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Juventud, divino tesoro

Bolonia, 16/01/2007. Teatro Comunale de Bolonia, G. Puccini: La Bohème, ópera en cuatro actos (1896). Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, a partir de Scènes de la vie de Bohème de Henri Murger. Dirección escénica, Lorenzo Mariani. Escenografía y vestuario, William Orlandi. Iluminación, Claudia Pernigotti. Nuccia Focile (Mimì), Paola Antonucci (Musetta), Stefano Secco (Rodolfo), Gabriele Viviani (Marcello), Francesco Verna (Schaunard), Alex Esposito (Colline), Andrea Taboga (Parpignol), Alessandro Busi (Benoit), Gianluca Ricci (Alcindoro), Mauro Marchetto (sargento de aduanas), Raffaele Costantini (aduanero), Luca visani (vendedor de ciruelas). Coro y Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Director: Juraj Valčuha
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‘La jeunesse n’a qu’un temps’ (La juventud sólo tiene una estación) es el título del último capítulo de la novela de Murger a partir de la cual se construyó el libreto de esta Bohème. ‘Juventud, divino tesoro’ es lo que se me ocurre a mí, y no sólo porque el propio Puccini evocara su estancia en Milán a través de la historia, sino porque esta circunstancia tuvo perfecto reflejo entre los cantantes que componían el reparto y en el director, con cara de adolescente.

Stefano Secco es poseedor de una bella voz de timbre claro, juvenil, perfecta para ‘Rodolfo’. El registro central es sonoro -un tanto más inciertos los agudos- y Secco compuso un personaje entregado, siempre apasionado, un tanto impulsivo, que no tuvo problemas para imponerse, si bien se dejó intimidar en exceso por ‘Che gelida manina’ y tuvo un impacto más reducido de lo deseado. Con todo, un personaje no es un aria, por mítica que ésta sea. A su lado, Gabriele Viviani fue un buen ‘Marcello’: hubiera sido más adecuado un canto algo más matizado, pero no se puede negar que transmitía toda espontaneidad y credibilidad que requiere el personaje, a través de tonos cálidos y una imagen esencialmente juvenil.


Stefano Secco y Nuccia Focile
Fotografía © 2006 by Primo Gnani

Dieron réplica un punto por debajo las dos sopranos: Nuccia Focile es una buena ‘Mimì’, aunque excesivamente melancólica en el inicio para mi gusto, como si anticipara el trágico final; tuvo sus mejores resultados en los dos últimos actos, los que también le permitían poner de relieve sus cualidades de actriz, de forma que pudo exponer el sufrimiento del personaje adecuadamente: el ‘addio di Mimì’ tuvo justamente el aplauso más caluroso del público. Por su parte Paola Antonucci, a pesar del timbre ingrato, supo ser una ‘Musetta’ vivaracha, caprichosa y coqueta, creíble en definitiva, con un físico perfecto para el papel. Sin embargo, desde el punto de vista vocal no consiguió imponerse como intérprete principal del segundo acto.

Entre los papeles ‘secundarios’ (¿de verdad lo son?) las cosas fueron más alternas. Bien a secas el ‘Schaunard’ de Francesco Verna; a Alex Esposito, de prometedora carrera, ‘Colline’ le viene un poco grande, le falta peso vocal, aunque inteligentemente mostrara el lado más simpático del personaje como si fuera por libre. Los comprimarios cumplieron sin pena ni gloria.

Después de la polémica por las huelgas en las dos primeras funciones (los cortes al Fondo Único para el Espectáculo alcanzan a todos, guste o no), la Orquesta tuvo una buena función, un tanto excesiva en el volumen en alguna ocasión, pero recreando con habilidad los colores de la partitura pucciniana. Bien el coro, que se divirtió en el segundo acto. Al frente de ambos estaba el joven eslovaco Juraj Valčuha, correcto en su dirección, sin grandes alardes.

La puesta en escena fue esencialmente funcional, con una estructura metálica como las escaleras contra incendios del XIX dividiendo el escenario en dos, sobre una plataforma giratoria que, al final de cada acto -hubo una sola pausa- rotaba para ofrecer un nuevo ambiente sin solución de continuidad. Un encuadre tradicional en definitiva, sin genialidades y sin estridencias.

No quisiera cerrar este comentario sin hacer referencia a las notas del programa, que rara vez cito: no puedo por menos de aplaudir el espléndido artículo de Fedele D’Amico, reproducido con permiso de la Fundación del Teatro alla Scala, que trasciende ampliamente las meras notas informativas para producir un verdadero ensayo que abre un mundo al lector menos versado en los avatares de la ópera. Bravo.



Este artículo fue publicado el 30/01/2007

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