Musicología

Mundoclasico.com » Artículos » Musicología

Domenico Mustafà en la Sixtina

imagen

Domenico Mustafà (1829-1912) nació en Sellano, provincia de Foligno, en Umbría, en el seno de una familia necesitada. A muy corta edad su padre lo hizo castrar, por si la fortuna como cantor en la iglesia o en la escena llamaba a su puerta. De esta desgracia, Mustafà -dotado de un buen físico, estatura imponente y mirada viva y penetrante- nunca se recuperó, siendo tal vez la causa de ciertas extrañezas y susceptibilidad de carácter. Pronto, el pequeño Domenico fue con su padre a Roma para estudiar música. Recibió las primeras nociones del padre Tubilli, pasando más tarde a estudiar composición con el célebre Francesco Basily. A los 13 años ingresó como cantor en la catedral de Agnani, en donde pronto llamó la atención por sus aptitudes. Un día en el que faltó el organista para acompañar la misa, pidió permiso para hacerlo él; tocó, cantó y al volver a su lugar en el coro todos le felicitaron. También compuso con éxito para la Catedral. En 1848, a los 19 años, fue admitido en la Capilla Sixtina, con el título de primo soprano.

El panorama de la Capilla Sixtina entonces, a cargo de Giuseppe Baini, era de extrema decadencia: Berlioz quedó sorprendido por la falta de cultura general de los cantantes, aunque quedó más asombrado si cabe cuando descubrió que en otras iglesias de Roma se interpretaban las oberturas de Rossini durante la liturgia; Mendelsshon lamentó el sonido demasiado estridente de los castrati; Liszt, como otros, deploraba los numerosos retoques que desnaturalizaban las obras de Carissimi, Allegri o Palestrina; Marie d´Augult manifestó que los sopranos cantaban en falsete con voz caprina; el profesor Zelter observó que no sabían interpretar gregoriano o Palestrina sin inventar notas de adorno y añadir efectos mundanos y teatrales a la partitura. Pese a todo, muchos admiraban la voz de Mustafà, por lo que cuando disponía de tiempo libre se lo disputaban para que actuase o diese clases particulares, llegando a presidir más tarde la Società Musicale Romana.

Baini falleció en 1844 y Pio IX regresó de su exilio en Gaeta en 1850. Al restablecerse la actividad en la Sixtina, Mustafà, el decano de los sopranos, pasó a dirigir el coro y a diseñar un proyecto de reforma artística, disciplinaria y orgánica. Pero como su plan no prosperaba, dimitió en 1870. En su ausencia el coro empeoró, recibiendo de sus superiores la promesa de que, si regresaba, considerarían su proyecto y nombrándole poco más tarde direttore perpetuo. En 1887, bajo el pontificado de León XIII, la situación no había cambiado, por lo que volvió a dimitir y se retiró a Montefalco. Mas en 1891 el maggiordomo le comunicó por carta el inicio de algunas de estas reformas: aumento del estipendio, aumento del número de cantores, libertad de los cantantes para poder colaborar al mismo tiempo con otras capillas, etc. Volvió de nuevo a la Sixtina y no faltaron ceremonias en las que estrenó nuevas e inspiradas composiciones, mostrando el coro más acierto en la interpretación.

Quizás León XIII estuviera harto de los cambios de humor de Mustafà y de sus renuncias; tal vez influyera el cardenal Sarto o, simplemente, intentara aumentar el prestigio de la Capella Sixtina... Lo cierto es que por aquel entonces era aclamado en toda Italia por sus oratorios el joven sacerdote Lorenzo Perosi (1872-1956), director de coro de San Marcos en Venecia, en donde había tomado posesión el cardenal Sarto, futuro Pío X. Entonces el Papa decidió mantener a Mustafà y nombrar a Lorenzo Perosi también director. Mustafà, creía en el ideal que representaban los últimos castrati de Iglesia: formados durante años, consagrados por entero al coro, no podían compararse con los niños que cantaban provisionalmente antes de la muda, sin verdadera vocación, para luego abandonar la música sacra, mientras que a Perosi tanto le atormentaba la práctica de esta innoble cirugía, que logró que León XIII accediera a promulgar un decreto que prohibía la utilización de nuevos castrati en la música religiosa. Una fotografía de 1898 muestra todavía a los veintiocho miembros de la capilla con los siete castrati; el último de todos fue Alessandro Moreschi, apodado l´angelo di Roma por su voz, y que murió en 1922. Pese al tacto que se empleó para que ambos maestros trabajaran sin roces ni suspicacias, en 1899 Mustafá presentó al maggiordomo otra dimisión, señalando: “che da cinque giorni è in letto malato con febbri, catarro intestinale e bile, frutto dei non pochi dispiaceri”.

Finalmente, Mustafà abandonó la Capilla Sixtina y regresó a Montefalco, llevándose sus más de cien composiciones sacras manuscritas, que guardan sus herederos y que permanecen inéditas, de modo que no sabemos cómo era la música de aquel que fue llamado el Verdi della musica sacra Amante de la buena mesa y del vino generoso, disfrutaba con sus invitados recordando tiempos pasados; también dirigiendo bandas y organizando algún concierto. Pero la salud empezó a abandonarle. Ciego y sordo, falleció en 1912.

Algunas obras sacras de Domenico Mustafà

Benedictus a cinco voces con coro sin acompañamiento (1870).
Audivi cocem de Coelo para tenor solista y coro conacompañamiento de órgano, violoncello y contrabajo.
Libera me Domine a cuatro voces solistas y coro (1893).
Credo a cuatro voces y órgano, violoncello, contrabajo y trombón.
• Laudate Dominum a cuatro voces, órgano, violoncello y contrabajo (1861).
Iste confessor a cuatro voces, gran orquesta y órgano.
Ave Maris stella a cuatro voces y órgano (1850).
Salve Regina para soprano solista, coro, órgano y violoncello (1865).
Tu es Petrus para tres coros (1867).
Dixit Dominus Domino meo a cuatro voces solistas, coro, órgano y orquesta.
Veni sponsa Christi a tres voces y orquesta (1855).
Dies irae a siete voces y coro (1861).
O salutaris hostia a seis voces y órgano.
Veni Sponsa Christi para barítono y orquesta (1882).
Benedicta et venerabilis para contralto, violoncello y órgano.
Laudate pueri Dominum para tenor solista, coro y órgano.
Peccator videbit a cuatro voces solistas, coro y orquesta.
Domine salvum me fac coro a cuatro voces con los niños en la cúpula (1879).
Inno del S. Cuore di Gesù coro a cuatro voces y orquesta.
Miserere a cuatro voces solistas y coro (1855)
• Diversas partes del Kyrie, Gloria y Credo, posiblemente para ser interpretadas alternándolas con el canto gregoriano.

Últimos directores de la Capilla Papal

•Niccolò Antonio Zingarelli (1752-1837)
•Giuseppe Jannaconi (1741-1816)
•Giuseppe Baini (1775-1844)
•Domenico Mustafà (1829-1912)
•Lorenzo Perosi (1872-1956)
•Domenico Bartolucci (1917- )
•Giuseppe Liberto (1943- )

Bibliografía

•Alberto de Angelis: Domenico Mustafà. Edizioni Nicola Zanichelli. 1926
•Mario Rinaldi: Lorenzo Perosi. Edizioni de Santis. 1967
•Patrick Barbier: Historia de los Castrati. Javier Vergara Editor. 1990
•Marcello Filotei: "Garibaldi alla Sistina". L´Osservatore Romano. 25 de enero de 2012
•Marcello Filotei: "Un soprano al comando". L´Osservatore Romano. 3 de febrero de 2012



Este artículo fue publicado el 20/04/2012

Compartir


Bookmark and Share