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Un perfil multifacético

Madrid, 22/03/2010. Auditorio 400 del MNCARS. London Sinfonietta. Director, Franck Ollu. Obras de Edgar Varèse, Anton Webern, Benet Casablancas, Toru Takemitsu, Gérard Grisey y Simon Holt. Temporada CDMC 2009/2010. Ocupación: 100%
imagen Con cada visita a Madrid, la London Sinfonietta atrae mayor cantidad de público: se pasó la voz, que se trata de un conjunto de excepcional calidad, y con su actuación lo confirmaron nuevamente. Esta vez vinieron quince músicos -cuatro vientos madera, tres vientos metal, cinco cuerdas, arpa, teclado y percusión- y todos y cada uno de ellos mostraron su superioridad. Vinieron dirigidos por Franck Ollu, director francés especializado en música contemporánea y ópera, y con un palmarés impresionante. Dirige sin batuta, sin ostentación, alentando a sus músicos con mucha precisión y energía, y el resultado no podría haber sido más feliz.

Seis obras conformaron el programa, sesenta minutos de música de música creada en el siglo XX, desde 1923 hasta 1997. Escuchando esta obras, no se puede menos que quedar asombrado ante la enorme variedad -uno podría calificarla de infinita- que el lenguaje contemporáneo de la música, que aún solemos mal-etiquetar como clásica, trae aparejada. No es solamente la elección de los instrumentos, y su número, que hace posible esa libertad: es también la forma, la orquestación, los ritmos, el mayor o menor grado de disonancias, la diversidad de climas sonoros, y un largo etcétera que lo hacen posible. Y si a ello agregamos que en este programa la percusión tuvo un rol poco importante -solamente en una obra la hubo, y no precisamente para producir ritmo- nos damos cuenta de la enorme riqueza que esta música ‘moderna’ encierra, sin acercarse, ni un solo instante, a la música popular o facilona que hoy domina por cualquier parte.

Las notas al programa, de Juan Manuel Viana, glosan las obras, sus compositores y las circunstancias de su creación. Por ello limito mis comentarios a lo esencial:

Edgar Varèse (1883-1965): Octandre, compuesto en 1923, es una obra breve, de apenas siete minutos de duración, para ocho instrumentos (cuatro vientos madera, tres vientos metales y contrabajo) y consta de tres trozos (Assez lent, Très vive et nerveux y Grave). Empieza con un solo de oboe, cuyo breve motivo sirve para el desarrollo. El trozo central es más fluido y lleva a un clímax en el cual se luce el contrabajo. Sigue un Fugato, a cargo de oboe, fagot y clarinete. El Grave final termina con una stretta brillante. No cabe duda que Varése fue un pionero: esta música representa la creación de algo nuevo, que aún hoy tiene vigencia.

Anton Webern (1883-1945): Concierto op 24, compuesto en 1931/4, para nueve instrumentos (tres maderas, tres metales, violín, viola y piano), consta igualmente de tres trozos (algo vivo, muy lento, muy rápido). Es música muy transparente, dodecafónica, con muchos silencios entre frases relativamente breves. El segundo trozo es lánguido, desarrollando un motivo de apenas dos notas subiendo. Y el tercero consta de breves notas con un vivo intercambio de colores. Es, en resumen, música muy concisa, cerebral, tal como nos tiene acostumbrado este compositor.

Benet Casablancas (1956): New Epigrams. Se trata de tres piezas: Con moto, Calmo-Adagio-Estático, y Scherzando-Con moto) compuestas en 1997 para ser grabados por la London Sinfonietta, y prevé piano, cuatro cuerdas, y tres vientos madera y metal, en total once instrumentos. Esto es música llena de colores sonoros de gran atractivo, ya sea movida o tranquila, como en el segundo trozo, que suena muy, muy bien. Hay unos solos de flauta, preciosos. El tercer epigrama es brillante, muy bien orquestado, donde el piano tiene un rol protagonista. Termina con mucho efecto y deja una óptima impresión. El compositor, presente en la sala, estuvo visiblemente contento con la versión de su obra y felicitó a director y músicos. El público aplaudió con entusiasmo después de todas las obras ejecutadas: es difícil poder imaginarse que esto se pueda tocar mejor.

Intermedio

Toru Takemitsu (1930-96): Rain Coming. Esta obra, del año 1982, escrita para orquesta de cámara, ocupa a todo el elenco (excepto el arpa), incluyendo percusión que consiste principalmente en intervenciones de un vibráfono, que, junto con la celesta, producen un color muy especial en materia sonora. Como lo insinúa el título, aquí se trata de “lluvia” -o sea, agua- y ese es el principal objeto de esta música. Quedamos literalmente “bañados” en sonoridades: eso suena gloriosamente bien. Podría ser música de cine subrayando escenas apasionadas de amor. El quinteto de cuerdas, la flauta y la trompeta tienen roles protagonistas y los cumplieron de forma magistral. De entre las seis obras del programa, ésta era la más asequible, la menos cerebral y más grata al oído.

Gérard Grisey (1946 -1998): Périodes, compuesto en 1974, prevé cuatro cuerdas (violín, viola, violonchelo y contrabajo) y tres vientos (flauta, clarinete y trompa), y fue la obra más extensa del programa: dura dieciseis minutos. Las cuerdas reciben un tratamiento preferencial, pero toda la obra, bastante cerebral por cierto como todo lo de Grisey, busca las profundidades recónditas del sonido, para lo cual a veces los instrumentos deben usar tesituras extremamente altas. Lo interesante es como Grisey logra pasar de una exploración sonora a otra, apenas se nota como lo hace y de repente nos encontramos ante un nuevo fenómeno. Muchas veces uno se halla ante una pregunta musical, sin respuesta. Y el final se pierde en las alturas, con armónicos altos. Música intrigante, intelectual.

Simon Holt (1958): Lilith, compuesto en 1990 para ocho instrumentos (arpa, violín, viola, violonchelo, contrabajo, flauta, clarinete/bajo y trompa). El arpa pellizca ante todo notas altas, secas, inquietantes, y todo el discurso es casi siempre agitado, o satírico, como esa burla del clarinete. Se buscan contrastes entre lo árido y lo dulce. Y el final es etéreo: una larga nota se sostiene hasta sonar casi imperceptiblemente en la lejanía. Como es posible tocar tan piano en un instrumento de viento metal es otra muestra de la gran calidad instrumental de estos músicos.

Los aplausos finales fueron largos y sinceros. Director y músicos los merecieron. Habíamos asistido a una demostración de gran calidad artística, y en semejantes condiciones la música contemporánea adquiere su perfil multifacético en condiciones ideales. ¡Bravi!


Este artículo fue publicado el 08/04/2010

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