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En tiempos de crisis

Jerez, 12/02/2010. Teatro Villamarta. El Holandés Errante. Ópera en tres actos con libreto y música de Richard Wagner. Martin Otava, dirección escénica. Elenco: Adam Woznick (El Holandés), Ivaylo Guberov (Daland), Vera Pachová (Senta), Nikolai Vishniakov (Erik), Robert Remeselnik (Timonel). Coro y Orquesta de la Orquesta de la Ópera checa de Praga. Norbert Baxa, director musical. Temporada 2009-10
imagen 7 de Febrero: La Rioja. 9 de Febrero: Alicante. 12 de Febrero: Jerez. 14 de febrero: Vigo. Una compañía ‘errante’ para tiempos de crisis. Este podría haber sido también un buen titular para este artículo.

Así como el buque de Daland se aproximaba rápidamente a las costas en busca de refugio, así la orquesta, bajo la dirección de Norbert Baxa rápidamente surca los vericuetos y se nos mete hasta las entrañas.

Son visibles algunas de las lagunas compositivas de esta obra de ensayo para el autor del Anillo. El desarrollo motívico no había llegado a fraguar una línea homogénea ni consiguió el obsesivo ‘continuo musical’. Pero algo queda claro al margen de esos posibles recitativos orquestados y del desequilibrio dramático-musical de algunos momentos: La obra respira Wagner en muchos de esos momentos tan sublimes.

Expuesto esto, queda clara la importancia de un manejo inteligente de la línea temporal de la obra. Se debe tener conciencia de hacia dónde se dirige ésta, de minimizar los efectos secundarios de esos fragmentos de menor enjundia instrumental-armónica y para eso: ¡no se debe correr!.

Entendemos los estadios de esta crisis que a todos nos tiene subyugados ( incluidos los miembros de la orquesta y coros de la ópera de Praga así como a los gerentes y responsables de los distintos aforos y teatros españoles) pero una vez que los acordes irrumpen anunciando esa tormenta que nos vomita al Holandés a las playas de Noruega (y con él a toda la trama romántica que su devenir encierra); en ese momento, pienso, las prisas, los problemas extramusicales -si los hay- deben abandonarse al amor por este trabajo, por esa historia y por hacerla creíble.

Valoro el seguro buen hacer que tras el telón se encontraba esa noche. No cabe duda de que la lectura que hacían las cuerdas y los metales en algunos momentos del discurso musical era el correcto (menos correctas fueron las maderas). Pero en general el sabor de una lectura plana y con poca musicalidad quedó en el sentir de quien estas líneas escribe.

Por supuesto, creo que el trabajo hubiese tenido mejores frutos con un tour menos denso y más reposado para los intérpretes. Por todo ello: respeto el trabajo y las horas dedicadas al estudio de la obra, pero después hay que hacer ‘música’ y para ello tener las condiciones apropiadas.

Así, quizás el Teatro Villamarta ha entrado en el comercio de la adquisición de un producto práctico a buen precio -me imagino- que araña un poco el nivel al que nos tenía acostumbrados en otras producciones.

En lo tocante a aspectos más técnicos y musicales, la escenografía fue escueta y mínima. Los movimientos en escena, algunos no muy apropiados y una interpretación actoral muy modesta.

En cuanto a la calidad vocal, el conjunto del coro, correcto (mejor el timbre de los hombres que el de las mujeres, el cual era algo más metálico).

El papel del timonel de Robert Remeselnik no estuvo mal, bonito timbre. El Holandés, Adam Woznick, algo engolado y poco creíble.

El Daland de Ivaylo Guberov, con algunos apuros y un poco marmóreo en su actuación.

La Senta de Vera Pachová, correcta, aunque la idea de mantenerla en escena durante la obertura y parte de la primera escena del I acto restó fuerza a su personaje y llegó a cansar. Por lo demás correcta su actuación.

Nikolai Vishniakov en el papel de Erik lució un bonito timbre pero no tan bonita interpretación actoral.

Prisas y desasosiego que clausuraron una noche tan tormentosa como la que nos describe la obra. En esta ocasión el programa de mano no se vio tan completo como en otras ocasiones (eché de menos los artículos previos y el libreto) aunque presentaba unas notas por parte de Pablo Vayón bastante amenas e interesantes.

Qué curioso observar -tras finalizar la función- la rapidez con la que los encargados del atrezzo, así como los transportistas, introducían arpas y contrabajos (algunos sin su estuche) en un camión con matrícula polaca. Curioso digo, el silencio y la celeridad con la que lo hacían. A la mañana siguiente observé en internet: “14 de Febrero: El Holandes Errante en Vigo a cargo de la Orquesta y Coro de la Ópera Checa”

Me imagino: “¿Les dará tiempo a los marineros del Holandés a terminar su bocadillo antes de llegar al puerto gallego, o la crisis podrá con ellos?


Este artículo fue publicado el 25/02/2010

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