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La última ópera de Mozart

Salta, 25/06/2011. Teatro Provincial.La Flauta Mágica de W. A. Mozart. Eduardo Casullo, dirección escénica y lumínica. Jaquelina Livieri (Pamina). Maico Hsiao (Tamino). Luciano Garay (Papageno). Cecilia Vicchi (Papagena). Lucas Debevec-Meyer (Sarastro). Natalia Vivas (Reina de la Noche). Henrique Luperci (Monostatos). Alberto Jáuregui Lorda (Orador). Constanza y Belén Diaz Falú y Laura Domínguez (Tres Damas). Más genios, sacerdotes, hombres de armas. Coro y Orquesta de la Universidad Católica. Dirección musical, Jorge Lhez. Producción del Mozarteum de Jujuy y Fundamus. Aforo 95%
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Emmanuel Schikaneder, promotor y propietario de varias salas teatrales, era el dueño del Teatro An der Wien (Viena) y se encontraba en bancarrota. Conocedor de los éxitos de la música de Mozart (1756-1791), le encargó la composición de una nueva ópera. El autor acababa de estrenar La Clemencia de Tito con aceptable recibimiento público, pero su salud se deterioraba día a día lo cual no impidió escribiera simultáneamente con esta ópera, su famoso Requiem. La Flauta Mágica salvó económicamente al hermano masón de Mozart. La obra se basa en un extraño argumento que mezcla fantasías y simbolismos pero no carece de  poesía, misterio, santidad y una música excepcional solo cortada por diálogos que responden al llamado singspiel. Dos meses después de su estreno, moría el autor.

Tamino, un príncipe egipcio es atacado por una enorme serpiente de la cual es salvado por tres damas de la Reina de la Noche cuya hija Pamina está secuestrada. Tamino se enamora de esta última y acude a salvarla para lo cual recibe una flauta mágica que mejora el ánimo de quien la oye y la ayuda de Papageno el hombre pájaro que a su vez recibe un carrillón tambien mágico (hoy se usa un glockenspiel en el escenario). Sarastro es el sumo sacerdote que secuestró a Pamina pensando que su madre, la Reina de la Noche, no es la persona adecuada para educarla. El príncipe encuentra a Pamina. Sarastro observa el amor que los une y les promete que luego de unas pruebas, darles felicidad para lo cual hace una tremenda invocación a Isis, la Diosa de la Sabiduría. Finalmente y pese a los continuos obstáculos de la Reina de la Noche, madre de Pamina,  triunfa el amor y la maléfica reina desaparece mientras Papageno encuentra su pareja en Papagena, ambos humanos-pájaros y los amantes Tamino y Pamina contraen matrimonio en el Templo del Sol.

La magnífica puesta de Casullo, la excelente orquesta local, en especial una cuerda estupenda bajo la dirección de Jorge Lhez, de alto nivel, a todas luces irreprochable desde que ofrece hasta los mínimos detalles de un inspirado Mozart, fueron el marco para una Pamina, soprano deslumbrante (inolvidable su aria de dolor en el 4º cuadro del acto 2º), un digno tenor, Tamino,  sin altibajos, un Sarastro, bajo sencillamente imponente, el fenomenal histrionismo y calida voz del barítono Papageno, las notables “damas” de la Reina de la Noche y esta última luciéndose en su famosa aria de coloratura, la Papagena en un breve pero jugoso papel, la eficacia de Monostatos y del Orador y el buen rendimiento coral, constituyeron un espectáculo que jerarquiza el ámbito de la música culta salteña, en este caso adornada con el juego operístico. Me pareció una feliz idea que los pasajes hablados lo sean en español aunque fue una pena lo ilegible de los letreros con la traducción de las partes cantadas en alemán. De todas maneras, un reconocido aplauso para quienes forman parte del ámbito musical académico en la Universidad Católica, que se atrevió a este montaje tan meritorio. La opinión: excelente.



Este artículo fue publicado el 19/07/2011

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