DVD

Mundoclasico.com » DVD » DVD

El tiempo, como belleza sonora

Tōru Takemitsu: From me flows what you call time. Dmitri Shostakovich: Sinfonía Nº5 en re menor. Raphael Haeger, Simon Rössler, Franz Schindlbeck, Jan Schlichte & Wieland Welzel, percusión. Berliner Philharmoniker. Yutaka Sado, director musical. Masayuki Ikeno, Bernd Hellthaler y Maryam Nikbin, productores ejecutivos. René Möller, ingeniero de sonido. Un DVD de 107 minutos de duración, grabado en la Philharmonie de Berlín (Alemania), el 20 de mayo de 2011. EuroArts 2058748. Distribuidor en España: Ferysa
imagen

Cualquiera que haya disfrutado de la shakesperiana y perturbadora Ran (1985), de Akira Kurosawa, ha podido comprobar hasta qué punto la vivencia del tiempo como fluido y sustancia se modifica en nuestra percepción por medio del uso de una determinada música; en este caso, de la magnífica banda sonora del compositor japonés Tōru Takemitsu (1930-1996), un autor para el cual el tiempo constituía un elemento esencial en su sensibilidad musical.

Una de las obras en las que el tiempo cobra un peso determinante en el catálogo de Takemitsu es From me flows what you call time (1990), partitura para cinco percusionistas y orquesta en la que el elemento ritual adquiere igualmente un gran relieve, y cuyo nacimiento se enmarcó en las celebraciones del centenario del Carnegie Hall neoyorquino, cuyas numerosas y sucesivas floraciones musicales quiso celebrar Takemitsu con una partitura que, como buena parte de las compuestas en su última década de vida, proceden a una esencialización poética en la que tanto la instrumentación como las estructuras y ambientes musicales sintetizan las tradiciones orientales y occidentales con unos resultados pocas veces alcanzados en la historia de la música. Tal y como señala Anthony Short en las notas de este DVD de EuroArts, poco antes de su muerte, Takemitsu declaraba desear ser una especie de ballena surcando un océano en el que los conceptos de Este y Oeste se difuminaban, sustituyendo tales compartimentos por un solo mar en el que confluyeran las corrientes y las esencias de ambos mundos. O como diría otro incansable escrutador del mar, como Eduardo Chillida: hacer del horizonte la patria común a la mirada de los hombres...

En From me flows what you call time la impronta occidental es obvia en la construcción de los tejidos y estructuras orquestales, fundamentalmente de una armonización que, desde su arranque netamente debussyano en la flauta, va adquiriendo una amplitud cromática cargada de influencias de Scriabin y Messiaen, con un sentido muy sinestésico de las armonías, aquí simplificadas y de gran aliento lírico, llegando a pasajes que se engarzan con lo que Takemitsu admitía como estilo romántico en sus últimas partituras. El color en From me flows what you call time está presente igualmente en la propia dramaturgia de la obra, en la que cinco percusionistas ataviados con indumentarias de diferentes tonos (los de la bandera tibetana): azul (agua), rojo (fuego), amarillo (tierra), verde (viento) y blanco (cielo), representan un simbolismo de elementos básicos a modo de sucesivos rituales que se van intercalando entre pasajes orquestales ligados con la vida del hombre: camino de alegrías y tristezas, tal y como el oboe d’amore canta en una sección homónima de la partitura. Así pues, no sólo el tiempo como concepto y percepción es un objeto central en From me flows what you call time, sino como ágora y teatro de la vida del ser humano.

Capítulo especial merece el trabajo de los cinco solistas de este concierto para percusión y orquesta, como lo denominó en su día Peter Grilli. Los cinco colores de la bandera tibetana y los cinco percusionistas se relacionan directamente con cinco notas esenciales sobre las que se articula el entramado armónico de la partitura, completando así la estructuración de la pieza en torno a un número simbólico del budismo tibetano, que igualmente se corresponde con la conformación pentagonal de la Philharmonie berlinesa, desde cuyos vértices parten los percusionistas al iniciar la pieza, descendiendo hacia el escenario mientras hacen sonar sus instrumentos. En algunas partes de la obra, Takemitsu demanda a sus solistas un carácter improvisado, así como una exploración de un espacio cuyas resonancias contribuyen a deslocalizar los focos sonoros y complejizar nuestra percepción del espacio y sus ecos, así como del tiempo como elemento intermediador entre ambos. La amplia batería de percusión utilizada, en la que se incluyen numerosos instrumentos orientales, crea timbres inauditos en la escena musical occidental, cuya síntesis con los instrumentos de la tradición europea depara un cromatismo realmente bello. El uso de vasos ceremoniales nipones sobre los timbales, jugando con sus pedales para crear auténticos glissandi en el sonido metálico de las campanas, es un ejemplo de cómo Takemitsu procedía a una hibridación de ambos mundos, de sus auras sonoras y culturales, alquitarando un resultado totalmente personal, un estilo sustantivo. De los cinco percusionistas, tiene un papel esencial el emplazado en el centro de la escena: un color blanco en el que todos los demás tonos se funden, y cuyo trabajo a nivel musical también toma elementos de los restantes solistas para transformarlos y darles una entidad melódica nueva, contribuyendo a un juego de reflejos y amplificaciones musicales que dilata el tiempo en el interior de la obra, en la que la orquesta suena, de algún modo, ‘enmarcada’ por los percusionistas.

La versión que nos brinda el director japonés Yutaka Sado al frente de la Berliner Philharmoniker es realmente excepcional, de una belleza sonora digna de ser paladeada en cada compás, tanto aquellos confiados a sus cinco exquisitos solistas, como en los que interviene la que sigo considerando mejor orquesta de nuestro tiempo (con todo lo subjetivo que pueda resultar). La lectura de los berliners confiere un sabor netamente europeo a la partitura, que escuchada en manos de los profesores de la Filarmónica se entronca aún más con el impresionismo de Debussy, con el lenguaje modal y cromático de Messiaen, que lo que habíamos escuchado en la hasta ahora versión referencial de la obra: la dirigida por Carl St. Clair al frente de la Pacific Symphony Orchestra en su registro de 1997 para la Sony (SK 63044). Cierto es que St. Clair contó en su día con el ensemble de percusión dedicatario de la partitura: el canadiense Nexus, que en su versión discográfica conserva en mayor grado el carácter ritual, casi litúrgico, de la partitura, con una expansión temporal más señalada; algo que se percibe nítidamente en el fluido sonoro de su versión, cinco minutos más lenta que la de Yutaka Sado, en la que prima un preciosismo sonoro en lo orquestal y una perfección tímbrica y técnica en cuanto a solistas para quitarse el sombrero.

En similares términos podríamos calificar la versión de la Sinfonía Nº 5 (1937) de Dmitri Shostakovich (1906-1975) que completa este concierto del 20 de mayo de 2011; concierto homenaje a las víctimas del terremoto y tsunami del 11 de marzo del mismo año en Japón, a cuya asistencia dedica EuroArts parte de lo recaudado con este DVD.

Poco después de que en el año 2006 la Berliner Philharmoniker publicara su edición recopilatoria Im Takt der Zeit, cuyo undécimo volumen está protagonizado por la Decimoquinta sinfonía de Shostakovich en manos de Kurt Sanderling, le preguntaba a un buen amigo que atesoraba dicha colección qué aportaba ese registro de 1999 en comparación con su referencial versión de 1991 con Cleveland para Erato. Su respuesta fue contundente: una vez que escuchas estas partituras shostakovianas en manos de la Filarmónica de Berlín, ninguna otra lectura resiste la comparación. Más allá de que siga pensando que en cuanto a dirección y sentido la lectura americana de Sanderling es más densa y profunda, sí es cierto que la excelencia instrumental al más alto nivel que aporta la formación alemana hace que una audición frecuente de sus diferentes lecturas en manos de grandes maestros hacen que después siempre se eche en falta ese plus de musicalidad que confieren sus extraordinarios solistas y secciones, así como el torrente que conforma la orquesta al completo y su distintivo sello de personalidad.

El director japonés Yutaka Sado, en el que en diversos compases la realización descubre un auténtico éxtasis por la perfección sonora alcanzada por los berlineses (esa orquesta que dice haber soñado dirigir desde niño), opta por una lectura muy equilibrada, neutra y atenta a la belleza capaz de desplegar una orquesta en la que destacan tanto sus músicos ya habituales como los primeros atriles incorporados a lo largo de los últimos tres años, con intérpretes tan sobresalientes como el violinista londinense Daishin Kashimoto o el clarinetista vienés Andreas Ottensamer. Confieren estos músicos un carácter apolíneo al sonido orquestal, una definición de una musicalidad deslumbrante, y un equilibrio inmaculado, que conecta la lectura del japonés tanto con el universo de Chaicovsqui como con las versiones que de Shostakovich nos ha legado Herbert von Karajan (especialmente su grabación digital de la Décima sinfonía). En todo caso, y atendiendo a la dirección, no estamos ante una versión del idiomatismo de un Mravinsky o un Kondrashin, ni ante la tensión histriónica y densa hondura dramática de Leonard Bernstein, maestro del propio Yutaka Sado, del que recientemente reseñamos una lectura de esta misma sinfonía del año 1966 al frente de la London Symphony Orchestra (EuroArts - Ideale Audience 3085318) que en cuanto a dirección resulta mucho más matizada y profunda, a pesar de que la orquesta no sea ni mucho menos la berlinesa y la toma sonora esté a años luz de la de este registro del opus 47 shostakoviano para EuroArts, de una calidad impactante en espacialización y refinamiento (disponible tanto en PCM-Stereo como en Dolby Digital 5.1 y DTS 5.1).

Con estos mimbres, Yutaka Sado explora de forma destacable pasajes como el final del primer movimiento, de una serena e insondable desolación tras un clímax con unos metales apabullantes; un segundo movimiento especialmente irónico, de un humor transido de dolor, en el que aprovecha las virtudes de los músicos berlineses para jugar a deformar los temas de forma grotesca; un denso ‘Largo’ en el que explota especialmente el sentido del color, con una cuerda grave extraordinaria; y un ‘Allegro non troppo’ que, si bien en algunos compases es algo pesado en tempo, resulta muy poderoso y afirmativo en toda su progresión hasta la fanfarria final en re mayor con la que expone en plenitud el magisterio orquestal del compositor de San Petersburgo.

La realización visual es simplemente excelente, y además de los 91 minutos del concierto, se presenta como bonus una entrevista de 16 minutos con Yutaka Sado. Todo ello con una imagen de ratio 16:9, formato NTSC y región 0.

Este DVD ha sido enviado para su recensión por EuroArts



Este artículo fue publicado el 25/06/2012

Más información


dvd/dvd/

Compartir


Bookmark and Share