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Verdi: a las puertas del bicentenario

Milán, 06/06/2012. Teatro alla Scala. Luisa Miller (8 de diciembre de 1849, Teatro San Carlo de Nápoles). Libreto de Salvatore Cammarano sobre Kabale und Liebe de Schiller y música de G. Verdi. Puesta en escena: Mario Martone. Escenografía: Sergio Tremonti. Vestuario: Ursula Patzak. Luces: Pasquale Mari. Intérpretes: Elena Mosuc (Luisa), Marcelo Álvarez (Rodolfo), Leo Nucci (Miller), Vitaly Kovaliov (Walter), Daniela Barcellona (Federica), Kwangchul Youn (Wurm), Valeria Tornatore (Laura) y Jihan Shin (Campesino). Orquesta y coro (director: Bruno Casoni) del Teatro. Dirección: Gianandrea Noseda
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Faltan seis meses y 2013 nos traerá la marea de festejos del bicentenario del nacimiento de Wagner y Verdi. Llega en momento poco oportuno para homenajear a ambos. Wagner probablemente se desesperaría con el ‘minirring’ propuesto por su bisnietísima; Verdi, siempre más práctico, se encogería de hombros y buscaría averiguar la recaudación (seguramente se horrorizaría por los gastos de producción y de cachet, y no sé si por algunos precios). La Scala ha presentado una nueva versión de una obra que siempre ha tenido historia difícil en el coliseo milanés. Según muchos, esta ha sido la mejor o la que ha transcurrido con mayor fluidez y sin problemas de protestas (hubo un par, aisladas). Pero algo pasa si en este Teatro (y no sólo, ni sólo en Italia) es posible hacer un excelente Peter Grimes y luego presentar una versión como esta, que tal vez se pueda calificar de correcta o discreta, pero difícilmente más.

Primera decepción, Mario Martone. Es un gran director de teatro y de cine, pero en el género lírico suele oscilar. No hace nada malo (no podría ni queriendo), pero muchas veces se conforma con ‘ilustrar’ o ‘agilizar’: es lo que ha pasado aquí. Bellos decorados y vestidos, cambios de escena fáciles, simbolismos cantados (lecho blanco-lecho rojo), algún movimiento o presentación del coro interesante. Como trabajo sobre los personajes, cero. Cada uno hizo lo que quería, salvo, quizás, Barcellona, que fue la voz más fresca y el mejor canto, pero a la que se vistió y obligó a actuar de manera que conspiraron para hacer creíble su Federica. Mosuc es una muy buena cantante: que tenga el timbre y los registros central y grave de la protagonista es otra cosa. Bien los agudos, en particular los filados (los otros suenan muchas veces fijos y metálicos), precisas las agilidades, es una artista voluntariosa: no hizo nada mal, pero el rol la excede y no agrega nada a su currículo.

© 2012 by Brescia y Amisano. Teatro alla Scala

Marcelo Álvarez ha cantado su papel mejor antes. La voz sigue siendo bella y el cantante presenta mejor planta, pero en fraseo y actuación no ha mejorado y en cuanto a la voz … hay menos caudal, mayor esfuerzo en los agudos (no pudo cantar como corresponde ninguno de los tres finales de acto) y a partir de la segunda parte del dúo con Federica el esfuerzo se hizo presente.

Leo Nucci es probablemente (o seguramente) el mejor barítono italiano para la parte. Su técnica es sólida y su agudo notable, pero centro y grave señalan el paso inexorable del tiempo. Como actor siempre ha sido correcto dentro de líneas convencionales y nunca particularmente brillante, y, claro está, así sigue.

© 2012 by Brescia y Amisano. Teatro alla Scala

Kovaliov es una voz joven, brillante e incisiva, pero de no demasiado grave ni siempre entonada. Fue, además, de los más afectados por el volumen de la orquesta.

Mejor en ese sentido Youn, con timbre más opaco, pero más caudaloso y de auténtico bajo. Muy correcta Tornatore en su pequeño papel.

De coro y orquesta sólo pueden seguir cantándose loas, pero esta vez Noseda tuvo altibajos desde una obertura densa y opaca, con desequilibrios notables con el escenario, aunque fue afianzándose a medida que pasaban los actos. Los aplausos fueron generosos aunque no desbordantes.



Este artículo fue publicado el 20/06/2012

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