todo en lo concerniente a la soltura corporal que debe cuidarse desde el mismo inicio. Yo tengo muchísimas sugerencias al respecto pero no consigo medios adecuados para comunicarlos, para mejorar el rendimiento de los alumnos locales. ¡Y eso que hay talento a raudales! ¡Qué pena!
Este artículo fue publicado el 18/06/2012
Actualizando...