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12 saxofones protagonizan música contemporánea

Madrid, 27/10/2008. Auditorio 400 del MNCARS. Sigma Project y Solistas Invitados: Marie-Bernadette Charrier, saxofón sopranino. Andrés Gomis y Pablo Coello, saxofón soprano. Rodrigo Vila, Alfonso Lozano y José Antonio Suay, saxofón alto. José Miguel Cantero, Ana Lencina e Ingo Sadewasser, saxofón tenor. Josetxo Silguero y Francesco Ciocca, saxofón barítono. David Brutti, saxofón bajo. Juanjo Guillem y Rafael Gálvez, percusión. Director: Nacho de Paz. Obras de Félix Ibarrondo, Sergio Blardony, Cristóbal Halffter y Francisco Guerrero. CDMC Temporada 2008-2009. Aforo: 90%
imagen No es frecuente que uno pueda ver y escuchar a un grupo de doce saxofones tocar música compuesta para un conjunto de estas características. Fue por lo tanto toda una experiencia poder apercibirse de la enorme ductilidad y versatilidad de este instrumento que se utiliza cada vez con mayor frecuencia en la música de nuestros días.

Lo notable es que, como se verá en la enumeración de los intérpretes, existen seis diferentes tipos del instrumento, que van desde el sopranino -que viene a ser como el ‘piccolo’- hasta el bajo, cuya tesitura puede competir con una tuba. Lo que caracteriza al saxófono es su capacidad de variar la dinámica, desde un robusto ff a un tenue pp: en eso superan a sus congéneres, como la flauta, el oboe o el fagot. Hay un cierto parentesco con el clarinete, por la similitud de la embocadura, pero el sonido es distinto: llama la atención la variedad de colorido sonoro que son capaces de producir: esto va desde una dulzura suave, a un vigoroso fortísimo que, en algunos momentos puede rebasar el número de decibelios admisibles, sobre todo en tesituras muy altas.

Este grupo de doce saxofonistas se ubica en semicírculo, con las tesituras altas a la izquierda y los bajos a la derecha. Hay diez varones y dos mujeres en el grupo pero apenas se les distingue: todos vienen vestidos en blanco, con pantalones amplios, y camisetas cerradas con mangas largas y se presentan totalmente descalzos. Ignoro si esto es un ‘uniforme’ adoptado internacionalmente por grupos semejantes.

Las cuatro obras que escuchamos -en total, algo más de una hora de música- incluyeron un estreno en España (Akaitz (1994) de Ibarrondo) y un estreno absoluto (Il suono dil sonno (2006) de Blardony). Como siempre, el programa de mano preparado por el CDMC fue prolijo en detalles, con notas sobre las obras, de la pluma de Juan Carlos Torres Ochoa, y por lo tanto no voy a abundar en más detalles aquí, limitándome a resumir mis impresiones.

El concierto se inició con Akaitz que el compositor vasco Félix Ibarrondo compuso en 1994. Es una obra de unos 20’ de duración, muy recia, describiendo la naturaleza abrupta de las montañas, con sus cimas y valles, más o menos abruptos. De ahí pasajes de tesitura muy alta contrastando con otros de tesitura baja. Pero el compositor trata de reunir finalmente a los extremos, y termina en paz con una nota alargada que se va perdiendo en el espacio. El colorido de la obra es muy rico: notable lo que se puede sacar de 12 saxofones. El compositor estaba presente y felicitó a Nacho de Paz y los instrumentistas por la versión brillante que nos habían servido, ante los aplausos prolongados del público.

Sonó luego Il suono dil sonno de Sergio Blardony, obra reciente (2006), para el mismo conjunto de doce saxofones, pero con nutrida percusión, a cargo de dos músicos. Como lo insinúa el título, se trata de música ensoñada, casi siempre lenta, con ricos matices sonoros y dinámicos. Hay pasajes que son ‘sentimentales’ -a su manera, por supuesto- y en un instante hasta suena un acorde perfecto. No cabe duda que el compositor busca un clima efímero y lo encuentra. La diferencia con la obra anterior es total: dos diferentes estados de ánimo que cada uno retrata a su manera, lo que demuestra que en la música contemporánea hay una riqueza inagotable. He aquí ejemplos elocuentes que lo demuestran. También esta versión fue muy buena, bajo la atenta dirección de Nacho de Paz, que arrancó sonoridades insospechadas del conjunto. Nuevamente aplausos prolongados, que -con el compositor presente- fueron agradecidos por los intérpretes.

Después del intermedio, el escenario quedó despejado de la mayor parte de los instrumentos de percusión, permaneciendo el semicírculo de 12 atriles, y otro menor de cuatro, que sirvió para la interpretación de Fractal que Cristóbal Halffter compuso en 1991. Dura unos dieciseis minutos. Empieza con acordes/clusters muy fuertes y luego de una calma hay varios episodios que conducen a otros tantos clímax. Hay efectos sorpresivos súbitos, y este continuo vaivén mantiene el interés del oyente en todo momento. La ejecución es nada fácil, pero el cuarteto Sigma Project formado por los señores Gomis, Vila, Cantero y Silguero, demostró su pleno dominio técnico y de conjunto. Sobre todo destacaron los contrastes dinámicos, un efecto que siempre realza el interés de esta música. Aplausos prolongados premiaron esta excelente versión.

Y para terminar, la obra más breve del programa: Rhea (1988) del maestro Francisco Guerrero, escrita para conjunto de saxofones, sin percusión. Nuevamente, el grupo de doce músicos, dirigidos por Nacho de Paz, nos dio una versión muy digna de esta obra, que resume en apenas siete minutos todos los recursos sonoros que un conjunto de esta naturaleza es capaz de producir. Desde clusters ff a tenues pp, diminuendi seguidos de crescendi, ondulaciones sonoras, staccati que casi hacen de percusión, por lo breve y secos que suenan: en fin, un discurso fascinante y sucinto, característico de nuestra era moderna, donde ya casi nada es imposible.

Digno fin de un concierto diferente, primorosamente preparado, donde cada cosa estaba en su sitio. El público salió visiblemente satisfecho, lo que en materia de música contemporánea no ocurre todos los días.


Este artículo fue publicado el 03/11/2008

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