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Cambios de camisa

La Coruña, 30/06/2006. Palacio de la Ópera. Le Comte Ory (París, Académie Royale de Musique, 20 de agosto de 1828), libreto de E. Scribe y Ch. Delestre-Poirson, música de G. Rossini. Dirección escénica, escenografía y vestuario: Lluís Pasqual. Intérpretes: Marc Laho (Ory), Simon Orfila (Le gouverneur), Francesca Provvisionato (Isolier), Pietro Spagnoli (Raimbaud), Iria Samoylova (Adele), Marina Rodríguez-Cusí (Ragonde), y otros. Coro de Cámara de Praga. Dirección musical: Victor Pablo Pérez. Producción del Rossini Opera Festival de Pésaro, 2003
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Aunque las comparaciones son odiosas, en casos como este ayudan a la reflexión y nos aportan ideas siempre para mejorar. Así que refresquemos la memoria de los lectores a través de las críticas musicales de las distintas representaciones de Le Comte Ory que se han hecho en Mundoclasico.com. Jorge Binaghi comenta las representaciones europeas de contextos espacio-temporales, directores escénicos y musicales bien distintos al tiempo que muy interesantes de confrontar con la última producción discurrida en el teatro coruñés. Una de las producciones transcurrió en el año 2004 en Bolonia con Jesús López Cobos y Lluís Pascual a la cabeza; en febrero de 2006 en Lieja con nuestro querido Alberto Zedda y Jerôme Savary.

Empezando por la producción boloñesa debemos resaltar su único pero importante punto en común: la participación de Lluís Pasqual como director escénico, de escenografía y vestuario. Desafortunadamente cabría reavivar algunas de las palabras de Binaghi respecto al hacer de este director que después de dos años pudo haber enriquecido la versión: “muy reiterativa de la idea en sí interesante de hacer que unos nobles del siglo XX se aburran y decidan representar ellos mismos la ópera para divertirse. He admirado otros trabajos de Pasqual, pero éste, elegancia aparte y algún momento aislado, no me parece el mejor”. A lo que nos gustaría añadir que tras observar las expresiones y reacciones de los espectadores parecía como si de vez en cuando perdieran el hilo conductor. A pesar de todo consigue transmitir los claros elementos de vodevil tanto de la música como de ciertas situaciones. El efecto buscado fue conseguido: el público se divirtió al igual que los cantantes e instrumentas.

En cuanto a la apuesta belga coincidimos con su intérprete principal Marc Laho que sustituyó al tenor José Manuel Zapata. Laho tenía bastante reciente su actuación en el mismo papel pero con una dirección escénica de un Savary menos original pero más práctico y directo que Pasqual, por lo que no le benefició el cambio. En cuanto al recurso vocal no nos queda más remedio que seguir manteniendo las palabras de Binaghi sobre la no muy apropiada voz para este papel: “es un elemento estimable o algo más que eso, pero con agudos muy poco francos y a veces carentes de volumen y brillo (finale primo)”. Manteniéndonos firmes en nuestro juicio nos gustaría abrir un paréntesis. Aunque no suele ser habitual puntualizar sobre la vida privada de los artistas pensamos que muchas veces esas circunstancias pueden hacer peligrar el buen hacer de una interpretación. La muerte repentina de un familiar cercano escasos días previos al estreno pudo haberlo ocasionado. La entereza y sobre todo la gran profesionalidad de Laho se merece su ganado puesto en la escena internacional.

El cambio de batuta del experto en música rossiniana Alberto Zedda por la de Víctor Pablo Pérez no lo desvirtuó en nuestro caso, sino que pensamos que pudo haber un interesante y rico intercambio de ideas entre ambos directores. Luego el magnífico resultado de su dirección, sobre todo en el plano instrumental de la Orquesta Sinfónica de Galicia.

En cuanto a el resto de las voces, nuestra versión coge entidad propia pero sin homogeneidad en sus calidades tanto musicales como escénicas. La joven pero prometedora voz de Iria Samoylova debutaba por vez primera en esta ópera. Supo defender muy bien su papel tanto vocal como teatral, quitando ciertos pasajes del primer acto donde la desafinación hizo claro acto de presencia. Luego desapareció por completo.

El 'Raimbaud' del barítono romano Spagnoli se llevó los mayores aplausos, sobre todo en el segundo acto gracias a sus dotes escénicas que usó de forma apropiada en los pasajes más cómicos y cercanos al teatro del vodevil. A pesar de haber tenido previa experiencia en el papel de Gouverner supo adaptarse sin problemas al nuevo rol. En cambio, Orfila, que aunque brilló más por su gran recurso vocal se quedó algo parco en lo teatral.

La 'Ragonde' de Rodríguez-Cusí no estuvo muy segura en los graves pero exhibió un equilibrio entre los aspectos interpretativos y vocales. En cambio, Susana Cordon no nos mostró su mejor cara en ninguna de las dos vertientes.

El enamorado 'Isolier' fue representado por la mezzo Francesca Provvisionato. Aunque su color no es realmente de mezzo se diferenciaba bien gracias a la cristalina voz de la soprano con la que más compartió escenario: Samoylova.

Bolonia, Lieja y A Coruña. En el próximo intento, que esperamos sea pronto, tendremos que seguir mirando atrás, aprender de los errores y por encima de todo disfrutar de una música que nació sólo para y por ese fin.



Este artículo fue publicado el 28/07/2006

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