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De la rigidez a la comprensión

Lyon, 26/05/2005. Théâtre de l’Opera. Jenufa (Brno, 21.01.1904), libreto, sobre la obra 'Su hija adoptiva' de Gabriela Preissová y música de Leos Janacek. Dirección escénica: Nikolaus Lehnhoff. Escenografía y vestuario: Tobias Hoheisel. Intépretes: Kathryn Harries (Kostelnicka), Orla Boylan (Jenufa), Stefan Margita (Laca), Valentin Prolat (Steva), Menai Davies (Buryja), Jonathan Veira (Stárek) y otros. Orquesta y coro de la Opera. Director: Lothar Koenigs
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Otro de los vértices del “Festival Janácek”, Jenufa se mostró fiel a sí misma. Como la gran obra que es. Gracias de nuevo al trabajo de todos y cada uno y en particular a la dirección de Koenigs, que se sigue revelando un 'janacekiano' de fuste (quizás se hubiera preferido en la introducción algo más de lirismo, pero si eso es lo que se tiene que observar sobre toda la obra, decirlo es por el puro gusto de anotar algo). Coro -esta vez en una labor de compromiso, perfectamente superada y muy bien actuada, en particular en el final, cuando se transforma de pueblo encantador en turba linchadora- y orquesta respondieron espléndidamente.

La puesta, siempre la del Festival de Glyndebourne (no sólo sensata elección por el nivel, sino porque supone una inteligente distribución del esfuerzo económico, Festival o no), fue retrabajada para el primer acto (supongo que por el motivo de que la escena de Lyon es considerable en su amplitud): la gran puerta que cierra la propiedad de la abuela es tan enorme como amenazante y su color rojo vivo (en el marco del negro total del interior de la sala) no presagia nada bueno. El interior de los actos siguientes es absolutamente claustrofóbico hasta que, cuando la verdad sale a luz, ésta hace su irrupción para quedarse hasta el final coloreándose del matiz de la difícil pero segura esperanza final. La obra transcurre cuando debe transcurrir y los vestidos lo indican, pero indican también la represión constante en que todos viven…

Fotografía,  © 2005 by Gérard Amsellem

Los personajes van mostrando con pequeños detalles su evolución positiva (‘Laca’, ‘Jenufa’) o negativa (‘Steva’), mientras los comprimarios se mantienen siempre iguales. Y la ‘Sacristana’…es la sacristana: de la mujer segura e imperiosa que llega a cometer asesinato a la mujer acosada que sólo se libera confesando en público el crimen y encuentra en el dolor y la humillación un impulso para ‘mejorar’. ‘Mejorar’…al revés pero en un sentido igual que ‘Laca’, que abandona rencores y envidias, y ‘Jenufa’, que se deshace de las apariencias para ver el fondo de las cosas.

Fotografía,  © 2005 by Gérard Amsellem

Boylan fue una excelente protagonista de poderosos medios vocales, directa y sencilla pero sana y fuerte. Harries es un ejemplo de veteranía: la voz no responde siempre, se ha ahuecado y destimbrado, pero la artista conoce bien el personaje y los resortes para hacerlo funcionar.

Fotografía,  © 2005 by Gérard Amsellem

Quien despierta admiración (y el público se lo demuestra al final de la representación) es Margita, que logra superar su insuperable ‘Laca’, porque ahora, además de la voz, el canto y la interpretación, hay una atención a la palabra que, sin comprender desgraciadamente la lengua, permite a un lego seguir esos pequeños momentos en que Janácek hace repetir una frase a sus personajes para revelar su psicología: la tirada inicial contra la abuela es un modelo único. ‘Laca’ es como es por eso, y aunque no quiera. Y lo sabe y no quiere. Quien en dos repeticiones, esmaltadísimas además, consigue hacer entender eso es un gran artista). Muy bueno - o sea desagradable como pocos, porque tampoco puede ser de otra forma- es el ‘Steva’ de Prolac.

Fotografía,  © 2005 by Gérard Amsellem

Y del resto, todos en su papel, hay que mencionar aún a Davies y Veira, en dos retratos acabados (a Janácek hay que verlo tanto como escucharlo). Aunque no vi la Kabanova por un problema de fechas, estoy seguro de que siguió por el mismo camino, como corresponde a estas obras maestras. No quiero repetirme más, porque aún me falta otro ‘Janácek’ desde París y no hay que aburrir demasiado al lector. Pero sí insisto en que, no importa cuantas Jenufas uno haya visto en su vida, ahí está siempre como un faro de comprensión, un alegato permanente contra la intolerancia y las ‘formas’ encorsetadas que lo único que hacen es aniquilar o dificultar inútilmente la vida de los seres humanos.

Fotografía,  © 2005 by Gérard Amsellem



Este artículo fue publicado el 03/06/2005

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