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Buenas voces para un Bizet relegado

Avellaneda, 13/06/2010. Teatro Roma. Georges Bizet, Los Pescadores de Perlas, ópera en tres actos con libreto de Michel Carré y Eugene Corman. Dirección de escena: Boris. Escenografía: Hugo Ciciro. Iluminación: Oscar Morali. Vestuario: Teatro Argentino de La Plata. Elenco: Carlos Ullán (Nadir), Laura Polverini (Leila), Sebastián Sorarrain (Zurga) y Juan Pablo Labourdette (Nourabad). Coro del Instituto de Música de Avellaneda (director: Ricardo Barrera), Ballet Municipal de Avellaneda (director: Daniel Galve) y Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda. Dirección musical: Roberto Luvini. Temporada de ópera 2010
imagen Muy acertada la idea de volver a representar esta partitura de Bizet (seriamente oscurecida por la inmensa popularidad de Carmen), una ópera que Pablo Bardin ayudó a desempolvar en 1992, durante el breve período en que dirigió un Teatro Argentino de La Plata que ofrecía espectáculos fuera de su sede natural. Con anterioridad, solo se la había podido escuchar en el Colón en 1913 -seguramente en italiano- con María Barrientos en el rol protagónico.

Imagino que el propulsor de esta interesante iniciativa debe haber sido el joven y entusiasta director de escena argentino Boris, que hacía ya largo tiempo tenía intención de poder representar esta página y debió enfrentar más de un inconveniente para llevarla a feliz puerto. Un Boris al que se veía eufórico tras los resultados musicales alcanzados y la buena acogida por parte del público, que asistió a estas representaciones en número mayor a lo habitual para esta sala del extrarradio porteño.

Haciendo de la necesidad virtud, Boris resolvió con mínimos elementos escénicos, algunos efectos lumínicos -pese a que en la función que presencié hubo fallas de sincronización en más de un momento- y un adecuado trabajo escénico -en el que sólo habría que poner reparos en el exceso de momentos danzados, que a la postre resultan un poco superfluos cuando no de un carácter opuesto con la situación- exponer de manera clara y entendible un argumento por lo demás simple y muy lineal, que resalta los valores de amistad, gratitud y sacrificio, todo teñido por un orientalismo algo estereotipado.



Momento de la representación
© 2010 by Teatro Roma de Avellaneda

La Orquesta de Avellaneda, otrora el eslabón más débil de las funciones del Teatro Roma, muestra una importante mejora en su funcionamiento. Aunque todavía dista de ser un conjunto confiable y seguro, se ve una lenta pero perceptible mejoría en sus filas, que van adquiriendo presencia y homogeneidad. La instrumentación de Bizet, variada, refinada y colorida, permitió algunos lucimientos individuales que la falta de un listado de integrantes impide identificar correctamente. Fue competentemente guiada por Roberto Luvini, que estuvo atento a la armónica conjunción con las voces solistas y al equilibrio sonoro.

En esta oportunidad fue el Coro, que en esta ópera tiene una importante y exigente participación, el que estuvo por debajo de lo aceptable. Inseguro, desajustado y falto de cuerpo en buena parte de la obra, resultó un importante lastre para el balance final. Una lástima.

El cuerpo de baile, que estuvo presente sobre el escenario más tiempo del que las exigencias de la partitura parecen ameritar, hizo un trabajo correcto, aunque por momentos sus pasos y evoluciones carecían de toda connotación orientalista. Bien la pareja solista en el ‘Coro Danzado’ del acto tercero, aunque aquí también su trabajo distaba de tener relación con la India.



Polverini, Sorarrain y Ullán
© 2010 by Teatro Roma de Avellaneda


Carlos Ullán lució sus reconocidas cualidades canoras componiendo con gran soltura un Nadir muy intenso y elocuente, en el que pudo desplegar esas sutilezas tan propias del lirismo francés y una excelente línea vocal. No solo se destacó en su célebre romanza 'Je crois entendre encore' sino que se fusionó con notable habilidad tanto con el barítono en ese gran dúo del acto primero 'C'est toi …au fond du temple saint' como con la soprano en ‘Ton coeur n'a pas compris le mien’. Junto a un cuidado desenvolvimiento escénico, conformó una labor muy meritoria.

Algo similar cabe consignar de la tarea de Laura Polverini, que nuevamente nos impresionó de forma harto favorable. A su apostura y buena labor sobre las tablas une una voz muy bien timbrada, que se proyecta con facilidad, agudos seguros, correcta afinación y adecuado empleo del fiato. Si bien su aria ‘Comme autrefois’ resultó grata y resuelta correctamente, su momento más destacado fue el tenso y vibrante dúo con Zurga del primer cuadro del acto tercero.

El barítono Sebastián Sorarrain, encarnado a Zurga, ayudó a conformar un elenco protagónico sin fisuras. Se movió con soltura y mostró positivas cualidades vocales, con buena línea de canto, grato timbre y un fraseo muy afín con la música gala. Expuso con nobleza su romanza ‘L'orage s'est calme … O Nadir, tendre ami’ y tuvo importante intervención en sus dos dúos o en el trío del último cuadro, ‘O lumière sainte’, no escrito por Bizet sino añadido por Benjamín Godard a una partitura que sufrió alteraciones con el paso del tiempo. Si bien hoy en día lo más común es volver al texto original de 1863 -hay una excelente edición crítica hecha en 2002 por Brad Cohen- pero manteniendo el agregado de este trío, imagino que la empleada en esta oportunidad debe haber sido la misma que se tocó en la década pasada.



Sorarrain y Ullán. Al fondo, compañía y Labourdette
© 2010 by Teatro Roma de Avellaneda


Cabe recordar que Bizet nunca quedó satisfecho -y con razón- del desarrollo argumental de la escena conclusiva e incluso existe una versión con un remate totalmente distinto: Nadir muere al tratar de escapar, los pescadores encuentran su cuerpo en la orilla y Leila, al enterarse, se suicida arrojándose al mar desde una alta roca.

Completando el reducido cuadro de solistas, el bajo Juan Pablo Labourdette compuso con sobriedad y correctos medios a Nourabad.

Bienvenida entonces esta recuperación de un título valioso, tan caído en el olvido.

Este artículo fue publicado el 05/07/2010

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