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Minucia y destreza

San José de Costa Rica, 17/03/2011. Teatro Nacional. Roberto Prosseda, piano (Steinway & Sons, Nueva York). Domenico Scarlatti, Sonata en si menor K 27, Sonata en re menor K 30, y Sonata en sol mayor K 427. Giuseppe Verdi, Romanza sin palabras y Vals en fa mayor. Gioacchino Rossini, Pecados de la vejez: Una caricia para mi mujer y Un viaje de placer en tren. Franz Liszt, Años de peregrinaje: Sposalizio, Canzonetta del Salvator Rosa, Soneto 104 de Petrarca y Después de una lectura de Dante, fantasía casi una sonata. Marvin Camacho, Sonata dal Inferno. Organizado por la Embajada de Italia en celebración del 150 aniversario de la unidad de Italia
imagen Para celebrar el sesquicentenario de la unidad política de lo que hoy es Italia y, a la vez, rendir homenaje a los emigrantes italianos y sus descendientes por sus aportes a Costa Rica, la embajada de Italia auspició un recital del distinguido pianista italiano Roberto Prosseda.

La primera parte del recital, llevado a cabo el viernes 17 en el Teatro Nacional (TN), comenzó con la interpretación nítida y contrastada de tres sonatas del gran compositor barroco Domenico Scarlatti (1685-1757) quien, con una prolífica producción de más de 500 breves sonatas binarias (en forma AB), cuenta entre los principales fundadores de la música italiana para teclado.

Con toque delicado, Prosseda comunicó el ligero aire melancólico y mantuvo preciso el pulso rítmico de la Sonata en si menor K 27; también moldeó con delicadeza la expresividad cantabile de la lenta Sonata en re menor K 30, antes de brindar una versión suelta y enérgica de la rauda Sonata en sol mayor K 427. (La letra K y la numeración corresponden al catálogo Kirkpatrick de las sonatas del compositor).

Siguieron las únicas dos piezas para piano escritas por Giuseppe Verdi (1813-1900): Romanza sin palabras y Vals en fa mayor; son piezas de salón, sin mayores pretensiones, ejecutadas con sencillez por el pianista.

Con poco más de 40 años cumplidos, Gioacchino Rossini (1792-1868) dejó de componer óperas y se retiró de la vida pública en el cenit de su fama, pero publicó algunas colecciones de piezas de salón y, en los últimos años de su vida, sacó a luz varias colecciones de bagatelas (en música, la palabra no tiene connotaciones peyorativas) que tituló Pecados de la vejez. Muchas de estas son humorísticas, como es el caso de Una caricia para mi mujer y Un viaje de placer en tren; en esta, Prossenda siguió las instrucciones del compositor y fue anunciando los incidentes del itinerario.

Obras de mayor importe musical y pianístico se oyeron después del intermedio. La segunda mitad del recital empezó y terminó con piezas del húngaro Franz Liszt (1811-1886), inspiradas en la pintura y la literatura italiana, que son parte de las colecciones tituladas Años de peregrinaje.

En Sposalizio (Esponsales), pieza sugerida por el cuadro de Rafael Los esponsales de la Virgen, Prosseda modeló con sensibilidad el aura sencilla y tranquila del inicio, que se complica poco a poco hasta llegar a un clímax poderoso, para luego volver a la quietud inicial.

La sencillez volvió en la Canzonetta del Salvator Rosa, evocación de las letrillas socarronas del pintor barroco, pero, acto continuo, con las exigencias técnicas en dinámica, digitación y sonoridad, y el imponente contenido emocional del Soneto 104 de Petrarca y de la selección final, Después de una lectura de Dante, fantasía casi una sonata, Prosseda dio muestras de dotes de virtuoso: escalas fulgurantes, arpegios límpidos, octavas precisas, sonido ora tenue o poderoso.

Entre estas dos últimas piezas de Liszt, el pianista intercaló el segundo movimiento de la Sonata dal Inferno, del costarricense Marvin Camacho (n. 1966), escrita en el 2006 y estrenada ese mismo año, que es la primera de tres sonatas -Infierno, Purgatorio, Paraíso- también inspiradas en La divina comedia de Dante.

Con un lenguaje armónico que explora disonancias y coloraciones, la pieza presentó dificultades técnicas y sonoras similares a las de las obras de Liszt, superadas con pericia por Prosseda, quien asimismo logró con primor los efectos de timbre de la figura rítmica arpegiada en el registro agudo que jalona la pieza.

Fuera de programa, Roberto Prosseda respondió a los aplausos del público numeroso con el Nocturno opus 9 n° 2, de Chopin, y la Barcarola veneciana, de Mendelssohn.


Este artículo fue publicado el 24/03/2011

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Esta crítica se publica por cortesía del diario 'La Nación' de Costa Rica

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