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Poéticos frutos de maduración tardía

Harrison Birtwistle: Cuartetos de cuerda. Arditti Quartet. Harry Vogt, productor ejecutivo. Christian Meurer, ingeniero de sonido. Un CD DDD de 59:36 minutos de duración grabado en el Studio Stolberger Strasse de Colonia (Alemania), los días 15 y 16 de abril, y 18 y 19 de mayo de 2010. æon AECD 1217. Distribuidor en España: Diverdi
imagen En la ya amplia discografía de Harrison Birtwistle (Accrington, 1934), uno de los compositores británicos más importantes de nuestro tiempo, se echaba en falta la presencia de un registro que abordara la breve pero heterogénea integral de sus cuartetos de cuerda, cuyo segundo (y hasta ahora último episodio) data de hace apenas un lustro. Nine Movements for String Quartet (1991-96) y String Quartet: The Tree of Strings (2007) conocen ahora la que, con seguridad, está llamada a convertirse en versión referencial de estas partituras: la del Arditti Quartet, que prosigue su fructífera asociación con el sello æon; colaboración que ya había deparado otras integrales no menos importantes (y magníficamente interpretadas), como la del también británico Jonathan Harvey (æon AECD 0975) o la del francés Pascal Dusapin (æon AECD 0983).

No es éste el primer registro del Arditti Quartet con obras de Harrison Birtwistle, pues los londinenses ya habían grabado en 2001 una fantástica versión del ciclo para voz, cuarteto y ensemble Pulse Shadows (1996), bajo la batuta de Reinbert de Leeuw (Teldec 3984-26867-2); ciclo que, como veremos, presenta una íntima relación con el primero de los cuartetos de cuerda hoy reseñados. Lo que ahora nos brindan los británicos son dos frutos de maduración realmente tardía, pues fue en torno a su sexagésimo cumpleaños cuando Birtwistle fue gestando su primer cuarteto de cuerda, sus 9 Movements for String Quartet. Con una duración, como el segundo cuarteto, de media hora, estos movimientos se relacionan, en opinión de John Fallas, con las Tres piezas para cuarteto de cuerda (1914) de Igor Stravinsky, habida cuenta la gran independencia que adquieren las voces que componen el cuarteto, su capacidad para superponer objetos musicales de forma obsesiva, casi como una sucesión de ostinatos en continua variación. En su desarrollo, Birtwistle va alternando movimientos que denomina ‘Fantasia’ y ‘Frieze’, marcados por un carácter distintivo: más impulsivos, gestuales y variados en materiales musicales, los primeros; más veloces, homogéneos y lineales, los segundos, ofreciendo una serie de combinaciones paradójicas que engarzan esta partitura con lo que James Dillon nos describía, en entrevista con Mundoclasico.com, como ‘mecanos’ a la hora de definir la construcción musical de Birtwistle.

En todo caso, elementos musicales de ambos universos se entrecruzan una y otra vez entre sí, ya sea a un nivel puramente formal o por sus referencias conceptuales y literarias. No debemos olvidar que la palabra intermediará estas piezas para cuarteto en la antes mencionada Pulse Shadows; y si bien el ciclo vocal concluye, en su decimoctava parte, con ‘Give the Word’, los movimientos para cuarteto, escuchados de forma autónoma, como aquí lo hacemos, desencadenan su furibunda floración instrumental en ‘Todesfuge - Frieze 4’, pieza íntimamente ligada con el poema de Paul Celan que le da nombre, una de las joyas mayores de la poesía del siglo XX y obra de una musicalidad obsesiva, descarnada y plenamente contemporánea, tal y como han entendido autores tan dispares como Peter Ruzicka, Thomas Buchholz o José María Sánchez-Verdú, por citar a algunos de los compositores que han creado partituras a partir de un poema que en Birtwistle se convierte en una sombra sonora, en un reflejo de una fuga, en un proceso musical en el que lo canónico, las formas clásicas de la fuga, se van diluyendo hacia la frontera del no-ser: música como trasunto de la muerte ...

String Quartet: The Tree of Strings (2007), segundo cuarteto de Harrison Birtwistle, no es tan heterogéneo en su conformación interna como sus 9 Movements, pero sí vuelve a presentar una fuerte relación con el mundo literario, en este caso con la obra del poeta escocés en lengua gaélica Sorley MacLean (1911-1996), oriundo de la isla de Raasay, lugar de residencia de Birtwistle, y escritor del que el compositor toma el título de su obra. En The Tree of Strings, Birtwistle busca establecer rutas con el pasado musical de la isla escocesa, con sus tradiciones reprimidas en el proceso de las Highland Clearances, reordenación territorial que alteró notablemente el entramado socioeconómico y el acervo cultural y musical de las islas del norte británico. Como el primer cuarteto, esta segunda incursión en el género trabaja de forma ciertamente mecánica a base de impulsos, de pulsaciones que van abriendo paisajes musicales, ya sea por la irrupción de una melodía, por súbitos procesos de expansión-contracción musical, por sucesión de acordes, etc.; todo ello en un marco de carácter desolado, circundado por un silencio oscuro, transido de amenazas latentes, de músicas que se precipitan al vacío ... Esa imagen de la ausencia la refuerza Birtwistle con toda una dramaturgia escénica que especifica para la interpretación de su partitura, en la que al cuarteto de cuerda lo rodean una serie de sillas vacías que evocan la ausencia, el desplazamiento, los lugares despojados de sus moradores primigenios, ahora voces en fuga ... También ese vacío cargado de violencia es lo que representa el largo silencio que finaliza la pieza en su ejecución en vivo, el desplazamiento de los músicos en escena -en línea con otras piezas del británico, como Ritual Fragment (1989-90)-.

Las interpretaciones, como ya se anticipaba al comienzo de esta reseña, son verdaderamente excepcionales y llamadas a convertirse en una referencia obligada para conocer la obra para cuarteto de Birtwistle en manos del conjunto que más estrechamente ha colaborado con el compositor de Accrington en las últimas décadas, sirviéndole de auténtico estímulo e inspiración musical. Nos encontramos aquí con un Arditti más sutil y refinado, más amable en sus ataques, más poético en su articulación; realmente amoldado al ambiente e inspiración de cada cuarteto, hasta con ecos folclóricos actualizados (¡quién lo iba a decir en el aguerrido cuarteto londinense!). El caso de los 9 Movements for String Quartet es paradigmático. Ello le permite rescatar más matices y dotar a la partitura de un sentido más poético que en su lectura dentro de Pulse Shadows para Teldec, dar un nuevo rostro a una misma partitura.

Las tomas sonoras son las habituales de la WDR, simplemente extraordinarias, marca de la casa de Harry Vogt, productor al que tanta buena música actual en disco debemos. El libreto de æon, a cargo de John Fallas, es parco pero sustancial a la hora de desvelar las referencias que inspiran a estas dos interesantes piezas para cuarteto. Quizás no estemos ante el Birtwistle más impactante y arrebatador: el de la volcánica Earth Dances (1985-86), el de la compleja y monumental The Mask of Orpheus (1973-83), pero sí ante dos sutiles perlas de su pensamiento más poético, dignas de conocer.

Este disco ha sido enviado para su recensión por Diverdi


Este artículo fue publicado el 02/07/2012

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Referencias:


Harrison Birtwistle


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